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Las Estrellas de Paula Vázquez: “Quise decir duelo y escribí vuelo”

Las estrellas es la primera novela de la argentina Paula Vásquez publicada por la editorial española independiente Tránsito. El tema que atraviesa la obra, la muerte de la madre, el duelo de la autora y la escritura del duelo, tiene un amplio repertorio en la literatura. Sin embargo, leemos un discurso nuevo, una forma literaria que marca un decir distinto dentro de este espectro. Son apenas 160 páginas, una nouvelle cuya magistral economía literaria explora la narración autoficcional, la crónica, el diario y hasta la poesía.

Es la voz de Vásquez la que recorre los últimos momentos de su madre, enferma de cáncer. Retazos de experiencias de la autora que recortan el espacio ficcional de la escritura de duelo. Autoficción y dominio eficaz de las posibilidades de fuga de la propia literatura. De esta manera, la narradora actúa en varios planos: escribe el proceso de muerte de su madre, escribe el vínculo madre hija, escribe a la madre, escribe, finalmente, su tránsito hacia la escritura de su propia novela.

No hay punto fijo ni respuestas. La vida es así. A estos diversos planos de escritura le suceden diversos planos espaciales y temporales. Se tarta de un relato sobre la muerte de la madre y de un relato de viaje para escribir el duelo. La novela reafirma la idea de que contar es siempre escapar en busca de un sentido. Dice la protagonista: “¿Es posible contar una historia de amor mientras se escribe la vida, la enfermedad y la muerte de la madre? ¿El duelo puede producir el surgimiento de portales que hasta entonces estaban cerrados?”

La escritura como una herida, como una apertura en la carne que duele pero también como la curación que supone el propio acto de escribir.

“¿Es posible contar una historia de amor mientras se escribe la vida, la enfermedad y la muerte de la madre?”

La novela es también un portal, un diálogo permanente y múltiple con uno mismo y con el mundo. Portal de portales, Las Estrellas se abre paso hacia otras dimensiones artísticas. Leemos la soledad de la protagonista pero también leemos las compañías literarias y musicales de Paula Vázquez, la escritora. Desde George Oppen, en la apertura de la novela a Joe Brainard, George Perec, Giorgio Agamben, Joan Didion, la música de Bon Iver, la voz de Serrat y a través de él también la voz de Miguel Hernández. Estos nombres hacen que el libro sea una verdadera constelación artística. Las palabras que abrazan en el duelo, porque no necesitamos “tiempo sino profundidad”.

Me quedo con esta cita final: “Hay que olvidar la velocidad del mundo. Hay que sentir a la madre que se aloja en el corazón para siempre”.

 

Lorena Pacheco es licenciada en Letras de la Universidad Nacional del Comahue (Patagonia, Argentina) e investigadora sobre poéticas migrantes en el tránsito Latinoamérica y España.

 

 

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