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Salve, Santa Teresa: La patrona de las escritoras fue la primera en sufrir el doble rasero en la literatura

Los miembros de la Inquisición siempre desconfiaron de los escritos de Santa Teresa de Ávila. Creían o querían hacer creer que sus visiones y experiencias iluminadas eran cosa del demonio, nunca de Dios ni el producto de una comunión con lo inefable. San Juan de la Cruz, cuya celebridad como místico es comparable con la de Santa Teresa, no tuvo tantos problemas como ella para proclamar que había establecido una comunicación inmediata y directa con lo divino, como consecuencia de momentos extraordinarios de la expresión religiosa, con los consecuentes estados de éxtasis y revelaciones.

Aunque en 1575, cuando Santa Teresa tenía 60 años, el padre dominico Domingo Báñez sentenció que en todo Camino de la perfección no había encontrado ninguna “mala doctrina”, la monja nunca se libró completamente del acecho del clero. En el mismo documento, Báñez censura sus visiones y su creencia de que las revelaciones que escuchaba durante sus oraciones provinieran del Creador, pues estas “son mucho de temer, especialmente en mujeres, que son más fáciles en creer que son de Dios y en poner en ellas la santidad”. Santa Teresa escribió Camino de Perfección entre los años 1564 y 1567 para las monjas carmelitas del Monasterio de San José en Ávila, del que era priora, con el objeto de que lo usaran para iluminar su camino en la devoción. Así que su asociación con la inspiración demoníaca era grave. La preocupación del dominico y de otros miembros del Santo Oficio era su condición femenina. “Esta mujer, por lo que muestra en su relación, aunque ella se engañase en algo, a lo menos no es engañadora”, escribe. En otras palabras: el problema no era que tuviera revelaciones, sino que debido a su género podía mal interpretarlas y no comprender muy bien de dónde provenían, aunque ella fuera buena de corazón.

Así, el doble rasero actuaba para desmerecerla e, incluso, para condenarla frente a los demás. Su experiencia no era diferente a la de otros monjes, como San Juan de la Cruz o Fray Luis de León, que también fue su guía espiritual. Su experiencia era distinta. Es cierto que ella no podía saber lo que sabían los monjes, pero ellos tampoco podía saber lo que sabía la monja. El doble rasero de la experiencia no solo lastimó su honor al poner en entredicho su relación con Dios, sino que la obligó a censurarse a sí misma y a obsesionarse con el acecho del demonio. Un caso emblemático es su Libro de la vida, donde se analiza y evalúa el peligro del constante acecho del pecado, en relación con su vocación doble de religiosa y de escritora. Si, desde la retórica de la humillación aparecen las estrategias para la afirmación de la autonomía, la identidad que le fue permitida desarrollar estuvo siempre al margen de la estructura patriarcal de su tiempo.

El camino de las letras.

Santa Teresa fue monja y escritora autodidacta —aunque estudió unos meses en el colegio religioso de Santa María de Gracia de Ávila—. Su andadura de intelectual la comenzó a los siete años, leyendo los libros más populares de su tiempo, las novelas de caballería. A los 20 años entró en el convento de las carmelitas de la Encarnación y en 1536 tomó los hábitos.

La introspección y la intelectualidad acompañaron siempre a su vocación religiosa, lo cual no fue excusa para eludir sus responsabilidades, pues como fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas tuvo que viajar por toda España para vigilar la construcción de conventos; era intelectual y devota, pero también una mujer de acción. Quizá fue esta labor de minucioso apostolado la que al final hizo que se la beatificara en 1614, a escasos 30 años de su muerte y se la elevara a la categoría de santa en 1622. Su título más importante, su verdadero reconocimiento como intelectual, habría de esperar varios siglos. Pero por fin llegó. En 1970 se la declaró doctora de la Iglesia católica. Es ese título el que la ha convertido en la patrona de las intelectuales y el que fue tomado en cuenta en 2016 para establecer el Día de la Escritora el lunes de octubre más cercano al día 15, para conmemorar la fecha de su fallecimiento(en 1582. La Biblioteca Nacional de España y dos organizaciones feministas sin fines de lucro, Clásicas y Modernas, y la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias tomaron esta iniciativa para compensar la discriminación histórica de las mujeres en la literatura.

El techo de cristal comienza a quebrarse, incluso para las autoras clásicas.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

La pintura de Santa Teresa que encabeza este artículo es de Pedro Pablo Rubens.

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