La uruguaya, de Pedro Mairal, nos acerca a la vulnerabilidad masculina

La uruguaya, novela corta de Pedro Mairal nos presenta a Lucas Pereyra, un escritor de cuarenta y dos años que viaja a Montevideo desde Buenos Aires a buscar dieciocho mil de dólares de derechos de autor. Esa cantidad de dinero, al cambiarla en el mercado negro argentino, le permitirá cancelar deudas y cubrir sus gastos, y los de su familia, por los próximos nueve o diez meses, tiempo que dedicará a terminar los libros por los que está recibiendo el anticipo. Pero el escritor tiene una segunda intención, tan poderosa como la anterior. Este fue el argumento que ganó el Premio Tigre Juan de España 2017.

Portada edición española. Libros del Asteroide

Lucas es un hombre que atraviesa una severa crisis que se manifiesta de múltiples maneras. La paternidad se le hace una carga pesada, sospecha que su mujer lo engaña con alguien de su trabajo, su labor de escritor luce estancada o cuando menos está pasando por horas de poca inspiración, y tal vez como consecuencia de todo lo anterior, tal vez como búsqueda de una libertad que siente perdida, sufre (creo que es la palabra adecuada) una violenta obsesión erótica por Magalí Guerra Zavala, la uruguaya del título, una joven que conoció el año anterior en un viaje a Uruguay y con quien sostuvo una brevísima e inconclusa relación. En este viaje, que durará menos de veinticuatro horas, Lucas espera encontrarse con Guerra y consumar sus anhelos.

La insatisfacción de Lucas está arraigada en lo más profundo de su ser, no es una circunstancia por la que esté pasando su matrimonio. Es la idea misma del matrimonio, o de la pareja estable, lo que cuestiona: “Siempre me aterra esa cosa siamesa de las parejas: opinan lo mismo, comen lo mismo, se emborrachan a la par, como si compartieran el torrente sanguíneo… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así?” A Lucas no le gusta esa idea del amor, aunque es la que ha construido con su esposa; siente que necesita “un rincón privado”, algo así como la “habitación propia” que reclamaba Virginia Woolf a principios del siglo XX; sólo que el rincón de Lucas es más espacio mental que físico; requiere, en realidad, la necesaria soledad para crear, el rincón propio donde se es enteramente quien se es, sin necesidad de máscaras o fingimientos. En otras palabras, Lucas Pereyra padece una raigal crisis de identidad. Por cierto que el verdadero rostro de Lucas no es muy agradable: egoísta, débil, manipulador, es tal vez lo menos que se podría endilgar al protagonista de La uruguaya. En su defensa, se puede decir que es él mismo su principal acusador en el acto de brutal introspección que significa su relato.

Portada edición argentina. Emecé.

Lucas está derrotado como marido, como padre y como escritor, y se regodea en su derrota. Simplemente no sabe qué hacer con la vida que tiene, todo es demasiado complejo, piensa, toda esa vida le queda demasiado grande. Por eso la aventura con la uruguaya luce más la excusa de un hombre vulnerable que una verdadera aventura guiada por el amor, a pesar del innegable despertar erótico que significa Guerra en su vida y que Lucas narra en tono irreverentemente religioso: “Qué mujer más hermosa, qué demonio de fuego me brotó de adentro y se me trepó al instante en el árbol de la sangre …le di un beso, nos dimos un beso. Largo. Yo estaba muerto y por fin resucité. Estaba ciego y por fin veía de vuelta. Estaba anestesiado y se me prendieron los cinco sentidos otra vez y a máxima potencia.”

A pesar de que Lucas Pereyra reflexiona continuamente sobre lo que le sucede y su significado, sobre lo que ha vivido o espera vivir, sobre sus aspiraciones y sus derrotas, Pedro Mairal imprime a su muy buena novela un ritmo rápido, suelto, que no decae nunca, ayudado por la acertada construcción de los diálogos y un tono contenidamente paródico y humorístico. Humor que nace de las desgracias, pero humor al fin y al cabo.

 

Rubi Guerra es narrador, editor, periodista y promotor cultural. Es fundador de la sala de arte y ensayo Ocho y Medio y asesor de la Casa Ramos Sucre en Cumaná, Venezuela. Ha publicado casi una decena de libros, entre los que se encuentra La tarea del testigo (Premio Rufino Blanco Fombona, 2007), Las formas del amor y otros cuentos (Premio Salvador Garmendia, 2010), El discreto enemigo, que editó en 2016 Madera Fina.

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