La foto de 2015 muestra al escritor francés Alain Finkielkraut posando en su casa de París./ Foto: AFP / JOEL SAGET

Lo único exacto para Alain Finkielkraut es que la historia no se repite

La seule exactitude (nombre que puede traducirse como “Lo único exacto”) presenta setenta ensayos breves al estilo de las columnas de opinión que Alain Finkielkraut publica con regularidad en los medios de comunicación de Francia o de sus intervenciones en Répliques (“Réplicas”), programa que tiene 30 años en la emisora radial France Culture. Puesto que ningún artículo tiene el mismo título del libro, “lo único exacto” podría aludir a la posición que toma el intelectual ante la violenta agitación del siglo XXI, marcado por ataques terroristas masivos y contraofensivas bélicas.

En el ensayo llamado “El espíritu de la penitencia” denuncia el gesto de cierto tipo de pensamiento liberal mainstream –aunque prefiera identificarlos de manera vaga como “la gente”– que al tratar de comprender las agresiones reivindicadas por grupos fundamentalistas islámicos condenan a los estados occidentales. “Según una dialéctica ya demostrada, la denuncia del fanatismo se revuelve en desaprobación de uno mismo. La República se deja acusar: se acusa, confiesa sus pecados se cubre la cabeza con ceniza y promete emprender sin más tardar la vía de la redención”, escribe. Al interpretar los hechos contemporáneos, lo único que parece verdad para quien es miembro oficial de la Academia Francesa desde enero de 2016 es que, en su afán por la igualdad y la corrección política, las naciones de Europa, herederas directas del proyecto ilustrado, están listas para convertir al otro en víctima a costa de la demonización de su propio legado.

Más adelante, en el mismo ensayo, el profesor de Historia de las Ideas en la Escuela Politécnica de París explica: “Creemos que la mundialización económica y tecnológica nos ha metido en la edad de la historia universal. Pero, en este tiempo de la salida de la religión que es el nuestro, se estudia y se admira el desafío de Don Juan a la estatua del Comendador mientras, en caso de ofensa a Dios misericordioso o a su profeta, la simpatía de la mayoría de los musulmanes se dirige espontáneamente hacia la fuerza que castiga al ofensor”. La cita amplía el significado “lo único exacto” para Finkielkraut, no desde la desconfianza de la globalización, sino de la interpretación de ésta que han hecho las personas. Dice que la secularización de las sociedades ha sido más intensa en Europa y Occidente que en los demás países, en especial los de Oriente Medio. La conclusión es que en su afán por integrar a las naciones con economía emergente en la globalización y de asimilar a las minorías musulmanas, los occidentales han estado prestos a permitir formas de religiosidad que no están dispuestos a tolerar entre cristianos y judíos.

Creo que Finkielkraut juzga por lo que conoce dentro de la comunidad de intelectuales donde se mueve. No me parece que su postura se corresponda con la realidad. Después de los atentados terroristas consumados en Estados Unidos y en Francia, las comunidades musulmanas en esos países fueron objeto de frecuentes ataque populares. Un país como Francia donde una mujer no puede bañarse en el mar con la ropa que le da la gana, como prueba el acoso de la policía que tuvo que soportar una por usar el “burkini” en una playa de Niza durante el verano de 2016, no puede jactarse de sus intentos por asimilar al otro. Y de hecho en la foto de aquella señora desvistiéndose en la playa se cifra el contenido de la estigmatización del Islam en Francia, donde se asume que la asimilación es un proceso que va en una dirección y que la igualdad, que junto a libertad y fraternidad era una de las patas del trípode sobre el cual se levantó la Revolución Francesa, sólo funciona borrando las diferencias del otro. En esto, el mismo autor de Un corazón inteligente parece más mainstream que cualquiera. Lo interesante es que en varios artículos contenidos en el libro, Finkielkraut, que es hebreo y colaborador frecuente de la radio de la comunidad judía francesa (RCJ), se queja de la falta de sensibilidad de esa cultura para comprender la religiosidad del otro, en especial la de los herederos de Moisés.

Si bien es cierto que los escritos de Finkielkraut promueven generalizaciones tremendas, Lo único exacto tiene el valor de desmontar el idea extendida de que el crítico momento histórico de proliferación de populismos que vivimos puede entenderse desde referencias a la historia europea de la época del fascismo. “En una época que tiende a tomarse por otra”, nos dice el autor, “la exactitud se convierte en el objetivo principal del pensamiento”. En otras palabras: que los sucesos del pasado son irrepetibles y que hoy vivimos una forma particular de ignominia.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

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