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Lord Byron: Diarios. Los mitos del poeta inglés derribados por él mismo

¿Y si Lord Byron no hubiera sido un libertino, sino solo un hombre arrastrado a las profundidades oscuras de la sensualidad por las mujeres?

Este es uno de los mitos descubiertos por la más reciente edición de los Diarios de Lord Byron, donde —entre otras cosas— manifiesta cómo la figura del poeta bisexual ha sido exagerada. Por ejemplo: su relación con Percy B. Shelley era menos carnal que de admiración por el hombre noble, criado con cuchara de plata. Y parece que tampoco sedujo a Claire Clermont, la hermanastra de Mary (Godwin) Shelley, sino que esta aprovechó el periplo por Europa de la pareja Shelley-Godwin para procurarse la compañía de Byron. ¿Y su gusto por la fama literaria? Mito: despreciaba a los “escritores de oficio” y consideraba única y verdadera a la fama militar. En ese sentido era un Romántico al uso: si no hubiera muerto en Grecia, se hubiera embarcado para Sudamérica donde se gestaban las guerras de independencia contra España.

Otro mito: Fue lord, pero no rico. Vivió hasta los 10 años en la pobreza. Sin embargo, siempre fue espléndido con el dinero aunque se rehusara a cobrar derechos de autor. “En el secreto de su correspondencia aparece el Byron generoso que nunca abandonaba a sus amigos mientras estos, por otro lado, hablaban pestes de él”, apunta Lorenzo Luengo, traductor de los diarios del poeta y autor de la extensa introducción del libro editado por Galaxia Gutenberg. La publicación está conformada por cuatro diarios y dos escritos confesionales “Mi diccionario” y “Pensamientos aislados”. El primero de los diarios incluidos en el libro, Byron comenzó a escribirlo en septiembre de 1813, en Londres, cuando tenía 25 años y lo mantuvo durante nueve meses. Los otros tres diarios también aluden al lugar donde fueron escritos: el diario “alpino” (17 al 29 de septiembre de 1816), el “de Rávena” (4 de enero a 27 de febrero de 1821) y el “de Cefalonia” (1823 a 1824). Corresponden a tres momentos fundamentales en su vida. El primero es el de las peripecias amorosas, incluida una relación con una hermanastra que apenas conoció en la niñez, Augusta Leigh, y por quien desarrolló una intensa afinidad. El segundo, de escasas semanas, recoge el célebre encuentro en Villa Diodati con la pareja Shelley. El de Rávena es un cuaderno de sus viajes por Italia y, el de Cefalonia ya intuye la muerte del poeta en Grecia, en abril de 1824. En todos habla de sus enredos amorosos, de su relación con la escritura pero, principalmente, muestra el valor de lo inconsciente “para mostrar en toda su verdad ‘las cosas existentes’”, como advierte Luengo.

Merece la pena citar un bonito pasaje en la introducción donde Luengo, quien también es narrador, se pregunta qué hubiera pasado si Byron hubiera vivido hasta los ochenta años y le hubiera dado tiempo de estrechar la mano de “un Rimbaud de dieciocho”. Hubiera terminado Don Juan y otros siete u ocho cantos de Childe Harold. Hubiera vivido en Grecia y luego en Sudamérica. Y en todos los casos hubiera sido el escritor a quien Goethe llamó en 1827 “la modernidad” —“no es ni antiguo ni moderno, sino la época misma”—, un mito más que un hombre: “Creo que no es necesario conocer la vida de Byron ni el mito de Orfeo para reconocer nuestra simpatía por los que dudan, por los que tropiezan, por quienes se lanzan a hermosas y arriesgadas aventuras a pesar de que los peligros que aguardan en ellas son más grandes que nuestra propia dimensión humana”.

Goethe: “Byron no es ni antiguo ni moderno, sino la época misma”

 

El gran valor del libro es que muestra a un Byron fuera de la lírica romántica de sus obras más conocidas, uno que sobrevive de manera más intensa es en su prosa íntima, en literatura de la confidencia: sus diarios, sí, pero además en sus cartas y unas memorias que terminaron incineradas en la chimenea de su editor en Albemarle, en el año 1824, por capricho de sus amigos.

Lord Byron: Diarios rompe con muchos mitos, pero su valor más importante es acercar al lector a la cotidianidad y a la inteligencia emocional del artista que prefigura la celebridad intelectual del siglo siguiente. “Aquí se ve a Byron en todo su esplendor: insolente, descarado, cínico. Pero también es un Byron franco, candoroso, a veces, incluso, inocente. Un Byron que se confiesa y se enrabieta consigo mismo y con los demás, también que se ríe se de su tiempo y que también colecciona anécdotas como ejemplos morales para el lector. Los diarios van del cinismo y el humor negro al candor y la confidencia”, explica Jordi Doce, poeta a cargo de la edición del volumen, quien considera a Byron “el primer artista pop de nuestro tiempo”.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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