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David Bowie: En un libro, el mito de un Héroe mundial

La muerte de David Bowie nada tuvo que ver con su vida. Se fue del mundo que vino a cambiar de una forma silenciosa: de cáncer, en su propia cama. Sin emabrgo, sus 69 años de vida merecían ser contados a través de una extensa biografía como la que escribe Lesley-Ann Jones en Héroe y traduce Alejandro Tobar Salazar. Abstemio desde hacía años, aunque aún miembro de Alcohólicos Anónimos, llegó a la muerte de la misma manera como vivió: desde la contradicción.
El libro sobre David Robert Jones (tal es su verdadero nombre) lo recuerda desde las declraciones de sus allegados sobre su figura como hombre extravagante y a la vez tierno, de talento puro y trabajador incansable. Una “contradicción con patas”, tal y como se refiere a él la autora, que cuenta cómo lo conoció, aunque no se considera de él, “con rigor, una amiga”.


El libro comienza recordando la enorme repercusión que tuvo su muerte y lo que motivó a la autora para escribir esta notable biografía, que no sólo es minuciosa e ingente en cuanto a datos personales, sino que está salpicada regularmente con declaraciones de personalidades que significaron mucho en la vida del artista. “La muerte de Bowie es nuestra propia muerte, en algunos sentidos. Marca la pérdida de nuestra juventud, de nuestro ayer, de nuestros sueños más ambiciosos”, concluye en el primer capítulo que hace las veces de prefacio. En efecto, su trayectoria musical y personal ha sido un referente para toda una generación que creció con canciones inolvidables como “Let´s dance” o la que sirve para nombre del libro: “Heroes”.
“David era nuestra epifanía. Las personas como él no existían en el mundo cuadriculado, rígido”, asegura Lesley-Ann Jones. Nacido en Londres el 8 de enero de 1947, fecha que coincide con el duodécimo cumpleaños de Elvis Presley, su infancia estuvo marcada por la austeridad económica y un entorno familiar poco acogedor. A su hermano Terry, que era hijo de su madre (quien quizá fue prostituta) con un hombre que no era su padre, lo internaron joven en un manicomio por esquizofrenia. Ese hecho fue fundamental en su vida, tanto porque siempre estuvo alerta sobre esa enfermedad como por la importancia que tendría el tema en canciones como “Jump They Say” o “Ashes to Ashes”.

“David era nuestra epifanía. Las personas como él no existían en el mundo cuadriculado, rígido”

En el colegio conoció a George Underwood, el amigo con el que comenzó en la música y que lo acompañaría el resto de su vida. Además de los inicios musicales que compartieron, contados con todo lujo de detalles, Underwood es cómplice de una de los mitos que siempre han perseguido a Bowie: la curiosidad de tener un ojo de cada color. Fue él quien, durante una discusión por una chica, le propinó un puñetazo tan fuerte a que, incluso con una operación nada pudo hacerse para que sus ojos volvieran a ser del mismo color. Sin embargo, la versión médica contradice a la leyenda y el golpe no tenía nada que ver con la anomalía.
Underwood no vacila a la hora de señalar los defectos de sua amigo, tachándolo de ser alguien a quien parecía importarle poco por dónde tuviera que pisar, si el resultado final era alcanzar el éxito. Lo mismo dice su primera novia, Dana Gillespie, afectada por la poligamia del músico que le llevó a acostarse con personas de ambos sexos.
Jones se detiene a desarrollar las curiosidades del artista. Por ejemplo, su alias, Bowie, procede del nombre del cuchillo que llevaba un héroe popular norteamericano que había participado en la Revolución de Texas. Su atracción por la cultura yanqui daría sus frutos poco tiempo después. La aparición de Tony Visconti, su eterno productor, le colocó en la palestra de las principales estrellas del rock. Era un británico rodeado de americanos, pero no se iba a amedrentar. A mediados de la década de los años setenta abre las puertas del Olimpo del rock con la misma firmeza con la que se las cerraron años antes. En su concierto en The Hammersmith Odeon Bowie pensó que había “llegado todo lo lejos que he podido”. Pero no fue su último concierto, lamentablemente, comenzó para él la digestión del éxito: drogas, depresión e infierno.


Entre los ochenta y los noventa, dos mujeres se proyectaron encima de las demás. Una fue Coco, la recadera que se convirtió en la asistenta personal y la sombra del artista. La otra Iman, la supermodelo retirada que se quedó hasta le final. El equilibrio de aquellos dos puntos de apoyo sirvió para que Bowie siguiera siendo un monstruo creativo y, además, pudiera compaginar su profesión con una vida plácida y feliz.
Pero el personaje de la estrella del rock que había creado no podía vivir así y se retiró de los escenarios. Su muerte no deja incógnitas como la de otros iconos del rock, pero sí arrastra los mitos sobre su vida, como el del plagio de determinadas obras, que él se tomaba con humor: “un ladrón con muy buen gusto”. Héroe de Lesley-Ann Jones, apoyado en declaraciones que lo convierten en un testimonio vital muy fundado, es necesario, aunque la última parte tiene menos interés, con un capítulo dedicado casi al completo al recuerdo de una sesión de fotos. El libro decae al mismo tiempo que decae la carrera del artista. Una estrella del rock no puede permitirse esos lujos.

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares.

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