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Roca Barea: “Su versión perversa del pasado traba a los países de Hispanoamérica”

María Elvira Roca Barea (Málaga, 1966) piensa que los españoles perdieron la batalla del lenguaje al interiorizar una leyenda negra popularizada en el siglo XVI por orangistas, hugonotes y anglicanos quienes aprovecharon la Reforma protestante para afirmar su soberanía sobre los Países Bajos. La leyenda alude a las crueldades de la Inquisición y la violencia contra los indios durante la Conquista para tachar a España de atrasada y oscurantista. En el ensayo Imperiofobia y leyenda negra señala que no fue peor que otras potencias europeas y tacha de “imperiofobia” a la construcción de imaginarios negativos en torno a países que son o fueron potencias mundiales. El procedimiento sustenta la aversión exagerada contra España que halla entre sus compatriotas y entre los hispanoamericanos.

Dos cosas resultan interesantes. La primera es que para la autora los inventores de la propaganda fueran los protestantes, como el cristianismo romano nunca hubiera manipulado multitud de imágenes y leyendas para convertir a gente en territorios distantes con métodos más o menos violentos. Como si la reivindicación del pasado hispano-visigodo que pretendía la Reconquista no hubiera sido una propaganda para acabar con el domino de más 1400 años que tenía el Islam sobre la mitad de la península ibérica. La segunda es que, a pesar del complejo de los españoles al que alude en el libro, este tiene, según su editorial, Siruela, veinte ediciones. También La España vacía de Sergio del Molino, una obra menos complaciente con el catolicismo, que trabaja otros aspectos de la identidad española con buenos resultados de ventas: va por la novena edición, según Turner. Quizá el interés por la historia y sus interpretaciones se relacione con un clima de reafirmación nacional avivado por las pretensiones independentistas catalanas.

Roca Barea acaba de publicar otro libro que trata los mismos temas. En 6 relatos ejemplares 6 presenta seis momentos de la Europa del siglo XVI, en tiempos de la Reforma protestante. Cada narración breve toma en cuenta uno de tres puntos cardinales: el anglicano, el territorio del Sacro Imperio Romano y el mundo orangista.

 —¿De qué manera la ficción puede contribuir a revertir lo que llamas “la batalla del lenguaje” a favor de la cultura española?

—No solo española: mediterránea. Atrapados en ese problema están todos los pueblos de cultura católica y los pueblos no protestantes. En el caso de los españoles más, porque fueron el buque insignia de la Contrarreforma. Todos comparten una torpeza común en el manejo del lenguaje para encubrir las realidades. Los protestantes inventaron la propaganda. Cuando usted llama libertad religiosa a que la gente se tenga que convertir obligatoriamente a una religión es usted un genio.

—Se trata de un eufemismo, pero la historia está llena de eso: en España, Europa y el mundo entero. Por poner un ejemplo: Isabel I [1451-1504] hizo propaganda desfavorable a la mal llamada Juana “La Beltraneja”, la hija de su hermano, el rey Enrique IV para construir su legitimidad y acceder al trono de Castilla [una reseña sobre el libro Isabel I de Castilla que habla sobre el tema puede leerse aquí].

—Claro que esa es una forma propagandística, ella defendió su derecho al trono como buenamente pudo: no era tan claro que lo tuviera. Pero la fabricación de una manera consciente y deliberada de perversiones lingüísticas no es invento del catolicismo ni las campañas propagandísticas con imágenes, sino de Lutero. Que hayamos llegado a considerar a Lutero como el padre de la libertad de pensamiento y religión en Europa es el disparate mayor.

—Sería en aquel comento, porque ¿quién lo cree hoy en día?

—Obama y Merkel le dedicaron una estatua en 2017.

[Colofón Revista Literaria ofrece aquí un enlace a la nota en el periódico alemán Deutsche Welle sobre el congreso en el marco del cual se presentó la estatua].

—Es por el quinto centenario de la Reforma de Lutero.

—Y si ve las exposiciones que se han hecho al respecto, se impresiona.

—¿Por qué es pertinente hablar de imperiofobia y leyenda negra ahora?

