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Remedios Zafra ensaya la precariedad detrás de El entusiasmo

El ensayo ganador del Premio Anagrama 2017 es una creativa propuesta de Remedios Zafra que ilustra cómo la actual sociedad en red afecta el desarrollo profesional de los trabajadores del sector cultural en España, aunque sus postulados trascienden las fronteras geográficas, precisamente porque se refieren a la volatilidad del mundo digital. Tomando como antecedentes las investigaciones publicadas en sus dos libros anteriores, Ojos y capital (2015) y (H)adas. Mujeres que crean, programan, prosumen, teclean (2013), El entusiasmo: Precariedad y trabajo creativo en la era digital refiere cómo lo que la autora llama “entusiasmo” es una condición del trabajador cultural hiperconectado de estos tiempos que termina institucionalizándose dentro del sistema que vertebra el mundo neoliberal en redes sociales que habitamos. El resultado de este proceso es la vulnerabilidad del individuo y la precariedad de su situación laboral, sustentado en un frágil prestigio —la etérea celebridad de las redes sociales— que no le aporta beneficio económico y, por ende, no le da verdadera libertad para dedicarse a lo que verdaderamente quiere hacer con su vida: crear.

“El entusiasmo sostiene el aparato productivo, el plazo de entrega y tantas noches sin dormir, los procesos de evaluación permanentes, una vida competitiva, el agotamiento travestido, convirtiéndose en motor para la cultura y la precariedad de muchos que buscan vivir de la investigación y la creatividad en trabajos culturales o académicos”, escribe en el primer capítulo del libro, identificado con el revelador título “Pobreza y entusiasmo: Cuando el trabajo no vale dinero”.

 

La pobreza y la mujer: redes del “entusiasmo”.

La académica cordobesa nacida en 1973 toma de su experiencia personal y de la lectura de una extensa bibliografía que va desde Theodor Adorno y Lucile Irigaray hasta Jorge Luis Borges y Joan Fontcuberta para establecer conclusiones sobre la condición laboral y social de quienes apuestan por el trabajo cultural, bien sea este creativo –en las áreas de la literatura, la cinematografía, la plástica o la música, entre otras— o académico —en facultades como la de Literatura, Historia o Filosofía, por ejemplo—. En este contexto, los pobres y las mujeres aparecen como las personas más vulnerables y, paradójicamente, de ellos se espera que “hagan las cosas con más entusiasmo, que les desmovilice el deseo de no sucumbir a la expectativa puesta sobre ellos y deban demostrarlo con un plus de motivación”.

“La deriva académica hacia el mercado y la comercialización del valor y el prestigio tienen también mucho que ver con la digitalización del mundo y con la conversión de las cosas en datos. La vida en las pantallas cambia las formas de construir verdad y valor desde los datos y desde la saturación que estos provocan”

Para ejemplificar cómo operan las expectativas propias de los trabajadores creativos y académicos así como las expectativas del mercado en sujetos femeninos o empobrecidos, la autora construye un personaje que llevará las reflexiones en el ensayo como si fuera la protagonista de una novela, narrando las situaciones reales que Zafra analiza. También el nombre que le ha puesto a su protagonista es revelador. La llama “Sibila”, como a las profetizas del mundo grecorromano. Lo de “futuro” es, por supuesto, una ironía. En su perfil establece la doble precariedad de las trabajadoras mujeres y pobres. “Sibila es una entusiasta y trabajadora. Su nombre es Cristina, María, Ana (…) Incluso cuando es Jordi o Manuel, siempre está feminizada”, cuenta la también autora de Un cuarto propio conectado (2010).

Además de la profundidad con que aborda cada proposición, el mayor valor de El entusiasmo es poner juntas una serie de hipótesis que se han tomado en cuenta aisladas revelando conexiones que pasan desapercibidas a simple vista. Un ejemplo es la relación entre el mito del “genio solitario”, que los geeks han actualizado para la cultura digital, y la supuesta horizontalidad en a web. Las historias de éxito de hombres que comenzaron en los garajes de sus casa hoy multimillonarias empresas tecnológicas invisibiliza el trabajo (mal pagado) de miles de mujeres que se encargan de la mediación y la comunicación en esas mismas compañías “donde la tecnología es usada para atender y escuchar problemas (infinito ejército mundial de precarias teleoperadoras, en algún momento entusiastas)”. A esta valiosa capacidad “desmitificadora” —para usar un término de Roland Barthes— se le suma el estilo del ensayo. La libertad de formas con que Zafra se mueve entre los temas está diseñada para el lector “navegue” por el libro sin complicaciones a pesar de la complejidad de la reflexiones que maneja.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

 

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