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Una novela criminal de Jorge Volpi sacude la versión oficial sobre el caso Cassez-Vallarta

El escritor Jorge Volpi (México, 1968) ha sido reconocido con el Premio Alfaguara por Una novela criminal. La historia está construida sobre los hechos reales del caso que inculpaba a la francesa Florence Cassez y al mexicano Israel Vallarta como miembros de una organización dedicada al secuestro. Las irregularidades del proceso judicial en su contra alentaron la labor de periodistas, abogados y políticos, convirtiéndose el caso en un conflicto diplomático entre México y Francia por la encarcelación de Cassez.

La liberación de tres víctimas de esta presunta banda por parte de la Agencia Federal de Investigaciones (la AFI, cuerpos de seguridad del estado mexicano) fue retransmitida en directo por dos canales de televisión el 9 de diciembre de 2005. No obstante, resultó ser una burda escenificación pactada entre los medios y la policía, dirigida entonces por Genaro García Luna, que reconoció ser cómplice de una “recreación de los hechos”. La evidencia de este montaje, una farsa sin precedentes que puso en tela de juicio el compromiso con la democracia de las instituciones mexicanas, puso en alerta a quienes, desde el primer momento, desconfiaron del proceso contra los presuntos secuestradores. Volpi, que decidió emprender esta investigación motivado por la lectura de Teatro del engaño, el libro de la periodista Emmanuelle Steels, asegura en Una novela criminal que la emisión en de aquella liberación es “una ficción en la cual todos los participantes desempeñaron un papel previamente escrito para ellos por las autoridades”.

Reflexiones contundentes como ésta son habituales a lo largo de la novela. Por ejemplo, cuando sospecha de las tretas de la AFI en la aportación de las pruebas —“Uno tiende a pensar que todas estas pruebas han sido sembradas por los mismos agentes que aseguran haberlas descubierto”— o cuando se refiere al caso individual de Vallarta, todavía en prisión: “Es uno más de los miles de mexicanos que han sufrido abusos por parte de las autoridades y han sido víctimas —sí, víctimas— de la corrupción y la desvergüenza de quienes les han impedido tener un proceso justo”.

Por eso, con la lectura de estos fragmentos y otros, no se comprende la declaración del Acta del Jurado en el fallo del Premio, cuando atribuye al autor una intención imparcial en la construcción de la crónica: “El narrador es tan sólo el ojo que se pasea sobre los hechos y los ordena”, dice. La realidad es que a menudo el autor expone juicios de valor, ineludibles, a través de la contemplación de los hechos, que giran en torno a las irregularidades cometidas por la policía mexicana con el objetivo de inculpar a los presuntos secuestradores. Y esta interpretación, lejos de ser prejuiciosa para el desarrollo del texto, la agradece el lector, que accede a la comprensión de la historia de un modo más sencillo.

“El narrador es tan sólo el ojo que se pasea sobre los hechos y los ordena”

Una novela criminal es la crónica sobre una conspiración de los cuerpos de seguridad mexicanos, amparados por el propio gobierno, cuyo objetivo era legitimar la institución policial con un alarde de “eficacia en el combate contra la delincuencia organizada”. Así lo expresa Jorge Volpi, que ha presentado una arriesgada propuesta tanto en el género —una novela documental donde es muy recurrente la referencia de A sangre fría de Truman Capote— como en el tono —irónico y mordaz, en muchos momentos— y la intención. Volpi ha escrito un libro sobre la sospecha de las verdades oficiales y la manipulación de la opinión pública por parte de las autoridades. Además, ha puesto encima de la mesa el conflicto entre la ficción, la verdad y la posverdad (o la mentira), un debate que normalmente suele estar contaminado por las artimañas del poder.

Ficción y realidad.

Lo meritorio de escribir una novela documental sobre unos hechos reales a los que se les aplicó una ficción (el montaje de la liberación de los secuestrados) es que parezca, verdaderamente, que todo podría ser una ficción. La historia tiene todos los ingredientes de una gran novela policiaca: torturas, extorsiones, amenazas, secuestros, corrupción política… y sobre todo esa incertidumbre que, a lo largo de la lectura, asalta al lector sobre la culpabilidad de los personajes. Volpi distribuye con habilidad la estructura de la narración y maneja los tiempos con coherencia, con la complejidad que supone intercalar declaraciones reales o aclaraciones del autor en pos de la mejor comprensión de los hechos. Todo esto, sin perder el interés de la trama.

Tras la primera parte, que es una pugna del autor por esclarecer de manera exhaustiva cada uno de los hechos, Volpi se detiene en mitad de la narración a hacer un balance sobre el caso que, ciertamente, complace las expectativas del lector de situarse ante este complejo entramado. Entre la ingente documentación de datos aportados —es admirable la labor de recopilación de información— y los minuciosos detalles que se exponen —en mitad de un secuestro, “la radio transmitía una canción del grupo Cañaveral”, dice—, el autor logra introducir enunciados sencillos y aclaratorios que mantienen conectado al lector. Por ejemplo, “No sé por qué la policía jamás buscó a los supuestos cómplices de Israel”, una de las claves del caso que convierte a la AFI en más sospechosa.

“No sé por qué la policía jamás buscó a los supuestos cómplices de Israel”

Incluso se atreve Volpi a establecer alguna propuesta ficcional —“Me atrevo a proponer aquí una hipótesis”, dice, y elabora su propio relato—, con el objetivo de que el lector pueda seguir el hilo. Estos modelos metaliterarios, que utiliza de manera habitual a lo largo del libro, son procedentes en casi todos los casos, salvo en un homenaje innecesario al escritor Antonio Tabucchi —prácticamente dedica un capítulo a las declaraciones de los imputados bajo la expresión “Sostiene Vallarta” o “Sostiene Cassez”— o algún recurso anafórico que podría resultar un tanto tedioso: “Al momento de escribir estas líneas” repetido hasta la saciedad al inicio de cada párrafo. En general, se percibe en esta novela una férrea voluntad de verosimilitud por parte del autor. El caso no está resuelto. Pero no es imprescindible para vislumbrar la intención de esta novela documental: ilustrar, con fundamento, la corrupción que existe en el sistema de justicia criminal mexicano, y el uso indiscriminado de los medios de comunicación para completar sus propósitos.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares

En la foto que encabeza esta reseña aparecen la francesa Florence Cassez y el mexicano Israel Vallarta. Salió publicada varios medios e comunicación mexicanos en tiempos del caso que popularizó a la pareja.

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