un mundo feliz

El mundo feliz según Luisgé Martín

Si la vida es un “sumidero de mierda o un acto ridículo”, ¿qué hacer para construir un mundo feliz? Es la premisa que plantea el escritor Luisgé Martín en su ensayo más reciente, publicado por la editorial Anagrama. En una sociedad neoliberal donde la competitividad feroz conduce al individuo a la insatisfacción, es necesario el engaño. Según el autor de El amor del revés, se ha desdeñado el concepto de felicidad con la inclusión de tópicos románticos como la virtud del fracaso o el derecho a la tristeza. El ser humano ha adoptado términos tan grandilocuentes como la autenticidad o el heroísmo para no verse sumido en la mediocridad. ¿Pero es esta la postura más inteligente?

“¿Cómo no hay más sabios que defiendan la extinción de la especie?”, se pregunta el autor. Y justifica su pesimismo a través de una definición muy personal: “es una conciencia que no le extirpa a uno las ganas de vivir, sino que muchas veces, al contrario, se las acrecienta”. Ciertamente, El mundo feliz. Una apología de la vida falsa destila una veta de esperanza: una sociedad mejor es posible si se renuncia de una vez por todas al derecho a ser un desgraciado para atender al avance científico y tecnológico como única posibilidad de futuro. La farmacología, la ingeniería genética o el transhumanismo son el verdadero progreso. Si la experiencia nos dice que el ser humano nunca ha sido feliz, ¿por qué no confiar?

En contra de las interpretaciones negativas que siempre se han hecho de algunas hipótesis distópicas como la película Matrix o la novela Un mundo feliz, Martín se apoya en estas referencias como puntos de partida positivos. El autor es más partidario de un mundo en el que los seres son fecundados artificialmente que de la lucha por la libertad que defiende el protagonista, John el Salvaje, en la novela de Huxley. Asimismo, se posiciona en contra del Morfeo de Matrix, que propone al protagonista descubrir que el mundo donde habita vive es una mentira. “¿Es preferible la libertad dolorosa a la servidumbre feliz”, se pregunta Martín.

Al fin y al cabo, dice, “sólo somos agrupaciones complejas de células” y, como tal, hemos de aceptarnos. ¿Por qué perseguir el heroísmo si nunca nos condujo a nada?, parece decirnos, y sugiere que vivimos en una sociedad que se cree laica y, en el fondo, no deja ser puritana. Se apoya en ejemplos como el de Aquiles, icono del héroe incluso en la sociedad contemporánea por haber abandonado el gineceo, donde vivía feliz, para partir hacia una guerra en la que iba a morir. La autenticidad es una lacra, procede del autoengaño y mientras no lo superemos, seguiremos siendo una civilización perdedora.

¿El hombre es un lobo para el hombre o es bueno por naturaleza? La disyuntiva entre Hobbes y Rousseau, que “resume toda la historia de la doctrina política” según el autor, está en el centro de la idea sobre la que orbita este ensayo. Las críticas más vehementes apuntan hacia la teoría del filósofo francés, germen del “pensamiento izquierdista” que responsabiliza al Sistema de todos los males del hombre. La Ilustración, un “momento de esperanza infundada” que abandonó al pensamiento y la sabiduría el desarrollo del ser humano, es el mayor fracaso social de la historia, dice Martín. Por tanto, el hombre no es bueno por naturaleza, pues constantemente sucumbe a la ira, la traición, la hipocresía y otros conceptos que desarrolla en la parte final de la obra.

“¿Cómo no hay más sabios que defiendan la extinción de la especie?”

Por ejemplo, de la estupidez humana asegura que “no ha menguado” con respecto a épocas anteriores, sino que “la gran diferencia es que ahora la mayor parte de los imbéciles creen que no lo son”. No es la única declaración taxativa que incluye a lo largo del ensayo. Precisamente, en su afán por desacreditar las virtudes del ser humano, se refiere al utilitarismo, una doctrina basada en la “acción éticamente correcta” que “produce un mayor crecimiento de la felicidad colectiva o una mayor disminución del sufrimiento”. Así, mientras que la violación sería una “acción reprobable” porque el placer del que la ejecuta nunca será mayor que el sufrimiento del que la padece, que un pederasta pague por tener sexo con un niño del Tercer Mundo será una “acción buena” porque “estará sumando dos incrementos de felicidad (el suyo y el del niño)”.

Polémico y arriesgado, El mundo feliz es un libro valiente con una asombrosa fluidez en la prosa y en el modo de sintetizar semejante cantidad de información en tan pocas páginas, sin resultar por ello vago o impreciso. Un ensayo lúcido y revelador que tiene entre sus principales aciertos el de la buena elección de las referencias, que se erigen como un apoyo sustancial a la teoría del autor: pesimista y esperanzadora al mismo tiempo. Si la experiencia y las páginas de historia lo han hecho desconfiar del hombre, el asombro ante el avance científico y tecnológico ha conseguido que crea en un mundo mejor.

“El comunismo llegará gracias al triunfo del capitalismo”

A lo largo del libro, el autor de La vida equivocada desmitifica las virtudes del ser humano hasta plantear su propuesta sobre un mundo ideal, basada en la asunción de que sólo somos células. “El comunismo llegará gracias al triunfo del capitalismo”, asegura en otra de sus sorprendes declaraciones. Así, en El mundo feliz según Martín el sexo dejará de ser reproductivo, la muerte no será como la conocemos y la enfermedad será marginal, se podrán vivir muchas vidas gracias a una vida virtual (post mortem) que nos permitirá disfrutar de multitud de experiencias, y los sentimientos tendrán remedios farmacológicos.

Martín alienta al lector a que cuestione cualquier tipo de postulado que trate de dignificar al ser humano, y al mismo tiempo a que confiemos en el desarrollo científico y tecnológico como único modo de construir un mundo feliz, “sin sus rasgos aberrantes”. Si la premisa era que “el mundo es un sumidero de mierda” por culpa del hombre, la solución que propone es la deshumanización. “En ese momento el ser humano estará preparado por primera vez en su historia para ser feliz”, concluye.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares

 

Si te gustó esta reseña, te invitamos a leer nuestra reseña del libro El amor del revés, la entrevista con Luisgé Martín y el prólogo que él escribió para la novela La playa de Cesare Pavese.

 

 

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