—No lo sé. Empecé a estudiarlo en 2001. Al cabo de tres o cuatro veces que un norteamericano se puso a justificar por qué les habían echado las Torres Gemelas abajo comprendí que estaban absorbiendo una culpa, como los españoles en el siglo XVI.

—¿Cómo se relaciona la Imperiofobia y leyenda negra con otros mitos negativos como la España negra?

—Nunca he sido capaz de concretar el mito de la España negra en casi nada. Es una creación literaria. No veo más negritud que en otro sitio.

—Se refiere al oscurantismo, era la postura de la Generación del 98.

—La generación del 98 vivía en su propio mundo. Era la negación de la realidad. Es la negación de una generación a absorber la responsabilidad que les ha tocado históricamente, muy amarga y transforman en responsabilidad histórica una responsabilidad generacional.

—¿No cabe la posibilidad de que la misma “propaganda” anti-española, a la que se refiere en sus libros, incluso el texto de fray Bartolomé de la Casas donde denuncia los abusos de los conquistadores contra los indios sirviera para evitar más violencia en la implantación de la hegemonía castellana en América?

—La influencia de Bartolomé de las Casas fue escasa. Se hizo famoso cuando el texto cayó en manos de la propaganda orangista. Entonces se tradujo a cuatro idiomas se le colocan los grabados de Théodor de Bry y todavía estamos hablando de él. Yo no más. Si quieres que hablemos de América prefiero a Antonio de Mendoza, le primer Virrey de México que hizo lo que pudo para hacer que le sistema de transporte de lomo de indios pasara a lomo de mulos.

—Conversamos sobre la influencia de las ideas. Como parte de las Crónicas de Indias, Brevísima relación de la destrucción de las indias es un texto fundacional del canon literario Hispanoamericano.

—Lo siento, no debería. La cantidad de ediciones de la obra de Fray Bartolomé es sintomático del desquiciamiento de la historia de América.

—¿Qué sería necesario para revertir la leyenda negra española?

—Amor a la verdad y capacidad para asumir errores.

—¿Y qué sería “amor a la verdad”?

—Es un horizonte al que uno debe aspirar acercarse con la humildad de saber que no llegas más que a intentarlo con esfuerzo. En el caso de España, y mira que esto es dañino para el país, pero en el caso de América es letal. Su versión perversa del pasado traba a los países de Hispanoamérica. Tienen mucho que construir y no pueden si están enzarzados en una lucha constante con tu propia sangre.

—No veo eso. No puedes decir que la cultura americana es enemiga de la española. Durante la formación de sus estados nacionales, la intelectualidad española estuvo presente, a los escritores del continente los publicaba José Ortega y Gassett en la Revista de occidente. No veo un enguerrillamiento de América contra España.

—Yo sí. En los libros de texto mexicanos dicen cosas como que estaba México allí y los españoles llegaron a destrozarlo todo y cuando se refieren a la Independencia, dicen cosas como que “nos los quitamos de encima”. Mis alumnos hispanoamericanos usaban de forma perversa el lenguaje y con su historia cuando decían “ustedes, los españoles”… nos mataron. Y yo respondía: ¡Yo no, tu abuelo!

—El abuelo y la abuela se juntaron como resultado de un proceso violento. El abuelo se preguntaba si la abuela era humana. Y esa es la herencia de los nietos.

—Los guías turísticos de México y Perú también dicen: “ustedes, los españoles”.

—¿En qué libro trabajas ahora?

—En un ensayo que estudia cómo se ha consolidado la falta de comunicación entre las élites [intelectuales] españolas y la gente. España tiene élites desde hace tres siglos, pero no sienten a su país, creen que cuanto más machaquen y critiquen, más intelectuales, europeos y estupendos son. Quiero saber de dónde arranca eso y cómo se ha perpetuado a través de los tiempos hasta que ha cobrado carta de naturaleza.

—¿Te consideras nacionalista?

—No. El nacionalismo es la consideración de que determinada gente por haber nacido en un grupo humano determinado debe tener vínculos por encima de la voluntad. No considero más realidad que la nación política.

—¿Cuál es tu relación como intelectual con España?

—El gran descubrimiento es que me hago entender. Tengo la responsabilidad de gestionar lo que ese libro ha significado de una manera constructiva para mi país.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

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