frank-5

Frankenstein Resuturado: Veintitantas formas de declararle amor a un monstruo

¿Cuál hubiera sido el periplo de la criatura creada por el doctor Frankenstein si hubiese vivido las veinte décadas que lo separan de la actualidad? Esa es la pregunta que a Fernando Marías y a otras 40 personas las llevó a recorrer el camino entre el año del nacimiento la obra clásica, 1818, y el presente. El objeto era medir la vigencia del mito, ahora que celebra dos centurias de publicado el libro escrito por Mary Shelley cuando apenas tenía 20 años de edad: Frankenstein o el moderno Prometeo.

El resultado es el volumen monumental que tiene por título Frankenstein resuturado y publica la editorial Alrevés. Allí se incluyen una moderna y actualizada traducción de la novela clásica, a cargo de Lorenzo Luengo, y 44 piezas originales cuyo motivo es la criatura. 21 de esos textos son literarios y responden a la pregunta que encabeza este texto; otros tantos son las ilustraciones que los acompañan y dos piezas musicales, una a cargo de Josete Ordóñez y la otra, “Europa”, un penetrante poema de Raquel Lanseros cantado por Rosa Masip, donde se descubre la década más reciente de vida del monstruo, 2007-2017.

 

 

Amar como un traductor.

(1948-1957) Ilustración de Juan Miguel Aguilera para el relato “Victoria” de Elia Barceló

La traducción de Lorenzo Luengo viene razonada en un estudio preliminar hecho por él mismo, tan profuso en detalles sobre la elaboración del libro que parece habérselo dictado la misma Mary Shelley. Fernando Marías lo compara con “una novela corta sobre la génesis y peripecia de la novela, sobre la pasión de crear”. Ese mismo gusto por el detalle se nota en las formas cuidadas de la prosa en el cuerpo de la novela. El traductor logra la actualización del clásico por su vocación “opuesta a lo retórico”, como la describe el compilador de la publicación, Marías. La única manera de lograr algo así es profesarle amor absoluto a la obra.

Luengo declara haberla acechado como “un acosador a la mujer que le apasiona”. No solo persiguió la obra en las tres versiones que la misma Mary Shelley publicó, sino en sus diversas traducciones al castellano, desde la primera que viera luz en Buenos Aires, en el año 1912. La ventaja de ser su amante más reciente es poder saber qué funciona y qué no en la relación establecida por quienes le antecedieron con Frankenstein. Dos aspectos rescata, entre muchos, de su relectura del clásico: que el desprecio del monstruo por su creador era más profundo de lo hasta ahora aceptado por las traducciones y que su cuerpo no está hecho de retazos de cadáveres, una particularidad explotada hasta la saciedad por las múltiples versiones fílmicas de la obra.

(1818-1827) Ilustración de Raquel lagartos para el cuento de Julio César Iglesias, “Al final del Paraíso”

El escrúpulo de quienes lo antecedieron a la hora de traducir cómo habla el monstruo es la razón por la que muchos lectores crean que este se sentía en minusvalía frente a su creador: “Al reproducir los encuentros con el doctor Frankenstein, la criatura lo trata de ‘usted’ e incluso de ‘vos’. A mí me chocó eso. En realidad, siente una autoridad moral sobre él; lo desprecia y llega a llamarle ‘gusano’. Esa autoridad solo casa bien con el tratamiento de tú”. Pero no esa la única idea falsa. Lo sentimos por la Paramount Pictures y por la Metro-Goldwyn-Mayer, pero en ninguna parte de la novela dice que el doctor se dedicara a cortar piezas de cadáveres y unirlas para crear una nueva vida. Luengo explica esta equivocación puede venir de la intención de Mary Shelley, en la tercera versión que publicó de su novela en el año 1831, de dar énfasis a asuntos que antes estaban solo sugeridos, como la creación de un nuevo ser humano. “En esa edición parece que para ella pesa la necesidad de que se la vea como autora, por encima incluso de la creencia que de que su esposo [el poeta Percy B. Shelley] había intervenido en la primera edición. Y todo lo que era poético y sugerido antes, en la tercera edición apela demasiado a la literalidad”, explica el traductor y aventura que ese puede ser el fundamento de la idea en el inconsciente colectivo de que el monstruo está hecho de trozos de muertos.

 

Narrar, versificar y dibujar.

Lo único que sí está “suturado” es la publicación propuesta por el equipo convocado por Marías. “Resuturan” a una criatura por década transcurrida desde que el final abierto de la edición de 1818 lo dejara escapar. Las primeras cinco décadas están representadas por textos de Julio César Iglesias, Yolanda Castaño, Juan Jacinto Muñoz Rangel, Valeria Correa Fiz y Eva Diaz Riobello, en conjunción con las ilustraciones de Raquel Lagartos, Sara Morante, Javier Olivares, Fernando Vicente y Mireia Pérez. Son los años transcurridos entre 1818 y 1867, en los cuales ascendió al trono inglés la Reina Victoria, murió el último monarca de Francia y se escribió El Manifiesto Comunista. Estos acontecimientos y otros de la época se reflejan sobre la faz del monstruo como la versión perversa de la historia.

Los años hasta 1917, casi al final de la Primera Guerra Mundial, los ocupan narraciones de Matías Candeira, Milagros Frías, Vanessa Montfort, Ricardo Ruiz Garzón y Elisa Victoria, ilustrados por Tyto Alba, Joaquín Pertierra Espectro, MBRichart, Pedro Rodríguez y Miriampersand. Todos ellos describen metáforas de la monstruosidad donde la criatura va de la abyección de la guerra al resplandor de la cinematografía de Geroges Méliès. La década siguiente cuenta con el cuento “La dimensión helada”, ilustrado por su propia autora. Con una ilustración de Raquel Aparicio, Patricia Esteban Erlés se ocupa del período interbélico en “La taza rota” y el relato “Es imposible que estemos escuchando un columpio en la buhardilla” de Juan Ramón Biedma, ilustrado Elena Odriozola, transita los confusos días de la guerra que enfrentó al mundo con los fascismos. Cuentos de Elia Barcelo, Clara Peñalver y Espido Freire, ilustrados por Juan Miguel Aguilera, Raúlo Cáceres y Raquel Alzate traen el monstruo hasta la actualidad después de llevarlo a la Guerra de Vietnam y hacerlo presenciar la llegada del hombre a la luna.

María Zaragoza, Ismael Martínez Biurrun, Miguel Ángel Hernández y los ilustradores Dídac Pla, Carlos Rodríguez Casado, Laila Arqueros y Santiago Sequeiros se encargan de caminar con la criatura los últimos 40 años, cuando el terrorismo se ha convertido en el primer asunto en todas las listas de organismos multilaterales y los refugiados en el principal problema social de Europa. El interesante ejercicio que propone Frankenstein resuturado consolida la vigencia de una obra clásica y la ofrece a los nuevos tiempos tratando de demostrar cómo aquel “moderno Prometeo” es también un hombre de nuestra época, el individuo siniestro donde la humanidad en todos los tiempos puede depositar sus frustraciones. Prueba de esto es la inquietante imagen de Santiago Sequeiros con que se cierra el libro, donde el monstruo carga a un niño en brazos y se le ve por entre las hebras metálicas de una cerca. Y así, al hombre creado por el desagradable doctor Frankenstein todavía le quedan muchas décadas para caminar sobre el mundo y reflejar las miserias de la humanidad.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

 

 

Tags:
0 shares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *