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Patricia Highsmith: la inquietud en sus rasgos más esenciales

La narrativa pertenece al suspenso y la literatura a la maldad. Al navegar a contrapelo de la razón y prescindir de lo que Graham Greene llamó los “desenlaces morales”, los escritos de la estadounidense Patricia Highsmith (1921-1995) ofrecen claves fundamentales para comprender el fracaso de la modernidad. El asunto de lo cruel como manifestación de la maldad gratuita y la sombra que perfila los eufemismos estructurantes de la vida alimenta la obra monumental de esta autora nacida en Texas a quien nunca comprendieron los críticos de su país y tuvo que mudarse a Europa, donde pasó sus últimos días. Falleció en Suiza, por eso allí se conservan muchos archivos suyos aún inéditos.

Fue una escritora prolija, con casi una cincuentena de títulos firmados. Publicó su primer relato en Harper’s Bazaar en 1945 y, un lustro después, su primera novela, Extraños en un tren, la cual Alfred Hitchcock adaptó para el cine con un guión de Raymond Chandler, adjudicándole a ella cierto renombre. Sin embargo, el gran salto a la fama lo dio con la novela policíaca El talento de Mr. Ripley, con el cual se adjudicó los galardones Edgar Allan Poe y el Gran Premio de Literatura Policíaca. Esa era la primera novela de una serie de cinco que publicaría a lo largo de su vida (la último fue Ripley en peligro, 1991). Su protagonista es un estafador muy inteligente a quien nunca atrapa la policía. Sin embargo, su obra es mucho más extensa que la serie, aunque por sí sola hubiera servido para convertirla en una autora fundamental. Escribió más de una treintena de novelas y un ensayo sobre escritura —Suspense, de 1996, libro reeditado en castellano por Círculo de Tiza—. Después de la narrativa de largo aliento, su segundo género favorito fue el relato, como atestiguan las ocho colecciones de cuentos que publicó. La editorial Anagrama reúne en su serie “Compendium” cinco libros suyos en ese género: Once, Pequeños cuentos misóginos, Crímenes bestiales, A merced del viento y La caja negra.

 

Compendio y esfuerzo.

Dos de esos libros están estructurados alrededor de ejes centrales, que a su vez, informan temas secundarios de la obra de Highsmith: Pequeños cuentos misóginos, publicado por primera vez en 1974, y Crímenes bestiales, de 1975. El primero indaga en los arquetipos femeninos y, el segundo, en la relación entre los animales y los humanos. Se trata de versiones mínimas de asuntos que sus novelas tratan en profundidad: la manera como los animales representan el mundo bestial sublimado por el hombre “civilizado” y la preocupación por los modelos reservados a la mujer en la sociedad fueron motivos de otras. Como homosexual, Higshmith se sintió frecuentemente periférica, no solo por ser una mujer poco interesada en la procreación, sino como escritora. Su novela, El precio de la sal fue rechazada por sus editoras inicialmente por su temática lésbica y tuvo que publicarla bajo el pseudónimo Claire Morgan, en 1951. Treinta y ocho años después, en 1989, al tope de su popularidad, la reeditó con el título Carol y su verdadero nombre.

Once fue su primer libro de relatos y se publicó en 1970, a partir de los textos que habían aparecido en las últimas dos décadas en diversas revistas literarias de Estados Unidos. A merced del tiempo y La casa negra son los otros tres libros de cuentos en Compendium; fueron publicados entre 1979 y 1981 cuando la obra de Highsmith era ya reconocida. Allí se cristalizan los elementos más característicos de su ficción.

“Highsmith es una poeta de la aprensión más que del miedo. (…) El miedo es narcótico, puede causar que uno se duerma de cansancio, pero la aprensión carcome los nervios suave e ineludiblemente”

En total, el volumen está conformado por sesenta y tres cuentos marcados por lo que Poe llama la “unidad de efecto” donde todos los esfuerzas de la autora, entre los cuales se encuentran su estilo y el uso del suspense, se dirigen hacia la construcción del final inesperado. Para Graham Greene, según escribe en el prólogo que acompaña el voluminoso tomo de Anagrama —y que se editó con Once—, las novelas de Highsmith son ejemplos notables del trabajo con la aprensión que en sus relatos adoptan otro método: “ultimar rápidamente al lector más que rodearlo poco a poco, y nos da caza de modo admirable y experto”.

El mundo “claustrofóbico e irracional” que el autor de El tercer hombre (1949) reconocía en las novelas de Highsmith está también presente en sus cuentos, pero resumido en pinceladas maestras que construyen ficciones con lo absolutamente básico. Y ese es justo el valor del libro publicado por Anagrama: que permite un vistazo dentro del mundo poliédrico y monumental de la autora estadounidense desde pequeños bocados de sus personajes irracionales, siempre enfrascados en anécdotas atroces. Y lo más seguro es que estos textos tengan sobre quien lee el efecto de una aspiradora: alentando su completa obsesión por conocer el resto de la obra de quien podemos comprender —de nuevo parafraseando a Greene— más que como una autora del terror, una “poeta” de la inquietud.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

 

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