Alejandro Zambra (principal)

Poeta chileno de Alejandro Zambra: Paternidad y literatura al sur de América

“Nuestra obligación primogénita de escritores es entregar a los extraños el paisaje nativo”, escribió Lucila Godoy Alcayaga, en 1929. Unos años después, un tal Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto describiría a su patria, Chile, como “un largo pétalo de mar y vino y nieve”. Ambos personajes habrían de recibir el Premio Nobel de literatura. Ambos fueron rebautizados —por sí mismos— con otros nombres: Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Ambos fueron poetas chilenos.

La convicción de la poesía como único modo de vida para algunos —quizá demasiados— jóvenes chilenos, es el leitmotiv de Poeta Chileno de Alejandro Zambra. Se trata de una novela rica, abundante, de amplios matices y delicados rasgos. Gonzalo Rojas (homónimo, sí, de otro poeta chileno, por cuya causa decidió cambiar su nombre) es un adolescente aficionado a la poesía que sostiene una relación con Carla, una joven tan hermosa como emocionalmente distante. La sensiblería de Gonzalo desbarata un noviazgo ya mancillado por un sexo iniciático y torpe que muestra una verdad universal: sería mejor quedarse flotando en la expectativa del amor en vez de estropearlo con la realidad.

Años después, un encuentro fortuito sirve como la piedra sobre la que Carla y Gonzalo erigirán una familia que incluye a Vicente, el hijo que Carla tuvo con un hombre tan ausente como mediocre. Durante varios años, los tres crean una felicidad en calma, de esas que parecen seguras e inextinguibles hasta que caducan. A partir de esta «familiastra», Zambra explora las relaciones entre padres que no engendraron, hijos que no lo son y poetas que no saben cuándo se empieza a serlo. Esta ágil, divertida y conmovedora novela emplea dos conceptos, alternándolos como espejos sobre los que se muestra la realidad de unos personajes que parecen no encontrar su sitio: el poeta y el padrastro.

 

De poetas, padres y padrastros.

“Mira hacia la sección de poesía, pero el lomo blanco y delgado de su libro resulta indistinguible entre la multitud de libros en su mayoría también blancos y delgados”, escribe Zambra. ¿Cuándo es que uno puede considerarse poeta? ¿Cómo es que se alcanza esa insignia?, ¿Al escribir unos versos que no se mostrarán a nadie? ¿Al dedicarlos a quien los inspira? ¿Se es poeta cuando se le publica a uno un libro? ¿Y qué pasa si nadie lo lee? ¿Se deja de ser poeta entonces? Suponiendo, sin conceder, que uno llega a ser poeta, ¿cómo puede diferenciarse entre la serie de libros idénticos, todos delgados y blancos; eslabones siameses de una cadena de palabras que no hilvanan más de dos o tres páginas? ¿Cómo destacar, cómo definirse dentro de la argamasa de poetas chilenos?

“Mira hacia la sección de poesía, pero el lomo blanco y delgado de su libro resulta indistinguible entre la multitud de libros en su mayoría también blancos y delgados”

La desazón sobre la identidad del poeta acompaña a Gonzalo y, años después, también a Vicente que quizá por influencia tácita del padrastro (o por ser también chileno) aspira a convertirse en poeta. Esto conduce al problema de ser padrastro. Existen dos momentos que definen la paternidad: cuando aparecen dos líneas en una prueba de farmacia y en el alumbramiento, cuando la criatura, húmeda e indefensa, se aferra al dedo que debería sostenerle siempre. ¿Pero cuándo nace el padrastro? ¿Su encargo es perenne o se suspende cuando el hijo visita a —ese sí— su padre durante unas horas los fines de semana? La palabra es “padrastro” pero ¿no debería limitarse a “pareja”, “esposo”, “novio” o “pololo”, toda vez que, cuando uno de estos términos caduca, también desaparece todo vínculo entre padrastro e hijastro?

“Gonzalo le dio un beso en la mejilla derecha, que fue uno de los pocos besos en la mejilla que hubo entre ellos en los años que vivieron juntos, porque los padres besan las mejillas de sus hijos varones todo el tiempo, pero los padrastros solo lo hacen para los cumpleaños o para el Año Nuevo”, piensa el personaje en Poeta chileno. Zambra conduce en la novela una profunda exploración sobre el ser humano y su instinto gregario; sobre la importancia de pertenecer a una comunidad, sea ésta la de los poetas, la de los hombres o la de los padres e hijos. Poeta chileno es un libro que se lee entre risas y en cuyas páginas uno puede reconocerse o reconocer a otros cercanos.

