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Mario Vargas Llosa: la hechura del escritor liberal

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, reconocido con el Premio Nobel de Literatura en el año 2010, ha recogido en La llamada de la tribu, su obra más reciente, las influencias que lo convirtieron en un liberal. En este completísimo ensayo, Vargas Llosa expresa su posición ideológica más sincera, desde el punto de vista más honesto: exponiendo las lecturas que lo hicieron ser una cosa y no otra. Tomando como referencia la obra del crítico norteamericano Edmund Wilson, To the Finland Station, en el que explicaba la evolución del socialismo, el autor de La ciudad y los perros reconoce en el prefacio su intención de escribir un libro para explicar su desplazamiento político, desde el marxismo de su juventud hasta el liberalismo del que no deja de hacer gala en cada una de sus apariciones públicas.

El planteamiento de este libro “autobiográfico”, como él mismo lo ha definido, pasa por la aproximación a siete figuras del pensamiento contemporáneo que, a través de su obra, influyeron en la posición ideológica que terminó adoptando Vargas Llosa a finales del siglo XX. El desengaño con la política del régimen cubano, del que fue defensor en su origen —justo después de la Revolución—, se unió a la decepción con la figura de Jean Paul Sartre —a quien admiró en su juventud marxista— cuando negó la existencia de campos de concentración en la URSS (los gulags) y más tarde los justificó alegando la “necesaria expansión” de la idea proletaria.

El primer síntoma de su desplazamiento, según recuerda Vargas Llosa, llegó cuando comenzó a sentirse fascinado por las columnas de Raymond Aron en el periódico francés Le Fígaro. El pensador liberal judío, enemigo ideológico de Sartre, comparte protagonismo en el texto con otros seis autores que, a pesar de una gran variedad de divergencias e interpretaciones teóricas entre ellos, tomaron los preceptos del liberalismo económico. Son, de más antiguo a más reciente, Adam Smith (1723-1790), el precursor de esta ideología que defiende la libertad económica del individuo; José Ortega y Gasset (1883-1955), el profeta que no vio materializados muchos de sus vaticinios; Friedrich August von Hayek (1899-1992), el más contundente y radical; Karl Popper (1902-1994), el primero nacido en el siglo XX y favorito de Vargas Llosa; Isaiah Berlin (1909-1983), que contrastó el pensamiento de otros con una “limpieza moral” inusitada para aquella época; y, finalmente, Jean-Françoise Revel (1924-2006), periodista y analista político irónico e implacable.

La nación y la cultura de masas.

Partiendo de la premisa del “odio a los dictadores de cualquier género” que reconoce en el prefacio, La llamada de la tribu es una protesta contra la cultura de la masa (o el “espíritu de la tribu” del que hablaba Popper y que da título a la obra) a la que ya se refirió Ortega y Gasset, quien se lamentaba de la existencia del individuo subordinado a un régimen que tomaba por él las decisiones. El autor, derrotado en la candidatura a la presidencia de la República de Perú por el Frente Democrático en 1990, elabora en este ensayo una ferviente defensa del individualismo —la libertad de cada quien para tomar decisiones que transformen la realidad— como motor del progreso social. Por más que muchas de sus expresiones sean más que cuestionables desde un punto de vista incluso ético, es muy respetable —casi admirable— la difícil decisión de expresar una posición ante el mundo a través de las lecturas que resultaron ser trascendentales en su educación ideológica.

Para establecer de manera clara la diferenciación entre los términos “liberalismo” y “conservadurismo” —la izquierda se empeña, según el autor, en confundirlos de manera interesada—, se apoya en Hayek, otro de sus favoritos, que rechaza al conservador porque él “no ofrece alternativa a la dirección en que avanza el mundo, tiene miedo al cambio y desconoce las fuerzas que mueven la economía”. Por su parte, el liberal es escéptico y autocrítico, por tanto tolerante y conciliador, dice Hayek, quien tiene opiniones tan incendiarias como la referida a la situación chilena con Augusto Pichonet, cuando había, según él, más libertades que en el gobierno democrático populista de Salvador Allende. Además, “un conservador suele ser nacionalista”, dice Vargas Llosa, y para colmo se cree que es lo mismo que ser un patriota.

En realidad, toda la obra es una crítica feroz hacia el nacionalismo, una idea común en todos los autores desarrollados, que lo consideran el cáncer de las sociedades occidentales, y el germen de conflictos históricos aún no resueltos. Es sorprendente la profecía que hace al respecto Ortega y Gasset, que lo considera el problema fundamental del sistema democrático en España. Vargas Llosa, que de cuando en cuando se inmiscuye en el relato para narrar alguna experiencia relacionada a cada caso, no vacila al expresar su profundo rechazo hacia el nacionalismo, y lo ejemplifica, cómo no, a través del problema español en sus vertientes vasca y catalana.

“El conservador no ofrece alternativa a la dirección en que avanza el mundo, tiene miedo al cambio y desconoce las fuerzas que mueven la economía”

La llamada de la tribu es un ensayo filosófico, político, teológico y económico, y cada una de estas disciplinas son inseparables a la hora de abordar el análisis sobre el liberalismo. Por otro lado, se trata de un libro divulgativo, sin mayores pretensiones que las de dar a conocer, en profundidad y de primera mano, los orígenes de la teoría liberal a través del pensamiento de su figuras fundamentales. Con todo, ante la más evidente refutación que pudiera tener el liberalismo económico en la actualidad, que no es otra que la generación de desigualdad provocada por las políticas llevadas a cabo en su nombre, Vargas Llosa elabora una justificación poco convincente, agarrándose al pensamiento de Hayek. Según el Nobel, la desigualdad, “para ser éticamente aceptable” —¿es que puede serlo?— “sólo debería reflejar aquellas diferencias de talento y esfuerzo y no resultar en caso alguno del privilegio ni de cierta forma de discriminación o injusticia”. Un argumento insuficiente que parece sacado de un discurso político.

La noción de libertad es centro de múltiples interpretaciones ideológicas en este texto, una suerte de manifiesto en favor del liberalismo. El autor expone cada una de ellas con habilidad, e incluso desarrolla un esclarecedor discernimiento sobre la libertad según la propuesta bicéfala de Isaiah Berlin, que lo separa en “negativa” y “positiva”. Por el contrario, este texto contra los dogmas que aboga por la pragmática resulta ser, paradójicamente, un tanto reiterativo. Mientras el lecto avanza a través de las páginas de La llamada de la tribu, a menudo se tiene la sensación de estar leyendo lo mismo que en páginas anteriores, aunque con distinta formulación expresiva.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares

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