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Crema Paraíso de Camilo Pino es una comedia sobre la arrogancia de ciertos escritores

Crema Paraíso trata, en esencia, sobre la relación entre un padre y un hijo. Pero lo más importante de la tercera novela de Camilo Pino es que uno es el célebre poeta venezolano Alfonso Dubuc y el otro, que se llama Emiliano, detesta los libros porque son la obsesión de su padre: “Como si una persona fuera buena nada más por leer. Era la único que le importaba. Los malditos libros. Y la bebida”. Al rededor de estos personajes ficticios, Pino crea una disparatada comedia en donde se burla del muy real y desmesurado ego de algunos escritores, al mismo tiempo que retrata dos momentos distintos de la cultura venezolana: el antes y el después del chavismo.

El argumento es sencillo: Emiliano Dubuc, que malvive en Miami desde hace años, recibe una invitación de un canal de televisión de Alemania para que comparezca con su padre en uno de sus programas de mayor audiencia y como le han ofrecido pagarle veinte mil euros a cada uno, se apresura a convencer a su “viejo” —así lo llama— para que lo acompañe. El poeta ya es anciano y se encuentra en plena organización de su mudanza a Barcelona, con sus hijas gemelas y su segunda esposa, María Eugenia —Emiliano es producto del primer matrimonio—, pero inmediatamente se convence de que esta invitación es una señal inequívoca de que este año le van a dar el Premio Nobel de Literatura; en medio de su delirio, sin embargo, comprende también que el viaje es una oportunidad para mejorar la relación con su hijo: “Con él estoy en deuda y ha llegado la oportunidad de saldarla”. Pero también es la oportunidad de volver a ver a la crítica literaria alemana llamada Beata, con quien tuvo una fugaz relación sentimental durante el viaje a Cuba que le inspiró su mejor poema “Instituto Postal Telegráfico” y con quien se carteó durante algunos meses, hasta que ella rompió la comunicación, sin razón aparente.

Pero la llegada a Alemania deja en evidencia que nada es como pensaban y que, en realidad, se les ha invitado a participar en un reality show en el que van a hacer el ridículo. Es en ese contexto la mesa está servida para el desastre que se materializa en la caída y la posterior resurrección del poeta… Su conversión de figura pública en otra mediática.

Divida en tres partes —“Emiliano”, “El poeta Dubuc” y “Mito fundacional de Crema Paraíso”—, la novela que presenta Pino después de Valle Zamuro (2011) y Madrágora (2016) es la primera en publicarse bajo el sello de Alianza Editorial. Es también la historia del delirio de quien se cree el único poeta de masas de su generación y esto lo convierte en la caricatura perfecta de muchos escritores de la vida real, muchos de ellos venezolanos.

“Como si una persona fuera buena nada más por leer. Era la único que le importaba. Los malditos libros. Y la bebida”

No es que Alfonso Dubuc no tenga méritos para ser considerado uno de los poetas más importantes de Venezuela. Ha merecido varios galardones en su país y nada menos que el premio Reina Sofía al conjunto de su obra poética. El problema es que ha sobredimensionado su propio valor como escritor hasta el delirio, el cual lo lleva a desmerecer la misma tradición literaria venezolana que lo convirtió en escritor. Tacha al narrador Oswaldo Trejo de “maricón”, por ejemplo, y a los poetas Rafael Cadenas, Chino Valera Mora y Caupolicán Ovalles, respectivamente de “bobo”, “borracho” y “revolucionario de salón” durante una conversación que sostiene con el embajador de Venezuela en Panamá, Capertone-Rivas, luego de que le expulsaran de Cuba por “actividades contrarrevolucionarias”: “Así pasamos el tiempo que me quedaba antes de ir al aeropuerto, vilipendiando a novelistas venezolanos”.

Sin embargo, el poeta Dubuc representa también dos momentos de la literatura venezolana o, más exactamente, de su poesía: por un lado, la del desarrollo de su vanguardia y la formación del canon nacional y, por el otro, la de su reconocimiento internacional, uno anterior al chavismo y otro, posterior. Porque no es casual que Pino hubiera seleccionado Alemania para ambientar la tercera y última parte de Crema Paraíso. Y las alusiones a la crisis venezolana son constantes. Incluso, el mismo Alfonso Dubuc señala cómo el chavismo dividió a la comunidad intelectual venezolana y terminó de erosionar las simpatías por Fidel Castro y la Revolución cubana que aún subsistían en los círculos artísticos de ese país a finales del siglo pasado. Así, el poeta arrogante y un poco quijotesco que a veces da risa y otras, vergüenza —o “pena ajena”, como se diría en Venezuela— encarna desde el ridículo la incómoda relación entre la política y la literatura, un tema que trasciende el caso puntual de Venezuela y lo convierte en universal.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora de la novela Malasangre (Anagrama, 2020), del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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