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Con Algo en la sangre, David J. Skal clava una estaca en el corazón de Stoker

¿Es Drácula una fábula marxista sobre el capitalismo depredador? ¿O una metáfora fáustica de las condenas morales a Oscar Wilde? ¿Es un ataque velado o la aceptación derrotada del darwinismo? ¿O quizá sea una revelación en clave gnóstica de la historia de Jack el Destripador? Estas preguntas y otras las formula David J. Skal en su libro Algo en la sangre, cuyo subtítulo es casi una declaración de intenciones: La biografía secreta de Bram Stoker, el hombre que escribió Drácula. El académico estadounidense es uno de los principales especialistas sobre el género gótico en la literatura y la cinematografía.

La versión traducida al castellano por Oscar Palmer Yánez y publicada por Es Pop Ediciones es una completa biografía de casi setecientas páginas que funciona también como el retrato de una época, al situar la vida de quien creó al conde vampiro en el contexto de las turbulentas postrimerías del Londres victoriano, aquejado por neblinas tóxicas, el hambre y la sífilis, así como por las noticias de terribles crímenes, entre los cuales estaban los perpetrados por el primer asesino en serie famoso de la historia, Jack el Destripador.

Si bien al lector le costará captarlo desde las primeras páginas, dos aciertos enriquecen el relato de la vida de Stoker (1845 – 1912)  y la convierten a Algo en la sangre en un libro diferente a las biografías anteriores, demasiado preocupadas con la relación entre el actor Henry Irving y el escritor: la consideración del entorno literario y cultural en el que se movió el autor de Drácula (1897) y la proyección histórica del mito que creó. El primer acierto lo construye Skal a partir de la consideración de ciertos aspectos de la vida de Oscar Wilde, con el objeto de proponerlo como eje (invisible) de la vida de Stoker. El segundo, desde un análisis concienzudo de la cultura pop gótica desde sus orígenes.

 

La proyección de… ¿Oscar?.

El autor de El retrato de Dorian Gray sirve de contrapeso a la formación intelectual del otro escritor: [fue] “una presencia constante en segundo plano durante la vida de Stoker hasta su caída en desgracia, seguida del exilio y la muerte”. En su libro, Skal se refiere a los dos hombres cortejando a la misma mujer Florence Balcombe, quien al final desposa a Stoker; al teatral de ambos, como productor, uno y como dramaturgo, el otro; también señala las similitudes entre Drácula y la única novela escrita por Wilde. “Aunque estaban destinados a ser rivales románticos en Dublín, exitosos hombres de teatro en Londres y autores de sendas obras maestras cuyos personajes principales conservan de manera sobrenatural la juventud destruyendo las vidas de victorianos inocentes, Stoker jamás plasmó de manera pública el nombre de Wilde sobre el papel; ni una sola vez en los treinta años que se conocieron”, escribe el autor de la biografía.

“El personaje público de Wilde era burlón, orondo, y afeminado; en resumen, el clásico chivo expiatorio para un patriarcado amenazado”

La continuación anota una reflexión que explica por qué Skal oda tanto peso a Wilde dentro de la vida de Stoker. “Era como si Oscar representase una parte de su vida y de su psique que Stoker simplemente escogió no reconocer ni validar; al menos, no para compartirla con le mundo”. Escritor, polemista y socialité, Wilde no solo fue un hombre famoso en su tiempo, por lo que puede servir de eje para entender las vidas de varios autores de habla inglesa, este irlandés fue un hito de la historia cultural de su tiempo debido a la infortunada decisión de condenarle a la cárcel por sus inclinaciones sexuales: “El personaje público de Wilde era burlón, orondo, y afeminado; en resumen, el clásico chivo expiatorio para un patriarcado amenazado”.

 

Sombra de colmillos.

A la biografía, Skal añade un oportuno análisis literario sobre la recepción crítica de Drácula y la repercusión de este vampiro en la cultura Occidental, sin negar que gran parte de su enorme proyección entre los siglos XIX y XXI se debe a versiones teatrales y cinematográficas de la novela que con frecuencia la mutilan, cuando no la cambian completamente. “La maldición fundamental de Drácula, tal como intuyó Stoker en sus notas de trabajo, era que el verdadero rostro del maestro de los vampiros nunca sería captado con fidelidad por pintores o fotógrafos (…) ni por, extendiendo su lógica onírica, productores y dramaturgos, guionistas y cineastas o

Bram Stoke Abraham Stoker (1845 – 1912) el escritor irlandés que produjo las obras de Henry Irving en el  Lyceum Theatre de Londres entre 1878 y 1905. Escribió Dracula en 1897 Foto: Hulton Archive (Getty Images)

compositores y coreógrafos”, escribe el biógrafo antes de añadir: “Stoker dudaba de que su misma novela fuera a ser recordada y en cierto modo fue clarividente: gran parte de la misma estaba condenada a ser olvidada, ignorada, alterada y/o mutilada, o a acabar inerte sobre el suelo de la sala de montaje”.

Y es que con Drácula ha pasado como con Frankenstein: han tenido tantas versiones teatrales y cinematográficas, en las que ha primado la taquilla sobre el argumento que el perfil literario original de cada monstruo, tan productos de su tiempo ambos, ha quedado para siempre deforme. Sin embargo, la solución es para un libro la misma que para el otro y es simple: volver a los textos tal como Bram Stoker y Mary Shelley los publicaron. Y he allí otro enorme valor de Algo en la sangre: una vez que el lector termina con esta biografía no puede aguantar las ganas de empezar con Drácula. Y ya que estará en esas, no le costará ningún sacrificio volver a El retrato de Dorian Gray.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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