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Philippe Lançon o la intimidad de un suceso global

El 7 de enero de 2015, sobre las 8 de la mañana, como cada día, el periodista francés Philippe Lançon se encontraba haciendo estiramientos en el salón de su casa mientras escuchaba una entrevista a Michel Houellebecq en la radio. Todavía se debatía entre ir primero a Liberátion, periódico donde escribía crítica cultural, o a Charlie Hebdo, el semanario satírico para el que era columnista. Todavía, nadie era Charlie. Y todavía, por aquellos momentos, el periodista ignoraba que el mundo árabe, al que dijo adiós más de 20 años antes en su época como reportero en la Guerra del Golfo, iba a atraparlo de nuevo, esta vez para siempre.

En El colgajo, Lançon, que finalmente aquella mañana escogió ir en primer lugar a la redacción de Charlie Hebdo, relata en primera persona la experiencia de sobrevivir a un atentado terrorista y, sobre todo, de vivir después de ello, desde la intimidad individual más profunda y radical, combinando la crónica periodística, el diario y las memorias. Así, el autor francés usa la literatura como vehículo para recorrer su vida, interrumpida para siempre aquella mañana del 7 de enero. “Desde entonces, asisto en bucle al entierro de mis vidas pasadas”, llega a escribir en la novela. Aquel día murieron sus vidas pasadas, pero también sus vidas posibles, porque ya nada en él volvería nunca a ser lo que fue. Con todo, lejos de ser un libro oscuro dominado por el dramatismo, El colgajo alberga en sus páginas la historia de un renacer, con toda la luz que ello implica.

Lançon escribe de manera lúcida y directa sobre una reconstrucción a tres niveles: psicológica, física y vital. Por un lado, detalla el duro proceso psicológico que le sobrevino después de ver morir a sus 12 compañeros, que describe como una suerte de catábasis de la que le parecía imposible salir: “Me encontraba en otro mundo sin dejar de estar en este”, se recoge en el libro. La descripción de esa evolución, poderosamente enriquecida con reflexiones y recuerdos, fue paralela a la física: en sus más de 200 días de ingreso hospitalario, el periodista hubo de hacer frente a multitud de intervenciones quirúrgicas en su mandíbula tras perderla por completo durante el atentado después de recibir el impacto de dos balas. De hecho, el título en francés, Le lambeau, alude a una técnica de injerto a la que fue sometido. El título en español, sin embargo, hace referencia a unos versos de Racine que el propio autor cita en el libro y que le hacen recordar el aspecto de su mandíbula justo después del acto terrorista: “Colgajos llenos de sangre y miembros espantosos / Que perros voraces se disputaban entre ellos”.

“Desde entonces, asisto en bucle al entierro de mis vidas pasadas”

Así, la habitación del hospital funciona como la ballena, un lugar donde el tiempo ha quedado suspendido mientras allá, fuera, el ritmo es tan frenético que Lançon, ahora convertido en Jonás, apenas puede intuirlo entre la espesa bruma del desasosiego. “Lo que sucedía al otro lado de la puerta y del ascensor formaba parte de un mundo que me parecía, más que alejado, improbable”. Al periodista ya no le interesa el mundo exterior, el mundo de los vivos, por lo que se esfuerza sobremanera en cuidar la intimidad del que ya era su nuevo hogar. Es por ello que se mantuvo firme en su decisión de no tener radio ni televisión en su habitación: “Solo quería oír y soportar los ruidos directamente relacionados con mi propia experiencia”, relata.

Pero en ese mundo exterior, remoto para Lançon, justo en aquellos instantes, se estaba produciendo una ola de manifestaciones en repulsa a los atentados de Charlie Hebdo que se extendía más allá de París. El lema ‘Je suis Charlie’ se tornó, de repente, en el grito universal de la libertad de expresión que, sin embargo, no tardó en disiparse. “En los atentados terroristas, una vez apagadas las velas y retirados los corazoncitos, todo el mundo hace como si nada hubiera pasado ¿qué otra cosa iba a hacer?Y como si los asesinos no fueran una consecuencia desastrosa de lo que somos y de lo que vivimos”.

“Colgajos llenos de sangre y miembros espantosos

Que perros voraces se disputaban entre ellos”

Racine

Pero, ¿Qué somos? ¿Qué vivimos? En tiempos de globalización desmesurada, la guerra, las guerras, tal y como las conocíamos, han muerto. Ya no combaten Estados contra Estados; ya no hay trincheras, ni retaguardias. Ni siquiera hay declaraciones de guerra, tampoco armisticios. La guerra es ahora, siempre y en todas partes. La guerra de hoy, por tanto, da más miedo que nunca porque no se puede localizar: el enemigo se ha atomizado. Ahora, como decía Baudrillard, el conflicto bélico se ha desplazado a la esfera de lo simbólico. Así, todo acto terrorista es un acto de propaganda, donde el grupo que perpetúa el atentado envía un mensaje a la población advirtiendo de su peligro: no es un aviso destinado a los muertos, sino a los vivos. Al respecto del terrorismo actual, Héctor L. Bermúdez señala que “sus métodos son tan antiguos como los troyanos; se camuflan al interior del sistema, ya no en monumentales caballos, sino en la banalidad de la vida cotidiana”.

Es por ello que Lançon llega a sentirse, a su pesar, como “un herido de guerra en un país de paz”. Un herido que ha transitado, aturdido, “el mundo de abajo”, pero cuyo ascenso, guiado por personas, por la lectura y por la propia escritura, queda materializado en casi 500 páginas de reflexión sensible y profunda sobre la fragilidad de la vida; sobre, como él mismo apunta, “hasta qué punto las vidas son inciertas y qué osado o inconsciente es olvidarse de ello”. Desde el atentado, Lançon no ha vuelto a escribir como antes porque ahora vive cada minuto “como si fuera la última línea”. Y precisamente por eso escribe, para no olvidar que está vivo. “Escribo para recordar todo lo que estuve a punto de olvidar, todo lo que perdí, a sabiendas de que de todas formas lo he olvidado y perdido (…). Olvidar lo menos posible se convierte en esencial cuando uno se torna de repente extraño a lo que ha vivido”.

 

Alicia Sánchez (@aliciasromero_) es licenciada de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad de Sevilla, sus intereses incluyen la literatura y el cine, Trabaja en la agencia Europa Press.

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