foto Luisgé_Martin (germán gómez)

Luisgé Martín: “Ahora me interesa la literatura que está pringada del autor y de la realidad más que de la ficción”

Le pregunto por sus proyectos y Luisgé Martín sonríe sin satisfacción. Dice que no ha vuelto a escribir nada desde que entregó El amor del revés, la novela autobiográfica que hace poco publicó en Anagrama. Pienso que no es para alarmarse pues publica con regularidad. Cometo el error de decírselo. Me refuta gesticulando hacia el cielo. Pero entre 2012 y 2016 ha publicado un libro al año. Tres en 2013: el de viajes Donde el silencio, el de relatos Todos los crímenes se cometen por amor y la novela La misma ciudad. La verdad es que no puede dejar de pensar en escribir, aunque tenga un trabajo “que le pague las cuentas” y compromisos en varios lugares para hablar de literatura y enseñar el oficio de narrar. Puede ser que aún no se haya sentado frente al computador para pasar en limpio sus nota, pero desde hace meses acaricia la posibilidad de acometer el desafío de escribir su ensayo de largo aliento. No quiere revelarme ni el tema ni las tesis que lo inspiran. Por si acaso, tiene varios proyectos. Conversamos en la librería Tipos Infames en Madrid, la ciudad donde nació en 1968.

Me cuenta que El amor del revés fue mucho menos difícil de escribir de lo que parece. Tenía años rumiando esa autobiografía sentimental que comienza cuando descubrió en la adolescencia que es homosexual y le resultó satisfactorio volver a todo aquello. Y eso es raro para alguien como él que sufre todo o que escribe. “Soy una persona con inclinación a la nostalgia”, me cuenta después de apurarse un trago de cerveza: “en ese sentido, el recobrar incluso los muchos momentos dolorosos y tristes que hay en el libro con distancia se pone perspectiva de por medio”. Ahora si le creo y me atrevo a preguntar:

– La metáfora central del libro es la de pasar del monstruo, la cucaracha, el hombre invertido al ser humano, pero la noción y las características del monstruo son hechura del tiempo y el lugar en el que nació. ¿Se ha superado ya la producción de monstruos sexuales?

– No creo que la cucaracha sea solo una construcción cultural de aquel momento y de aquella época. Las minorías a lo largo de la historia (y me atrevería a decir que también será el caso en el futuro) han estado construidas como ‘monstruosas’. En los colegios, por ejemplo, los niños, que son mucho más crueles que los adultos, siempre se van a reír de los que son diferentes: de los que tienen gafas, de los gorditos, de los maricas. Los gays siempre van a ser una minoría y siempre van a tener ese punto de vulnerabilidad. No creo que eso desaparezca nunca del todo. Ahora bien, dentro de esos márgenes es evidente que hemos avanzado mucho, el mismo hecho de que haya alguien como yo que pueda escribir este libro y tener cierta repercusión con él es prueba de que las cosas han cambiado. Hay referentes en cine y televisión, hay personajes públicos, así como un cambio legislativo.

“Los gays siempre van a ser una minoría y siempre van a tener ese punto de vulnerabilidad. No creo que eso desaparezca nunca del todo”

– Pero a pesar de eso se han creado nuevos estereotipos para nombrar la homosexualidad…

– Me dan pereza los estudios de género, como casi todos los planteamientos académicos. Es verdad que toda evolución conlleva a la creación de estereotipos, de nuevas figuras, discursos y formas de enfrentarse ala realidad. Algunas de ellas, incluso, son perversas. Los movimientos de rebeldía y de búsqueda de la propia dignidad en las generaciones de tránsito crean perversiones. Ha habido un feminismo perverso y puede haber un movimiento gay que tenga su parte de perversión. Esto hay que saberlo: saber que no tienen que ver ni con el feminismo ni con el movimiento gay, sino con la propia biología de las generaciones. Hay nuevos estereotipos LGBT que se han multiplicado de tal manera que es una prueba de que no hay tales porque al final hay tantos que terminan por reproducir a la sociedad en su conjunto.

