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Juan Gómez Bárcena y la voluntad de rescatar la voz de los oprimidos en Ni siquiera los muertos

“El Mesías viene no sólo como Redentor, sino también como vencedor del Anticristo. Sólo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador traspasado por la idea de que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y ese enemigo no ha dejado de vencer”.

El escritor Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) rescata esta cita de Sobre el concepto de historia de Walter Benjamin para dar nombre a su nueva novela, Ni siquiera los muertos. En su brevísimo ensayo póstumo, que es más bien una recolección de notas, Benjamin insiste en profundizar en cuál debe ser la tarea del historiador. Según él, no se trata de articular históricamente el pasado, como si éste fuera una línea progresiva y sin frenos que avanza constante en el tiempo, sino de recuperar instantes o recuerdos concretos para rescatar las voces y las vidas de los oprimidos, de los sometidos a la clase dominante. Gómez Bárcena, como Benjamin, es consciente de que la Historia es una historia de sometimientos, violencias y silencios, muchos silencios, y así lo refleja en Ni siquiera los muertos.

La nueva novela de Bárcena, autor de otros títulos como El cielo de Lima o Kanada, comienza en el siglo XVI, nada más finalizar la conquista de México. Allí, en México, reside Juan de Toñanes, uno de tantos soldados españoles que, tras adueñarse con esperanza de la nueva tierra, se ve abocado a una vida, otra vez, como ya lo era en España, de pobreza y desaliento.

Pero la mala suerte de Juan parece cambiar cuando los hombres del visorrey contactan con él para encargarle una misión: ir en busca de un indio que se llama como él, Juan, y que es una especie de profeta, de mesías, de líder espiritual y agitador de conciencias que a su paso no deja más que “cadáveres y opiniones”. Quince días, tan sólo quince días, es el plazo que Juan se dará para ir en busca del indio Juan y traerlo de vuelta, vivo o muerto. El viaje de Juan de Toñanes, finalmente, se extenderá mucho más allá de quince días. Se extenderá, de hecho, siglos.

Una persecución a través de la Historia.

Con un lenguaje riquísimo y en muchas ocasiones poético, repleto de metáforas, símiles y estructuras que se reiteran una y otra vez a lo largo del texto, Ni siquiera los muertos es un libro sobre muchas cosas, pero sobre todo es un libro acerca de cómo en la Historia se repiten ciertos patrones (dominaciones y lucha contra esas dominaciones) que terminan generando siempre el mismo resultado final: violencia, injusticia, dolor. Juan persigue al indio Juan a través de los siglos, pero siempre viajando hacia al Norte. Durante toda la persecución, el profeta Juan, el indio Juan, va modificando su apodo (Padre, Padrecito, Compadre, Padrote), aunque manteniendo rasgos similares da manera perpetua: cierto carisma, cierta tendencia al liderazgo, cierta aura de elegido y cierta tendencia, también, a encabezar luchas de dudoso resultado.

En su tesis IX de Sobre el concepto de historia, Walter Benjamin echó mano de un cuadro de Paul Klee, Angelos Novus, para desarrollar su noción de “ángel de la historia”. Ese ángel, que al fin y al cabo no es más que una sencilla metáfora, al estilo de la caverna platónica, le sirvió al filósofo alemán para explicar cómo el concepto de “progreso” era esa palabra bajo la cual tantos crímenes y desgracias se habían producido.

De la misma forma que el conocido ángel de la historia de Benjamin, el libro de Bárcena trata de ser esa herramienta que nos sirva para echar la vista atrás al pasado y, en vez de ver una sucesión de acontecimientos, observar un único desastre, una única catástrofe que va acumulando ruinas sobre ruinas.

 

Ignacio Romo González (@romogonzalez2) es graduado en Periodismo y actual estudiante de un grado en Filosofía. Entre otra cosas, le interesa todo aquello que tenga que ver con la literatura. Su página web es: https://romogonzalez.com/«.

 

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