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El libro de la salsa: un testimonio cultural y un clásico de César Miguel Rondón

El libro de la salsa. Crónica de la música del Caribe urbano, de César Miguel Rondón, es un viejo conocido para los curiosos, melómanos y amantes del género musical caribeño por excelencia. El testimonio personal y afectivo que el periodista (y melómano) venezolano escribió a finales de los años setenta del siglo XX, ganó una nueva edición, esta vez con la editorial española Turner, actualizada por Rondón con una coda escrita especialmente para ella e incluye el prólogo de Leonardo Padura, 36 páginas de fotografías originales y un índice onomástico.

Este recuento musical, que pronto cumplirá cuarenta años, se ha convertido en un texto de culto y consulta, en una referencia central para todo amante de la salsa y del Caribe urbano. Esta reedición española reafirma su importancia y el hecho de que la salsa mantiene su espacio en el gusto de la gente y en, como dice el propio Rondón, “el diverso universo de la música caribeña”.

Así, seguimos leyendo El libro de la salsa porque continuamos cantando y bailando la “salsa brava”; porque, como señala Rondón, en esa euforia musical hay un magma profundo, algo esencial de una parte de lo Caribe. Este texto, además, tiene un valor documental, es un testimonio que es parte de esa gran historia cultural, de un género, de una época, de una región, de un modo de ser y vivir.

 

La historia de la música de la calle, del barrio

En El libro de la salsa los lectores podrán seguir el fascinante relato de cómo surgió el género de los barrios latinos de Nueva York, llenos de cubanos, puertorriqueños o venezolanos que buscaron un modo de cantarle a ese magma callejero, malandro y apasionado, mezclando y experimentando con el son, la charanga, el boogaloo y el jazz.

De modo que la crónica comienza allá en El Palladium, en Nueva York, en la década del cincuenta; aquellos días del Ben Ben Club, con la banda de Tito Puente, la de Tito Rodríguez y los Afrocubans de Machito, es decir, la época los grandes salones de baile.

A medida que la crónica avanza por las décadas va tejiendo un recuento de los principales instrumentos de las formaciones musicales, de las sonoridades, los músicos, los lugares y los protagonistas de un trozo de la historia de la música popular caribeña.

Allí está Cuba y su son como el germen de la salsa; allí están Puerto Rico, Venezuela y Nueva York como los lugares donde se enriqueció el género; allí se lee el cuento de cómo la música pasó de aquellos lujosos salones de baile a las calles y las esquinas de la ciudad, del barrio, hasta llenar estadios en San Juan, Caracas y Nueva York, entre otras ciudades, con aquel lujoso cartel que conocemos como Fania All Stars.

La salsa es parte de los géneros que “cantan lo urgente y lo verdadero, la poesía rápida, callejera y cotidiana que nos marca y es inevitable”

Rondón marca el año de 1966 como el del surgimiento de nuevas sonoridades. En esa década del sesenta Cuba entró en una suerte de paréntesis en relación con el desarrollo de la salsa por la llegada de la revolución cubana, esto, en cierto modo, estimuló la llegada o el surgimiento de la salsa. En esa década del sesenta Eddie Palmieri fue el pionero, el guía que marcó el rumbo definitivo en la música caribeña y que explotaría en la década del setenta de la mano de una larga lista de músicos, cantantes y arreglistas que ya son legendarios y que produjeron lo mejor de la salsa, un generoso capital cultural.

Al cerrar el libro, el lector comprenderá también que continuamos leyendo El libro de la salsa porque, y así lo escribe el mismo Rondón, la salsa es parte de los géneros que “cantan lo urgente y lo verdadero, la poesía rápida, callejera y cotidiana que nos marca y es inevitable”. Allí pues está la salsa, al lado del bolero, el tango o la bossa, cantándonos, diciendo todavía de las personas de una región, de su cotidiano.

 

Diajanida Hernández (@diajanida) es profesora de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV), editora y periodista cultural. Cursó la licenciatura en Letras y la maestría en Estudios Literarios en la UCV. Ha escrito para el diario El Nacional, el suplemento “Papel Literario”, el portal Prodavinci, y las revistas Quimera y Otra parte semanal.

 

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