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Ave Barrera entra por Puertas demasiado pequeñas

La novela de Ave Barrera nos acerca a la historia de José Federico Burgos, pintor especializado en réplicas del Renacimiento. Es un artista talentoso que en algún momento del pasado se ha visto involucrado en una falsificación y que sobrevive restaurando piezas ajenas y ejecutando copias, mientras sueña con dedicarse a su verdadera obra. Su vida deriva con rapidez de la pobreza hacia la miseria. En un momento de horas bajas (bajísimas, en realidad) acepta realizar otra falsificación: copiar La Morisca, una tabla del siglo XVI atribuida al pintor flamenco Mabuse. Horacio Romero, un millonario dedicado al comercio artístico, es quien le hace la proposición. Superadas sus dudas iniciales, Burgos acepta y se traslada a la casa de Romero. En una capilla que da a una gruta está la obra de casi tres metros de altura.

En este libro que mereció el Premio Iberoamericano de Primera Novela «Sergio Galindo» hay  una discusión sobre la obra artística y el papel que esta juega en nuestras vidas. En ese sentido, las visiones que sobre la pintura tienen Burgos y Horacio son opuestas. En el primero lo que destaca es la pintura como anhelo de trascendencia, mientras que en el segundo, a pesar de su conocimiento técnico, predomina el interés material. La madre y el padre de Horacio a su vez son víctimas de la pintura, del poder de la pintura sobre sus mentes.

“—Debo confesar que yo soy muy distinto a papá… Él era un sabio, capaz de renunciar a todo por el conocimiento. Yo solo soy un simple mercader, un traficante sin el menor escrúpulo para ponerle precio a las cosas. Esto que ves aquí —indicó el cúmulo de objetos encimados— es algo que yo jamás alcanzaré a comprender del todo, no podría. No tengo la habilidad para una búsqueda tan profunda. No, lo que yo quiero es mucho más simple.”

 

Arte y parte. El trasfondo de la novela parece estar en el descubrimiento de las verdaderas capacidades artísticas de José Federico Burgos. Su camino está señalado por algunas pruebas que debe superar y que significan un peligro para su identidad, su integridad y su vida, porque el descubrimiento de la verdadera vocación es un proceso arduo y doloroso que, en este caso concreto, se impone al artista desde afuera. Son violentas circunstancias externas las que obligan a Burgos a descubrir sus capacidades internas: “Horacio tenía razón, de no haber sido por aquellos días difusos del encierro seguiría pensando igual, seguirían pintando como hasta entonces o, lo más probable, dejaría de pintar. Ahora tenía todo muy claro: no podía hacer otra cosa… Podía ver el mundo a través de la mirada de la pintura, o más bien, necesitaba de esa mirada para darle sentido a la realidad.”

El descubrimiento de esas facultades, en última instancia, es lo que dará sentido a la vida desperdiciada de Burgos.

Hay algunos puntos oscuros en la trama que no desmerecen el trabajo de conjunto pero que vale la pena señalar. La fascinación que despierta La Morisca en Sócrates, padre de Horacio, nunca es explicada. Las señales apuntan a algún tipo de saber esotérico o mistérico, interpretación que se refuerza por el final de la novela, pero no están suficientemente desarrolladas. La Morisca parece la clave de un misterio, o ser ella misma un misterio (la madre de Horacio se refiere a la pintura como Ella, lo que le añade connotaciones malignas) que no termina de cristalizar. La aparición de una vidente o bruja funciona en este mismo sentido: una señal oculta que al final no parece significar nada más allá de su propia extrañeza.

Las escenas de Puertas demasiado pequeñas avanzan con fluidez, hay un uso certero y medido del lenguaje coloquial mexicano, los diálogos son creíbles; pero podría echarse en falta un mayor esplendor verbal y una estructura, una arquitectura novelesca, para decirlo en términos algo anticuados, menos convencional. Aún así, la primera novela de la mexicana Ave Barrera está muy bien escrita; anuncia a una autora que hay que tener en cuenta.

 

Rubi Guerra es narrador, editor, periodista y promotor cultural. Es fundador de la sala de arte y ensayo Ocho y Medio y asesor de la Casa Ramos Sucre en Cumaná, Venezuela. Ha publicado los libros La tarea del testigo (Premio Rufino Balno Fombona, 2007), Las formas del amor y otros cuentos (Premio Salvador Garmendia, 2010), El discreto enemigo, que editó en 2016 Madera Fina.

 

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