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La maternidad y la ausencia son los temas de La memoria donde ardía, de Socorro Venegas

“¿Estaremos hechos más de lo que olvidamos que de aquello que recordamos?” se pregunta la narradora del cuento de donde toma su título el libro más reciente de la mexicana Socorro Venegas, La memoria donde ardía. La pregunta puede servir de síntesis a la colección de relatos elaborada sobre los temas de la maternidad y la ausencia. El título sugiere algo doloroso que quiere olvidarse y esa sensación marca a los diecinueve cuentos que conforman la publicación: aunque permanezca caliente una memoria, atrás quedó el pasado y no puede ser peor que el presente, en donde algo siempre falta.

En al menos seis relatos —la mayoría de apenas tres o cuatro páginas— el universo de lo materno aparece signado con imágenes que desafían los estereotipos de la cultura popular: la depresión postparto, la sensación de extrañeza que acompaña el estado de gravidez y la posibilidad de que el hijo o la hija tengan mejor relación con el padre, son algunos de los asuntos con los cuales Venegas construye sus anécdotas. La enorme escisión de la identidad femenina (la pérdida de una parte del yo) es la certeza que unifica estos cuentos, todos propensos a las alegorías y al registro simbólico.

La Gran Madre arquetípica palpita en el corazón de las 106 páginas del libro, pero de forma más evidente en el relato “El nadador infinito”, donde una mujer en estado recibe una postal enviada por un antiguo amante en donde aparece una ceiba nacida del centro de aguas muy oscuras. Una de las más interesantes reflexiones sobre el embrazo se lee en esos párrafos: “A veces el nadador en mis entrañas hacía un movimiento que podía ser un delicado ondulamiento o un preciso empellón. Entonces volvía a recordar que juntos éramos una larva, a la espera del momento en que mi habitante me rompería el cuerpo”. Otros argumentos sobre la maternidad se encuentran en: “La gestación”, “El hueco”, “La Vía Láctea” y “La soledad de los Mapas”; en “Un viaje con dique”, tres generaciones de mujeres se enfrentan al dolor en una imagen inmemorial de lo femenino: el mar.

 

Las aguas oscuras y las ausencias.

En una primera lectura, las metáforas acuosas en los cuentos de La memoria donde ardía sirven como imágenes del vientre. Sin embargo, las aguas oscuras, imágenes que se repiten en los cuentos o se intuyen, no solo describen el espacio dentro del mundo cerrado del útero, sino los meandros de la mente, en donde los recuerdos más importantes están en los lugares más profundos y arden, como líquidos calientes. Es en el vínculo que puede establecerse entre los recuerdos y las ausencias donde Venegas elabora las narraciones que más hondo llegan a quienes las leen, pues producen una sensación de familiaridad, a la vez que de extrañeza, similar a la que acompaña el proceso de crecimiento. Porque madurar es aprender a perder.

“Anganórisis” es un prodigio en las analogías que establece y que quedan rondando en la cabeza de quien lee, incluso, horas después de haber salido del cuento: una película recuerda a una relación que recuerda a un niño ciego que recuerda a la muerte que recuerda a… Allí, la protagonista reconoce su identidad en un horda de niños mutilados por la guerra que aparecen en un film: “No son bárbaros. Son los seres más vulnerables y generosos que hay. No los ensucia esa crueldad fría posada sobre s tierra”. Este es uno de los cuentos de la colección en donde la infancia y la adultez se vinculan usando a la carencia como canal de comunicación.

“¿Estaremos hechos más de lo que olvidamos que de aquello que recordamos?”

Otro cuento notable es “Como flores”, donde la crueldad infantil sirve de imagen para la discriminación y la violencia que marcan las relaciones humanas. Lo que en “Anagnórisis” es el reconocimiento de un mensaje que faltaba, en este relato se convierte en una certeza donde lo ausente es la humanidad.

“Pertenencias”, “El coloso y la luna”, “Los aposentos del aire” y “El aire de las mariposas” señalan las distintas maneras que tienen las personas de separarse y sus imágenes son tan punzantes como las que ofrece Vengas desde la maternidad. Uno de los cuentos más interesantes, “El hueco”, vincula ambos asuntos con una prosa muy lúcida: “Yo no quería parirlo. Me gustaba sentirlo moviéndose, un contorsionista infinito. Soñaba que en mí se gestaba un navegante, un vadeador de abismos. (…) Llegué a creer que sería así siempre. ¿Es por eso que no entiendo lo sucedido? El ajetreo grosero del hospital, el parto, las visitas, las flores.

“El hueco en el que me convertí.”

La misma sensación de ausencia deja el final de La memoria donde ardía: ¿cómo volver al mundo luego de abrasarse al calor de los recuerdos más dolorosos?

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora de la novela Malasangre (Anagrama, 2020), del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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