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El ojo castaño de nuestro amor contiene la obra de Mircea Cărtărescu

La ironía, el humor y la amargura que caracterizan la obra de Mircea Cărtărescu están contenidas, como un perfume en su esencia, en El ojo castaño de nuestro amor, el título de su más reciente obra traducida al castellano. El libro contiene una veintena de escritos realizados bajo diversas circunstancias que están unificados por la discusión sobre lo literario y el escritor, por un lado y sobre lo familiar e íntimo, por el otro. Se trata de una publicación preparada para el mercado español, porque el autor purgó los textos que consideraba menos comprensibles para los lectores peninsulares.

El poeta y narrador rumano nacido en 1956 es considerado por los académicos como uno de los candidatos más sólidos de Europa Oriental para ganarse en el futuro el Premio Nóbel de Literatura. Rechaza, sin embargo, las etiquetas y, con especial ímpetu, las geográficas. En un ensayo leído en la Literaturhaus Hamburg con ocasión del coloquio “Europa Schreibt”, en 2003, el autor cuya obra El Levante (1990) le dio notoriedad se quejó de que editores y críticos europeos, cuando se acercan a él para ofrecerle la publicación de sus libros buscan satisfacer sus propios estereotipos. “Tres clichés, tres tics verbales, tres fantasías casi sexuales se extienden incluso hoy en día sobre la gigantesca península que nace en los Urales. (…) Europa Occidental, Europa Central y Europa Oriental. La civilización, la neurosis y el caos”, puede leerse en “Europa tiene la forma de mi cerebro”, la transcripción de la conferencia incluida en la colección que la editorial Impedimenta editó hace unos meses. El año que viene, el mismo sello se ocupará de su trilogía con forma de mariposa, Cegador (1996-2007).

Su búsqueda es la de una literatura honrada, una obra verdadera. Por eso su voz reclama de una la tradición literaria de occidente como una literatura universal, en la que no existen periferias. “No reconozco la división de Europa en esas tres zonas ni desde el punto de vista geopolítico, ni cultural, ni religioso, ni desde ningún otro. Sueño con una Europa diversa pero no esquizofrénica. Yo no he leído a Musil viendo en él a un rumiante de Kakania, sino a un príncipe del espíritu europeo. No me interesa en qué país vivió y escribió André Bretón. (…) Yo no he leído a Catulo ni a Rebelais ni a Cantemir ni a Virginia Woolf en un mapa, sino en una biblioteca, donde los libros están colocados unos junto a otros”. Las dificultades de ser un escritor rumano son una preocupación recurrente en sus textos. Critica a quienes aún creen en los escritores nacionales, pero le parecen peores quienes ven en su país la imagen de un territorio tradicional, folklórico y rural, o quienes piensan que el régimen comunista otorgó a la cultura de su gente una situación especial. “El telón de acero de la cultura europea es reconstruido con tesón por ambas partes, gracias a la indiferencia de los unos y el patetismo de los otros”. No cree en que a los ciudadanos del oeste les haya deformado la publicidad o a los del este el comunismo, sólo conoce la capacidad civilizadora de la literatura.

“El telón de acero de la cultura europea es reconstruido con tesón por ambas partes, gracias a la indiferencia de los unos y el patetismo de los otros”.

Hay, sin embargo, un registro aún más interesante que el del autor que puntualiza: es el del hombre que escribe. El título que da nombre al libro se construye sobre es ambiente íntimo. Una congregación religiosa de su ciudad organizaba un concurso en la cual debían presentarse escritos sobre la Trinidad. Por su puesto que se trataba del centro del dogma cristiano, las tres sustancias de Dios en una sola manifestación, pero el poeta presentó un texto sobre la muerte de su hermano pequeño, Víctor, de neumonía. “Crecí pegado a Víctor. Mi hermano creció pegado a mí. Los dos mirábamos fijamente a mi madre, con las caras tan juntas, con un amor tan radiante que nuestros ojos se deformaban, se volvían acuosos (una agua castaña, oscura), se estiraban como bolitas de mercurio, se rozaban y se convertían en finalmente en un único ojo grande y sabio y omnicomprensivo. Mircea. Mamá. Víctor.”

Desde la misma perspectiva emotiva y personalista escribe textos como “Mi Bucarest”, el recorrido por su ciudad natal, “Los años robados” o los escritos que escapan a la vocación biográfica del resto, como “Diario con Darwin”, “El cuarto corazón” o la muy divertida “La época del nes”, donde narra el inicio de su afición al café soluble.

A medio camino entre lo íntimo y lo formal, El ojo castaño de nuestro amor demuestra que Cărtărescu es lo mejor de la tradición europea contemporánea, aunque la gente insista en colocarlo en la periferia. O, quizá, precisamente por eso.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

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