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David Trueba escribe sobre un hombre “sin suelo” en Tierra de campos

El cineasta y escritor David Trueba (Madrid, 1969) llegó hace poco tiempo a la narrativa pero no es osado apostar por que va a quedarse definitivamente. Sus dos primeras novelas no pasaron desapercibidas para la crítica por su atrevimiento literario, y Tierra de Campos, su novela más reciente, tiene el carácter de los escritores consagrados. Una novela densa que recorre, en primera persona, toda la biografía de Dani Mosca, un cantautor eléctrico que decide cumplir la última voluntad de su padre un año después de su muerte: enterrarlo en su pueblo natal, un municipio de la meseta peninsular que el autor denomina Tierra de Campos. Bien podría ser esta La España vacía que retrata Sergio del Molino en su exitoso ensayo de 2016, una zona despoblada y sin zonas verdes, donde la naturaleza impone la dictadura de la inclemencia. A ese pueblo que nunca consideró parte de sus raíces ha de volver Dani en la funeraria que transporta a su padre, junto a un chófer ecuatoriano demasiado parlanchín que dice llamarse Jairo.

Durante el trayecto, Dani recompone su vida a través de los recuerdos que amontona de forma aleatoria. A priori, nada parece indicar que el pueblo de sus padres, Garrafal de Campos, mantenga con él tan extrema relación de pertenencia. Pero los orígenes siempre afloran, y a veces en el momento menos oportuno. Trueba plantea un interesante contrapunto entre el ámbito rural y el urbanita donde el protagonista, crecido en los años 80, se ve inmerso. Ni la Transición, símbolo de ruptura y de vanguardia, consiguió desdibujar una frontera que aún tiene demasiado contorno: “En España hay una guerra de tradición y modernidad”, apunta el narrador en uno de los pasajes de la novela. Arriesga Trueba al proponer un asunto tan manido como el de la identidad o la conexión emocional del hombre con la tierra y más al apostar por una estructura narrativa basada en los saltos temporales. No obstante, logra salir ileso con habilidad gracias a la composición de personajes potentes, subtramas interesantes y escenas brillantes, como cuando Dani tiene que tumbarse junto al féretro de su padre en la parte de atrás de la funeraria.

El humor fino y sorprendente que imprime Trueba sobre sobre la novela no resta a la obra ni un solo gramo de seriedad. El autor es capaz de combinar con maestría un lenguaje sencillo y sin estridencias, donde siempre evita el diálogo directo, con la profundidad de una historia amarga, encarnada en la generación de Dani y sus compañeros, Gus y Animal, que montan un grupo de música, Las Moscas, cuando coinciden en el instituto. De la misma manera que en el mencionado asunto rural se aprecian referencias de Miguel Delibes o del propio Del Molino, en la trama musical y urbanita protagonizada por los componentes de Las Moscas existe una influencia clara de la generación beat. En concreto, On the road, la obra capital de Kerouac en la que el narrador se corresponde con el Dani Moscas de Tierra de Campos y el personaje más atractivo, Dean Moriarty, es prácticamente un clon de Gus, el personaje que representa la brecha entre el urbano y el provinciano. En este sentido, se agradece la honestidad de Trueba de no impregnar a su protagonista del aura de tipo interesantísimo con una vida frenéticamente divertida. Dani es un tipo lleno de conflictos existenciales que le llevan a momentos de banalidad y crisis de identidad, fruto de su trabajo, que ni siquiera su propio padre apoya, el fracaso en sus relaciones sentimentales y la muerte de sus seres queridos.

Dani no se siente de ningún sitio porque “ha crecido sin suelo”, según él mismo reconoce. Así, asume las diferencias de mentalidad con su padre y luego con sus hijos con una reflexión brillante: “Las distintas generaciones tienen dificultades para convivir porque no comparten el mismo pasado”. Además del concepto de identidad, Trueba dota a la historia de muchos anclajes donde sujetarse. En esta novela repleta de pequeños ensayos, Trueba rinde cuentas con la Transición a través de un análisis de lo que significó y cuál es su legado: “Para mí la Transición siempre fue eso, del pegar a no pegar de los profesores”. Y, más allá del cinismo, deja entrever una crítica a las instituciones y sus representantes, herederos, al fin y al cabo, de aquella casa a medio hacer que era España en los años 80. En un pasaje, retrata con toda sutilidad la hipocresía de “Galder, con aquella alma de punkarra, que ahora es vocal de la sociedad de autores”.

 “Para mí la Transición siempre fue eso, del pegar a no pegar de los profesores”

Pero si hay un concepto donde verdaderamente profundiza Trueba es en el musical. Desde el punto de vista artístico, donde narra con gusto la evolución del grupo o la elaboración de las canciones, hasta hacer un repaso por la decadencia de la industria y sus causas, el concepto de público como masa no pensante (fan) o las dos caras del éxito, representadas en la novela por su propia estructura, dividida en dos partes: Cara A y Cara B, que contienen muchas de las canciones compuestas por el artista a lo largo de su carrera. Además, habla de los problemas creativos del autor, de “esa trascendencia estúpida que tanto tienta al músico”. Más allá de su atrevimiento, Trueba se deja llevar a veces por una literatura demasiado condescendiente no exenta de clichés —“nos alimentábamos el uno del otro”— donde se cuelan declaraciones de principios un tanto manidos, por ejemplo: “Me gustan las bodas pero no que las parejas tengan que firmar un contrato como quien se compromete con un trabajo”. Del cine, la otra condición del autor, pocas noticias a lo largo de la novela. Si acaso el propio planteamiento de la obra, que se presenta en clave de “road movie”, como su película triunfadora en los Goya de 2014: Vivir es fácil con los ojos cerrados. Por último, la secuencia final de la novela tiene una intención muy cinematográfica y bien podría incluirse en una de sus películas. Vayan a verla. O a leerla.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares.

 

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