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Territorio de luz: El derecho a la imperfección de Yuko Tsushima

Territorio de luz es una breve novela sobre una mujer que, recién separada de su marido, se muda a un pequeño apartamento de la ciudad de Tokio junto a su hija de dos años. Escrito por la autora Yuko Tsushima, en 1978 el libro recibió el Premio Noma, un prestigioso galardón de literatura japonesa. Ahora, más de 40 años después, la editorial Impedimenta, con Tana Oshima encargada de la traducción, se ha ocupado de rescatarla y publicarla por primera vez en castellano.

La novela se divide en doce capítulos cortos, más o menos independientes unos de otros. Esto es así porque Tsushima fue publicando el texto a lo largo de todo un año en una revista mensual japonesa: doce meses para doce capítulos. Doce meses que es precisamente el tiempo que pasan la protagonista y su hija en el recién alquilado apartamento de Tokio antes de mudarse a otro, dejando atrás un corto pero intenso periodo de vida para ambas.

En realidad, “Yuko Tsushima” es un seudónimo. El nombre real de esta autora que falleció en 2016 en Tokio es Suko Tsushima (Tokio, 1947-2016). Suko (o Yuko) fue hija de Osamu Dazai (Kanagi, 1909- Tamagawa, 1948), uno de los novelistas emblemáticos del Japón del siglo XX. La biografía de Dazai encaja con el trágico cliché del autor japonés maldito y atormentado: su vida disoluta y rebelde terminó siendo él aún joven, cuando se suicidó arrojándose al río Tama atado a su amante. Este suceso influyó en la literatura de Tsushima, que apenas tenía un año cuando su padre murió. Sin embargo, Territorio de luz es interesante por muchos otros aspectos que a continuación discutiremos.

 

Tokio, años 70

Leyendo la novela uno comprende que no debía ser sencillo para una mujer divorciada vivir en el Japón de los años 70, como si la separación no fuese un gran error, como si el fracaso en el matrimonio no fuera una sentencia de infelicidad y aislamiento perpetuos, sin capacidad de solución. “Ahora no hay día en que no me arrepienta. Desde que me divorcié, todo me fue de mal en peor. No volví a encontrar a nadie como él. Y, por mucho que me arrepienta ahora, ya no puedo recuperarlo. Ahora sufro las consecuencias, y por eso no puedo dejar de advertirla. No se separe”, le sermonea una mujer a la protagonista del libro, cuyo nombre desconocemos. El divorcio no es el paso correcto, parece decirle a la protagonista todo el mundo a su alrededor. Es, de hecho, una equivocación fatal.

Esa forma de salirse de la línea preestablecida, del sendero marcado por la estricta sociedad japonesa, acarrea en la protagonista multitud de dudas y contradicciones. La mujer construida por Tsushima en Territorio de luz no es ni decidida y ni perspicaz en sus acciones, sino que más bien vacila y rectifica constantemente: ¿será la separación el camino correcto?, ¿podrá ella sola hacerse cargo de sí misma y de su hija?, se pregunta una y otra vez, durante la primera mitad del libro.

Las ideas de la protagonista sobre cómo actuar se contradicen a menudo con las decisiones y acciones que posteriormente va realizando. Observar la vida de esta mujer absolutamente común durante hechos también absolutamente comunes funciona para el lector como un espejo en donde identificarse: los pensamientos, sueños, decisiones y actos están repletos de ambigüedades y claroscuros. La imperfección de la protagonista es lo que la hace especialmente atrayente.

 

La maternidad, un estado ambivalente

El personaje mantiene, además, una compleja relación con su hija, siendo este otro de los aspectos interesantes de Territorio de luz. “Yo nunca me paraba a pensar en lo que podía hacer para que mi hija durmiera plácidamente. Solo me preocupaba mi falta de sueño y cómo evitar que ella me despertara. Antes de dormir, empecé a beber más whisky de lo que mi cuerpo podía aguantar”, escribe Tsushima.

Como vemos, la autora se esfuerza en dejar claro que la protagonista, que parece rozar la depresión en muchos momentos, no es la madre del año. Aunque el texto no deja lugar a dudas sobre que la mujer verdaderamente ama a su hija, y que su primordial preocupación es criarla y protegerla, se queda dormida con frecuencia por las mañanas, lo que supone llevar a la niña tarde a la guardería más veces de lo debido; se escapa de casa por las noches para recorrer los bares de la ciudad mientras la cría duerme; a veces, incluso, ambas discuten y ella siente una fuerte pulsión de violencia hacia la pequeña. La maternidad no es sinónimo de felicidad; no te realiza, o al menos no todo lo que una desearía.

Territorio de luz de Yuko Tsushima se publicó 1979, pero los temas que aborda y la forma en que lo hace la colocan en perfecta sintonía con el presente, sobre todo por dos cuestiones esenciales: el intento por quitarle trascendencia a la maternidad y el empeño por mostrar una mujer imperfecta, abundante en contradicciones (en definitiva, humana).

Ignacio Romo González (@romogonzalez2) es graduado en Periodismo y actual estudiante de un grado en Filosofía. Entre otra cosas, le interesa todo aquello que tenga que ver con la literatura. Su página web es: https://romogonzalez.com/

 

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