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Manuel Vilas: “En España hay una tendencia a odiar todo lo que funciona bien”

Hacía falta en la literatura española más actual un libro que sacara los colores a la Transición. Al menos desde una perspectiva tan lúdica y singular como la que proyecta Manuel Vilas en Lou Reed era español (Malpaso, 2015), una novela agridulce que relata los viajes a España del rockstar americano desde el punto de vista del autor. “Reproduzco la vida de Lou Reed de manera fidedigna en la mayoría de las ocasiones”, asegura Vilas, aunque reconoce que “es un acercamiento libre y literario a una figura popular que siempre me ha interesado mucho”.

Además de situar a la música como elemento importante de un paisaje social en transformación tras cuarenta años de franquismo, Lou Reed era español también es una radiografía —con banda sonora— de un cambio de actitud, de una apertura mental donde hubo un choque generacional interesante que se describe en el libro con tanta frescura como precisión. Es, en definitiva, “un libro político”, tal y como afirma el mismo Vilas, que analiza la sociología española de la Transición a través de una confrontación de iconografías donde Lou Reed, “La Voz”, representa la modernidad frente a una España estancada. Es un juego de espejos en el que la voz del narrador se desplaza desde la primera hasta la tercera persona, dejando finalmente el testigo al propio Lou Reed, que se dirige a su público español, e incluso a la propia muerte. Un género híbrido que se inserta en la polémica categoría de No ficción para una obra compleja en la que el autor asume un riesgo que siempre se agradece.

«No es que haya muerto la ficción, es que se puede escribir sobre otras cosas, al contrario que antes, donde la novela, con su estructura clásica, era el género rey»

– ¿Qué ha pasado con la ficción en la narrativa contemporánea?

– Puede que haya un cansancio. Probablemente la gente quiere que les cuenten historias reales, es una consecuencia de una época en la que vivimos, marcada por el deseo de contar historias basadas en la realidad y no en la ficción, o explorar campos literarios nuevos. No es que haya muerto la ficción, es que se puede escribir sobre otras cosas, al contrario que antes, donde la novela, con su estructura clásica, era el género rey. Se trata de explorar otras posibilidades, pero en realidad lo hace también la fotografía, la industria o la tecnología. No hay nada de particular o exclusivo en la literatura, aunque nos pueda llamar la atención porque es un arte.

– ¿Dónde están los límites de la mentira?

– En literatura vale todo lo que se escriba mientras esté controlado por un autor inteligente que sepa dominar la materia de lo que escribe.

– ¿Es este un libro en el que hablas sobre lo que te emociona, sin duda Lou Reed, y lo que te atormenta, España? ¿Qué es lo que más le duele de este país?

– No voy a ponerme tan dramático como los de la Generación del 98, pero el problema reside en el concepto de modernidad. Como escritor me interesa porque si no hay modernidad, no puedo hacer bien mi trabajo. Y la vanguardia en este país sufrió un palo fuerte con una dictadura de 40 años estéticamente cutre, paleta y beata que no dejó que avanzáramos.

«Franco sigue muy presente en la vida española. Desde la herencia de ETA hasta el problema del secesionismo catalán, todo son circunstancias no resueltas de la historia de España que se hacen especialmente irresolubles por culpa del franquismo»

– Precisamente el libro es un retrato de esa España en Transición que aún siente el aliento en la nuca de 40 años de dictadura (“el franquismo estaba por encima de Franco”, dices). El Chico, el protagonista, viaja por España en busca de un futuro interesante. ¿Era cierto ese futuro que le aguardaba a España tras la Transición?

– Lamentablemente Franco sigue muy presente en la vida española. Desde la herencia de ETA hasta el problema del secesionismo catalán, todo son circunstancias no resueltas de la historia de España que se hacen especialmente irresolubles por culpa del franquismo. Una de las cosas más graves que no hizo la derecha española fue haber condenado el franquismo sin paliativos. Si lo hubieran hecho, ahora sería una derecha más verosímil. Era una necesidad histórica de primera magnitud para la sociedad española.

– Si es cierto que una voz, La Voz, puede transformar a alguien de una forma tan asombrosa como sucede con el protagonista, ¿qué Voz de referencia le hace falta a España para transformarse?

– De momento el fútbol es la seña de identidad más importante que tenemos (risas). Ahora bien, ahora no tenemos un político importante. El último fue Felipe González, que protagonizó una escena internacional interesante, y aquí lo odia la gente. En España hay una tendencia a odiar todo lo que ha funcionado bien, y la realidad es que ahora en España no pasa nada que catalice la escena internacional.

– Dices en un pasaje del libro que “entonces las cosas se medían por semanas; no por segundos”, como ahora. ¿Quizás por eso antes permanecieron Lou Reed, Bowie, Jim Morrison, etc., y hoy casi nadie permanece, al menos en la música?

– Claro, eso se explica por el momento tecnológico que atravesamos. Se está desvaneciendo el concepto de historia que teníamos. La gente que muere desaparece a los cinco minutos. No existe la historicidad de antes, y eso tiene que ver con cómo ha modelado nuestro cerebro la tecnología.

– En alguna ocasión has manifestado que cuando dieron el Nobel a Dylan te sentiste “respaldado”. ¿Este reconocimiento sirve para que el término “baja cultura” comience a desaparecer?

– Con el Nobel a Dylan se escenifica el equilibrio entre la alta y baja cultura que ya estábamos empezando a ver. Ni Dylan ni Lou Reed son grandes escritores, pero cuando se unen sus voces y sus letras se produce un fenómeno poético. Sus voces son especiales y, unidas a ciertas letras, provocan la misma emoción que la que produce la alta literatura. En esas voces se ha fundamentado la cultura popular.

«Ni Dylan ni Lou Reed son grandes escritores, pero cuando se unen sus voces y sus letras se produce un fenómeno poético»

– En el libro haces también una reflexión sobre el fenómeno fan en la música. ¿Qué hay de la literatura mediática? ¿Qué sensación le produce un autor que tiene que soportar grandes colas de gente en una firma de la Feria del Libro, por ejemplo?

– La sensación que me produce es envidia (risas). Se trata del capitalismo de la industria editorial. En general, la literatura está un poco tocada y, salvo 4 o 5 que venden muchísimo, los demás están en una zona muy delicada. España es un país que no se lleva muy bien con la cultura, aunque luego hay casos como el de Patria, de Fernando Aramburu, en el que la buena literatura conecta con multitud de lectores.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares.

 

La foto de Manuel Vilas que acompaña a esta entrevista es de Columba Villarroya.

 

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