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Ubú rey en el siglo XXI. A propósito de Todo Ubú

Este libro, que trae Pepita de calabaza editorial en un formato tan grande como el mismo Ubú, reúne, por primera vez en castellano, todas las obras que giran en torno a la figura del mítico personaje, además de los almanaques, versiones para guiñol, adaptaciones e inéditos de los textos de Alfred Jarry para Ubú rey.

Si partimos de Ubú rey podemos señalar su carácter atemporal porque en el orondo protagonista vemos reflejados los rasgos más crueles de todo déspota: “…he cambiado al gobierno y he hecho publicar en la prensa que se deben pagar dos veces todos los impuestos antiguos y tres veces los nuevos. Con este sistema haré fortuna rápidamente, y entonces mataré a todo el mundo y me iré”. Compararlo con cada uno de los dirigentes que hayan saqueado los bolsillos de sus ciudadanos es inevitable: hacerlo de la mano de la ironía es hasta cierto punto una forma de poder masticar y tragar estos retratos de seres que se dejan llevar por el ansia de poder. El humor sarcástico, la parodia y la caricaturización son entonces elementos de los que se sirve para tratar uno de los dilemas más duros de la realidad social, es decir, el atropello de los gobernantes hacia sus súbditos o de cualquier hombre que esté en una posición superior y que abuse de ese trono. Tenemos a este efecto las palabras de Ionesco en su ensayo La demystification par l’humour noir: “El humor nos hace conscientes, con una lucidez libre, de la trágica condición del hombre (…) es la única posibilidad que tenemos de separarnos de nosotros mismos (…) Estar consciente del horror y reírse de él es dominarlo (…) Sólo la risa no respeta ningún tabú, sólo la risa impide la creación de nuevos tabús anti-tabú; sólo lo cómico es capaz de darnos fuerza para soportar la tragedia de la existencia”.

La risa no respeta ningún tabú y lo que llamamos “ubuesco” ha quedado asociado desde entonces a lo grotesco, déspota y arbitrario. También se le suele emparentar con el absurdo, ya que algunos rasgos de ruptura podrían colindar en su esencia, adelantándose a la corriente artística. En la obra prima Ubú rey yacen rasgos tan rompedores (y chocantes para el público de la época) lo cual no es sorprendente si queremos verlo como un anticipo de lo que sería el dadaísmo (en el lenguaje deconstruído, por ejemplo) o el surrealismo, además del teatro del absurdo. Pero así como esta obra fue tan novedosa y polémica (Ubú rey sufrió críticas y abucheos el mismo día de su estreno, tanto, que no pudo terminar de representarse) así también significó un hito y una marca de la que otros autores, también novedosos, no podrían desembarazarse: Jarry ya había estado ahí y todo sería comparado con él; es el caso de escritores como el polaco Witold Gombrowicz, que al estrenar obra teatral en París inundó las cabeceras de los periódicos haciendo alusión a cierto parentesco con Jarry. A partir de Ubú los juegos de palabras típicos del teatro del absurdo o del teatro de autores como Gombrowicz, ya serían vistos a la sombra de la “mierda”.

“El humor nos hace conscientes, con una lucidez libre, de la trágica condición del hombre”

Con respecto al personaje de Ubú cabe señalar que como símbolo es atractivo: su apariencia ayuda a construir la leyenda de un hombre que es grande, de enorme panza, con una espiral que nos hace pensar en su ego infinito y que todo comienza y termina en él. Sabemos la anécdota de cómo Jarry lo alumbró: como un juego que tenía con sus compañeros en el instituto y de la caracterización que hacían de uno de sus profesores. Más tarde todo ello devendría en el argumento de Ubú rey, que podría resumirse en la historia shakespeareana de un personaje déspota que mata a toda una familia real para robarles la corona, hasta ser perseguido por uno de los hijos sobrevivientes. La segunda obra, Ubú encadenado, nos traslada a otra realidad, en la que Ubú se nos hace distinto a la imagen que teníamos, burda, tosca, de él. Quizá deja de ser el arquetipo para verlo más patafísico (ciencia fundada e inventada por él y punto que se profundizará en la tercera obra, Ubú cornudo), y la persona que queriendo hacerse esclavo acaba poniendo en tela de juicio los conceptos tambaleantes de libertad, esclavitud y amo:

“¡Compañeros, adelante! ¡Viva la libertad! El viejo galeote del Padre Ubú va ya en el convoy, las cárceles están vacías, solo queda la Madre Ubú tricotando. Somos hombres libres para hacer lo que queramos, incluso obedecer, para ir a donde queramos, ¡Incluso a la cárcel!, ¡La libertad es la esclavitud!”.

“¡La libertad es la esclavitud!”

En medio de la paradoja nos deja con la interrogante: no es Ubú sólo el que se encarga de descerebrar a todos y quitarles lo que les pertenece, sino que es el mundo quien empuja a Ubú a ese papel. Y que incluso subvirtiéndolo todo y acabando en la cárcel, el equilibrio de un cosmos acabará por restituir su poderío.

En la tercera obra Ubú cornudo Ubú quiere ensayar los tormentos de empalamiento antes de ajusticiar a Memnón, el amante de su mujer. Es la obra de mayor densidad en lo que se refiere al alejamiento de la caricaturización del protagonista, aquí podemos ver un Ubú más complejo directamente, reflexivo incluso, y con la aparición de su conciencia como un personaje más. Es la sorpresa de que podemos llenar a Ubú con lo que nosotros queramos, con lo que los otros personajes puedan hacer de él. Las preguntas que nos quedan al final son: ¿Quién es Ubú? ¿Somos todos Ubú?

 

María Elena Blay (@infausta_) es filóloga y doctora en Estudios Hispánicos Avanzados. Como poeta ha publicado dos poemarios con ojosonambulo (Lima) y con Biblioteca C y H (Barcelona). También se dedica a la crítica literaria en su canal de Youtube y en su blog www.infausta.blogspot.com

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