– ¿De qué manera los amores “del revés” y “del derecho” se parecen?

– Absolutamente. Hay una frase en el libro de la que me siento satisfecho: “El amor no tiene nada que ver con los genitales; nace en el corazón o en los labios”. La perplejidad del niño que yo fui en su momento es la perplejidad de alguien que por un lado sabe que lo que siente es terrible, pero que por otro lado no entiende por qué eso es socialmente demonizado pues él lo único que hace es querer a una persona. Los amores del derecho y del revés son idénticos. Pero los amores anteriores a mi generación crecieron con la obligación del silencio, sin madurez emocional, por eso son amores distintos, parapléjicos; no porque sean homosexuales, sino porque han sido silenciados. También te diría que hay una diferencia marcadísima entre los amores masculinos y los femeninos; entre las parejas homosexuales masculinas y las lesbianas son diferentes.

– ¿En qué sentido?

– Son más fieles las mujeres. Tienen la sexualidad vinculada al sentimiento, son más metódicamente ordenadas y poco más.

“Los amores del derecho y del revés son idénticos”

– ¿Es El amor del revés un momento de inflexión en tu escritura?

– La pregunta es complicada. Por un lado, es un libro distinto que supondrá un antes y un después porque ha tenido más proyección que los otros, además es autobiográfico y tenía la sensación de que iba a suponer un viraje brusco. Pero los proyectos que tengo ahora pueden emparentarse con lo que trabajaba antes. No creo que sea un cambio brusco. Lo importante es que había llegado a una especie de hartazgo de mí mismo en mi otra línea narrativa y necesitaba algo distinto. En una presentación de su obra Clavícula, Marta Sanz decía que cada vez se sentía más deshonesta escribiendo ficción. Yo también. Esto es algo biológico, cuando tienes más edad y has avanzado en tu carrera literaria albergas el deseo de enfrentarte a la realidad pura, a la tuya y a la del entorno. Me pasa también como lector. Ahora me interesa la literatura que está pringada del autor y de la realidad más que de la ficción.

– ¿Cómo es tu cotidianidad?

– Posiblemente muera de un infarto y la entrevista sea póstuma.

– No, por favor, eso sería una enorme responsabilidad para mí.

– (Ríe) ¿Te refieres a mi cotidianidad de escritor? Bueno, cuando ya tomo la decisión de ponerme a escribir soy cartesiano, me dedico solo a escribir. Necesito vivir en una especie mundo paralelo mientras termino una novela. La continuidad es importante porque si me salgo de la historia luego volver a entrar cuesta un enorme esfuerzo porque se me van los personajes y las ideas.

– ¿Qué descubriste con este libro?

– Primero, que es falsa la idea de que la memoria es corta y no alcanza. Pensé que el libro me iba a quedar pequeñito y que tendría que buscar cosas para añadir y ha sido al revés. Al final, había más recuerdos de los que creía. También reafirmé que soy inconsciente o bastante honesto, porque esto solo se podía escribir contándolo todo con absoluta sinceridad, yendo hasta el fondo de los sentimientos. Se suelen hacer pocos libros realmente confesionales, incluso cuando son biográficos los libros se quedan en la superficie o el protagonista se disfraza, se embellece.

“Se suelen hacer pocos libros realmente confesionales, incluso cuando son biográficos los libros se quedan en la superficie o el protagonista se disfraza, se embellece”

– ¿Crees en la literatura como sanadora?

– Sí. Los letraheridos nos hemos sentido cautivados en algún momento por la literatura y desde allí seguimos siendo lectores no solo por placer estético, sino porque lo leído nos ha raspado en algún lado de las vísceras. La literatura es a veces sanadora y otras hiriente. Como lector, la única literatura que tiene sentido es aquella que te raspa y te toca algo. A mi edad hay cada vez menos libros que tengan ese efecto, las cosas te sorprenden menos. Esto pasa también con las ciudades que visitas y la gente que conoces. Como escritor, la literatura me ha permitido vivir más de una vida y eso también cura, porque transforma lo mediocre.

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

El retrato de Luisgé Martín es de Germán Gómez

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