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No es para tanto: 30 mensajes para comprender la cultura de la violación

No es para tanto: Notas sobre la cultura de la violación recoge una treintena de ensayos escritos en primera persona sobre agresiones contra las mujeres, con distintos grados de violencia. Porque la frase “cultura de la violación” puesta en boga por los colectivos feministas, muchos de ellos asociados al #MeToo, no es una marca de los tiempos, sino la definición del patriarcado que estructura el mundo y de la disfunción sistémica que protege el poder de los hombres, permitiendo —cuando no promoviendo— la condescendencia, el descrédito, la denigración, el menosprecio y la agresividad contra las mujeres.

La nuestra no es una cultura donde nos preguntamos si una mujer sufrirá algún tipo de violencia sexual, sino cuándo. Este es el punto sobre el cual la escritora y académica especialista en crítica cultural Roxane Gay (1974) construyó esta antología de la infamia que reúne textos de muchas mujeres, entre quienes están las escritoras Amy Jo Burns, Lyz Lenz, Lynn Melnick y Claire Schwartz, así como de las actrices Ally Sheedy (The breakfast club) o Gabrielle Union (Daddy’s Little girls). “Me desconcertó la cantidad de testimonios que había”, escribe Gay en la introducción al libro refiriéndose a los relatos sobre la violencia sexual y sus resultados en quienes las padecieron tanto como en sus parejas: “Me convencí entonces de que esta antología debía metamorfosearse en un espacio donde las personas pudieran contar sus vivencias, donde pudieran compartir la verdad intrínseca de todo este asunto y donde pudieran identificar como las ha marcado la cultura de la violación”. A los 12 años, Gay fue víctima de una agresión sexual en grupo. Cuando usa la frase “cultura de la violación”, sabe bien de qué habla.

El volumen traducido al castellano por Gemma Deza Guil para la editorial española Capitán Swing cuenta con magníficos prólogo y epílogo de la artista plástica madrileña Jana Leo, autora del libro Violación Nueva York, donde cuenta cómo en enero de 2001 un hombre la secuestró en su apartamento de Harlem y la agredió sexualmente. Después de 7 años de gestiones y un exhaustivo trabajo de recopilación de fotografías, transcripciones de entrevistas y pruebas forenses, logró que él fuera encarcelado y que procesara por complicidad al administrador de los apartamentos. En No es para tanto, el aporte de Leo es fundamental para contextualizar las ideas expresadas por las escritoras estadounidenses al caso de España. Recuerda en el prólogo que la antología se ensamblaba mientras en su país se fallaba el caso de “La Manada” y se consideraba “abuso” lo que claramente fue una violación. “Que la justicia juzgue a las personas de forma discriminatoria automáticamente devalúa a la víctima e implícitamente fomenta la violación por los privilegiados, ya que saben que el castigo que recibirán será leve”, escribe Leo, quien conoce bien ambas sociedades: “Los Estados Unidos tienen un problema con el racismo de sus sentencias y España tiene un problema con la impunidad y el poder de los cuerpos del orden”.

 

Moretones sobre la piel.

Un texto a desatacar en la antología es el testimonial que la abogada y dramaturga V.L. Sleek escribe sobre su violación en la universidad y cómo sus estudios de Derecho Penal no la ayudaban a superar el trauma: “En aquella época, el debate en torno al mérito de las señales de advertencia se estaba generalizando y ya se abría camino en nuestras aulas”. Allí prueba que en Estados Unidos están lejos de llegar a una jurisprudencia satisfactoria en estos casos. Y qué quedará para España y América Latina, donde date rape —o “cita con violación”— no existe ni siquiera como categoría mental.

La poeta neoyorkina de apellido Melnick no se refiera a la violación que sufrió en su juventud. Escribe sobre la humillante costumbre de ciertos hombres de usar sus piropos para amedrentar a las mujeres en la calle. Como tiene más de cuarenta años, los amigos —nótese el masculino— defenestran su rabia con un “luego los echarás de menos”. “Es bastante lamentable tener que elegir entre que te cosifiquen desconocidos intimidantes o la invisibilidad”, reflexiona la poeta que es madre de dos niñas; sabe que pronto ellas también estarán sujetas a la misma sociedad gobernada por hombres y por eso serán objetos que otros podrán sexualizar.

“El trastorno de estrés postraumático es algo muy real y despotrilla el alma de y la cordura de muchas de las personas que hemos sobrevivido a la violencia sexual”

Gabrielle Union (Daddy’s Little girls)

Una reflexión de Miriam Zoila Pérez podría resumir, a muy grandes rasgos, el logro de estaa antología: “La agresión sexual ha dejado de ser un mar de fondo en la vida política: ahora nos increpa desde los titulares de prensa, tiñe los debates electorales y da forma a los eslóganes de los mítines y los cánticos de las manifestaciones. Pero no es necesario que algo sea estridente para ser ensordecedor, para absorber todo el oxígeno de una habitación, para amortajar las ventanas y atenuar las luces”.

Los citados hasta aquí son apenas algunos casos del amplio abanico de temas y experiencias que abarca No es para tanto, un libro que es ingenioso y puntiagudo hasta en el título, porque como recuerdan varias escritoras en la antología, incluida la misma Gay, una de las estrategias más comunes de las supervivientes a las agresiones es comparar sus experiencias con las de otras mujeres (quienes supuestamente han tenido peores encuentros con hombres) y decirse “no es para tanto”. De esa manera son más severas consigo mismas y le siguen el juego al patriarcado, donde las mujeres son los principales chivos expiatorios, ya no solo de las relaciones de pareja, sino de la familia e incluso, del todo de la sociedad.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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