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Ciudadanos de un país llamado Cadenas

Fue Manuel Rico quien se refirió al escritor venezolano como un lugar, que no es precisamente esa nación golpeada de su nacimiento a la que Rafael Cadenas ha dejado de llamar “patria”. “Entenderán por qué ya no uso esa palabra”, dijo, casi haciendo un guiño, el creador de “Derrota”, el poema de 1963 que ha venido a convertirse en un símbolo del estoicismo de sus compatriotas frente a la decadencia social y moral del una vez boyante país petrolero. La ocasión era un homenaje al autor nacido en Barquisimeto en 1930 que está en España para recibir el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca.

Además de Rico, en el evento participaron Jordi Doce, Álvaro Valverde y Antonio López Ortega. Marina Gasparini Lagrange fungió de presentadora. Al final de la jornada, Cadenas dio un recital donde leyó de su más reciente poemario, En torno a Basho y otros asuntos (Pretextos, 2016).

“Predicaba en el fondo morir antes de la hora fijada por el hado, acaso para ser más viviente”, escribe en “A un querido emperador”, uno de los poemas contenidos en este libro, en el cual, al decir de Jordi Doce, Cadenas trasciende la posibilidad de hacer de la poesía una herramienta de cambio social.

Maestro, le dicen. “El poeta moderno habla desde la inseguridad”, dijo Doce al principio de su intervención. Se refería al “musitar en el que Cadenas cifra su escritura”. Lo mismo le dijo el poeta homenajeado a Antonio López Ortega en una entrevista imaginada, un diálogo desde sus breves intervenciones públicas. “[El poeta] no tiene más asidero que la vida”, dice el hombre para quien “los días del humanismo están contados”.
El venezolano llamado por sus compatriotas el “poeta del silencio” ha construido toda su obra desde la incertidumbre y la perplejidad y es justamente por esa razón que en la última década ha sido sujeto de varios homenajes fuera de Venezuela. Ya había hecho canon en la literatura de su país, pero ahora abre los caminos líricos fuera de sus fronteras.

Álvaro Valverde propuso llamarle “maestro” porque ese es el título de “mérito relevante alguien con maestría”, la deferencia que se le hace a un artista fundamental. A un hombre de letras íntegro. A Cadenas no le gustan esas cosas, así que cabeceaba desde su asiento en la primera fila de la sala Gabriela Mistral, ubicada en la Casa de América, donde sucedía el homenaje. “El poeta no es una persona real”, dijo Valverde: “sino una figura del lenguaje”. (Y esto sí que le gustó a Cadenas). Se refería Valverde al hombre hecho por el oficio, a la manera tácita en la que Cadenas construye para sus lectores el lugar donde puedan establecer el punto ciego para mirar sus vidas.

Manuel Rico cerró el homenaje haciendo un corto recorrido por la obra de Cadenas como un camino pausado, pero sin descanso, hasta el asentamiento en una “escritura austera”. Es esa manera de habitar la sencillez que el poeta nacido en Madrid toma en cuenta como una prueba de civilidad, un necesidad para los tiempos que corren. La gran lección de la poesía del quien en su texto más célebre declara: “perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo”.

Michelle Roche Rodríguez

@michiroche

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