“Gonzalo le dio un beso en la mejilla derecha, que fue uno de los pocos besos en la mejilla que hubo entre ellos en los años que vivieron juntos, porque los padres besan las mejillas de sus hijos varones todo el tiempo, pero los padrastros solo lo hacen para los cumpleaños o para el Año Nuevo”

Zambra, además, diseñó una novela en donde hay que hacer algunas pausas, pues muchas de sus páginas son pequeños ensayos sobre la literatura en general y la poesía en particular. Nicanor Parra, Emily Dickinson, Wislawa Szymborska, Raymond Carver, Clarice Lispector, Ezra Pound, Silvia Molloy, Viktor Shklovsky, Elvira Hernández, Gonzalo Millán y Roberto Bolaño, entre muchos otros, aportan a la construcción de este laberinto lírico, en donde los libros son el hilo y Ariadna, la poesía. “Gonzalo hablaba una lengua que constaba exclusivamente de frases finales, una lengua que hacía daño, una lengua oscura y deletérea, mientras que Vicente hablaba una lengua incorrupta, de palabras vacilantes y vivas, de frases tentativas que empezaban y continuaban indefinidamente”, escribe Zambra comparando a padrastro e hijo al mismo tiempo que al poeta formado con el que está en ciernes.

La comunidad que esboza Zambra recibe a quienes leemos y a quienes aspiramos a ser leídos. Explora la vida cotidiana de quien escribe, ese grupo de gente que —en el 99% de los casos— no puede darse el lujo de solo ser poeta o escritor. Creando un refugio ante la soledad de una página vacía, Zambra recuerda que, pese a todos los obstáculos, existe un espacio para nosotros: un mundo de palabras, en el que podemos estar solos, todos juntos.

 

Alejandra Alegría es mexicana y defensora de derechos humanos, particularmente de los de las mujeres, niñas, niños y adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad. Internacionalista de formación, con estudios de Maestría en Derechos Humanos. Si bien ha escrito mucho, recién comienza a firmar.

 

La fotografía de Alejandro Zambra que encabeza este artículo es de Cristián Ortega Puppo.

 

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  1. Anabelle Aranda
    13 junio, 2020

    Muy interesante libro. No conozco al autor pero la presentación despertó mi interés. Siempre he pensado que debe ser complicada la sobrevivencia de un poeta sobre todo en estos tiempos. Y esa relación familiar también me intrigó, eespecialmente si está vista desde el punto de vista del padrastro, siendo un hombre decente que quisiera ser algo más para ese hijastro. Gracias Alejandra. Voy a buscar el libro.

    1. Colofón Revista Literaria
      15 junio, 2020

      Anabelle:

      Nos alegra mucho tu comentario sobre Alejandro Zambra. Es un escritor maravilloso. Aquí te dejamos una reseña de otro libro suyo que salió hace unos años pero que también es muy bueno, se llama «Facsímil»:
      http://www.colofonrevistaliteraria.com/facsimil-alejandro-zambra-asunto-etica/

      Nos encantaría que formaras parte de nuestra comunidad de lectores asiduos: ¿Nos das permiso par que te agreguemos a nuestra Newsletter?

      Saludos cordiales,
      Colofón Revista Cultural

    2. Alejandra Alegría
      16 junio, 2020

      Muchas gracias, Anabel. En efecto, Zambra es un escritor magnífico. Gracias por tu comentario.

  2. Sandra Garza
    14 junio, 2020

    Excelente publicación !!!!!

    1. Colofón Revista Literaria
      15 junio, 2020

      ¡Gracias, Sandra! ¿Te gustaría que te añadiéramos nuestra Newsletter para que leas más de nuestras entradas? Escribimos cada dos semanas y no hacemos «spam».

      Colofón Revista Literaria

    2. Alejandra Alegría
      16 junio, 2020

      ¡Muchas gracias!

  3. Naachiely Romero
    14 junio, 2020

    Me pareció una reseña extraordinaria, que por supuesto invita a leer el libro, ya que aun sin haberlo leído aún ya siento haberme reconocido en sus páginas. Muchas gracias Alejandra Alegría.

    1. Colofón Revista Literaria
      15 junio, 2020

      Naachiely:
      ¡Gracias por tu mensaje! Sí, las reseñas de Alejandra Alegría nos ponen siempre contentos: son muy buenas. ¿Te gustaría que te añadiéramos nuestra Newsletter para que leas más reseñas?
      Saludos y que tengas muchas buenas lecturas,
      Colofón Revista Literaria

    2. Alejandra Alegría
      16 junio, 2020

      Muchísimas gracias por tu comentario. Es muy valioso y nos impulsa a seguir.

  4. 15 junio, 2020

    Me gusta la poesía, pero no tanto como las novelas, aveces no les encuentro un sentido, pero es una opinion personal.

    1. Colofón Revista Literaria
      15 junio, 2020

      ¡Muchas gracias por tu mensaje! Como disfrutas la narrativa, ¿te gustaría que te añadiéramos nuestra Newsletter? Recomendamos muchas novelas, te llegaría con una periodicidad máxima de cada dos semanas. Si nos das permiso, nosotros mismos te damos de alta.
      Saludos y que tengas muchas buenas lecturas,
      Colofón Revista Literaria

    2. Alejandra Alegría
      17 junio, 2020

      Gracias por tu mensaje. Te invitamos a leer el libro, que hace una intersección maravillosa entre narrativa y poesía. Saludos.

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