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Vestida de corto, de Marie Gauthier o cómo unirse en el recuerdo para siempre

En una traducción al castellano de Blanca Gago, la editorial Nórdica ha publicado Vestida de Corto, la obra cautivadora de Marie Gauthier (Annecy, 1977) que obtuvo en 2019 el Premio Goncourt de Primera Novela. En ella se nos cuenta cómo Félix, todavía casi un niño, ha de empezar a valerse por sí mismo. Por tanto, su madre lo deja al cuidado de un capataz para que se convierta en un aprendiz capaz de chapucear alguna actividad, la que sea, bajo la somnolienta mirada de su desocupado tutor. Durante el verano dormirá en la casa de su protector, en donde también vive Gilberte, la hija, madura moza de dieciséis años que prefiere que la llamen Gil.

Gil atrae a Félix con una fuerza centrífuga animada por la confusión. De tal forma que, al sentirla cerca, puede invocarla escuchando los crujidos de la escalera o viendo el árbol del patio. El deseo fabrica un acuerdo misterioso entre la joven y el lugar, ya por siempre unidos. Tras cortar los setos, caída la noche, Félix, ayudado por el murmullo lejano del río y el halo blanco de la luna, espera al otro lado del pasillo, frente al dormitorio de Gil, a que algo se mueva animado por sus ansias.

 

La maduración del niño.

Félix se desvela por abandonar su propio ser y dedicarse a otra criatura, dejando de mirarse a sí mismo con el fin de compartir un tiempo y un lugar con el objeto de su obsesión. Por supuesto, el pequeño descubre que ella prefiere fugarse hacia los brazos de hombres hechos y derechos durante sus horas de ocio.

Al poco de conocerse, los adolescentes cumplen con el rito inevitable de ver juntos una película. Sus respiraciones se acompasan mientras se adentran en el mundo imaginario sugerido por las imágenes. Respirar al mismo ritmo, lograr la sincronía de una marea, una de las primeras señales de la intimidad.

Félix lee un texto a Gil que alude a una chica y a una habitación desde donde se ve el mar. Sus imaginaciones se juntan hasta hacer sonoros los rumores azules. La fuerza de sus esfuerzos posee tal calibre que parece que la protagonista aparecerá ante ellos en cualquier momento, aunque las palabras tratan sobre el horror de desaparecer. Gil sabe de lo que se escribe, pues suele imaginar que muere ahogada bajo las olas marinas mientras un desconocido la observa desde la orilla y un pájaro trina a lo lejos. Esa muerte fingida le permite escapar de las rutinas de sus tareas: trabajar en un supermercado, ocuparse del hogar.

 

El despertar sexual.

Al fin, Félix sorprende a Gil en una bañera que ella usa como concha en la que refugiarse, oculta por el vaho tropical del agua caliente. La rodea un baño casi lujoso, con su lavabo cuadrado, la alfombra azul regio, los azulejos blancos y azules. Un oasis en medio del desierto pobre de la casa, una venera sobre la arena. Pero el cuerpo desnudo cercano no calma la desazón de Félix, pues no le sirve para salir de su íntima clausura. Por culpa de su juventud, Félix no sabe cómo cumplir su afán, llegar a la suma perfecta con Gil.

Con el final del verano llega la hora de hacer saldo, de dar un último paseo por la ribera del río. Allí, Gil comete un acto que dejará una marca en el lugar y en la mente de Félix. Desde entonces, él se estacionará en ese estío perpetuo, iluminado por sol fijo del recuerdo de aquella adolescente.

Al surgir esa comunión, siente que ha dejado de ser niño. Tras ese día, se une a Gil en la memoria hasta la muerte, creando una imagen que nunca desaparecerá: “Lo vivido volverá una y otra vez cada vez que la recuerde, al igual que la luna provoca las mareas. Todos esos días, los afluentes de recuerdos, desembocarán ya por siempre en la persona que amas. Con suerte, si la dicha es recíproca, os sumergiréis en las mismas aguas al surgir el recuerdo. Tu pasado y el suyo, antes distintos, se convertirán en un común presente continuo. Así, el río dejará de fluir, quedándose en lago o poza”.

 

Antonio Palacios colabora con las revistas Estación Poesía, Clarín, Letralia, El Coloquio de los Perros, Ariadna y Revista de Letras, entre otras. Publicó Yo sombra, en 2018, un libro que se comprende de una novela, un libro de entrevistas, una guía de viajes, una sátira y un ensayo poético sobre la verdadera naturaleza de los sevillanos.

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