María Elena Ramos «reflexiona sobre un valor esquivo» en El libro de la belleza

 “Una belleza de la que están excluidos la mayor

parte de los seres humanos es un privilegio despreciable”

Antonio Muñoz Molina

Aunque sea un valor esquivo, la belleza es privilegio de lo humano: su más alta aspiración. El lugar donde se articulan los sueños y los deseos, las metas que hacen de cada quien una persona mejor. La literatura es apenas una de sus aristas. Y la plástica, dentro o fuera de museos y galerías, también se queda corta. Lo bello es un vínculo entre personas, cualquiera que sean las realidades a las cuales pertenecen.

Uno de los más bellos ensayos de los últimos meses lo publicaron juntas una editorial española y una venezolana. Se trata de El libro de la belleza: Reflexiones sobre un valor esquivo de María Elena Ramos, que está en librerías a los dos lados del Océano Atlántico gracias a los oficios de la Fundación Atesano Group y de Turner Libros, que desde 1970 es una referencia europea de la cultura en castellano. El libro devuelve lo estético al ámbito de los museos, la religión y la vida, después de que la cultura “pop” le hubiera convertido en un tema más que cotidiano, virtual. La estética de ciertas utopías políticas como la fallida belleza del mal también transitan estas páginas. Pero trasciende lo político, lo plástico y lo religioso el mundo de retazos donde el fragmento y la cita son el estilo creado por la mujer que presidió durante el cambio de siglo el Museo de Bellas Artes de Caracas y fue miembro fundador de la Galería de Arte Nacional, así como del Museo de Arte Popular de Petare en Venezuela.

Por supuesto que hay belleza en los asuntos de todos los días –basta con leer el hermoso texto donde Ariel Jiménez habla de su juventud en un barrio marginal de Caracas a través la metáfora del brillo de los techos de zinc después de la lluvia, que Ramos reproduce con el título de “Cercana lejanía”–, pero la propuesta el libro no se centra en eso, sino en el recorrido histórico (y espiritual) que las nociones de qué es bello han hecho en Occidente y cómo han ayudado a crear la cultura contemporánea. “La belleza, tiránicamente, se asocia a la moda, a la juventud, a la extrema delgadez, y muchas vidas jóvenes son arruinadas por esa superstición obsesiva. Pero si hay en la belleza en la juventud también la hay en las huellas del tiempo y de la experiencia, y no hay cuerpo saludable y racionalmente cuidado que no sea atractivo, unas veces con su delgadez y otras con su carnalidad, con la piel muy tersa o con la gravidez lenta de los años”, escribe Antonio Muñoz Molina en el prólogo de la publicación: “La belleza verdadera siempre tiene algo de irregular, de inacabado, a veces de punto de exceso, un forzar las normas hasta su mismo límite”.

El libro de la belleza está dividido en tres partes. La primera, “Las construcciones sobre la belleza”, se refiere a los diferentes sistemas de pensamiento que sobre lo estético se han articulado en Occidente, desde ámbitos tan diferentes como la política, la religión y las ciencias. Titulada “Las negaciones de la belleza y lo bello”, la segunda parte señala cómo la modernidad y la posmodernidad han negociado con este concepto o han cuestionado los estándares que tradicionalmente se le atribuían. La sección más bella es la que cierra el libro. En “Certeza y enigma”, Ramos se dedica a cuestionar la utilidad de la estética. Aquí el lector la acompañará de cerca. ¿Puede la belleza salvar?, nos preguntamos ante la última media centena de páginas de la obra bellamente editada en papel glasé y tapa dura. La autora afirma que la estética es un herramienta de la mejoría individual y social al proponer reflexiones sobre las relaciones de la marginalidad con la violencia, así como también del espacio que ocupa la belleza en aquellos lugares donde la vida se reduce a los espacios más precarios.

“Parece haber una relación directa entre la capacidad de encontrar belleza –alrededor, en los otros en sí mismo– y la resiliencia, esa característica humana tan antigua pero de interés científico reciente, según la cual se responde ante la adversidad no solo con coraje para no dejarse abatir, sino con esperanza y alegría, con capacidad productiva para hacer y transformar”, escribe Ramos.

He aquí la razón de nuestra imperecedera necesidad de reflexionar sobre lo bello: si la vida no es más que un cúmulo de hechos funestos, ¿qué es la belleza sino la sublimación de nuestras penas y la capacidad de reconocer nuestras alegrías, por más vagas que sean?

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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