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Lo que se nos da a pensar. La penúltima bondad, de Josep María Esquirol

Ser capaz de pensar es como ser capaz de caminar o como ser capaz de amar. Esta triada está ligada al sentir. Lo que se nos da a pensar es la capacidad de sentir-nos en la vida, en ese estar viviendo. María Zambrano (1904-1991), tan sutil en sus reflexiones, habla del sentir originario, en el que el sujeto siente su propio peso, su propia condición. No es el sentir corporal, es el sentir que se piensa porque es vital. Es decir, porque asume la conciencia de un devenir que es atravesado por todo. Atravesado en el sentido de ser lacerado como ser acariciado.

Josep María Esquirol (1963), filósofo español, escribe un libro que atiende a la perplejidad de los sentidos, en tanto destinados a la apertura, a la claridad, al deseo y a la conmoción. Reflexiones estas de La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida humana, publicado por la editorial española Acantilado. Reflexiones pertinentes para la formación humana. En cada capítulo resuena una voz interior, íntima que, ciertamente, ha madurado en su forma de mirar y de conversar.

Hay un asunto clave en este libro: la generosidad de la mirada. “Nuestra capacidad de ver y de vivir reclama una claridad similar a la de media tarde o una penumbra como la del atardecer”. Se trata de la claridad como afecto antropológico que invita a la mirada a una posición ingenua, de creación, pero también de diálogo con el tacto, con el oído, con el gusto. La claridad revela lo elemental en su más pura sencillez poética. La alteridad de las formas dialogan en sí y el mundo toma la forma de un misterio particular, el de estar aquí. Esquirol proyecta, así, su idea del repliegue del sentir, una suerte de “sentimos que vivimos”. La generosidad de la mirada subyace en un despertar del corazón. Y despertar el corazón es habitar en la afección, profunda, por demás. Entonces, la otra virtud de estas páginas está en advertir que debe haber una amplitud desde el corazón hasta la piel, para hacer que las cosas cobren una cercanía vital y dialoguen en su presencia originaria con la experiencia del estar sintiendo.

“Nuestra capacidad de ver y de vivir reclama una claridad similar a la de media tarde o una penumbra como la del atardecer”

La penúltima bondad abunda en claridades, no esas que enceguecen, sino que, más bien, limpian y aclaran. Entre las múltiples reflexiones que despliega esta obra, varias atienden a voluntad reflexiva sobre el pensamiento que podría ser atinada para el campo de las ciencias sociales, las ciencias de la educación; incluso, en la reflexión sobre el hecho poético y la configuración estética de la vida. De ahí la posibilidad del diálogo entre palabras, gestos y modulaciones que atienden a la existencia como quehacer  por la pregunta por el ser y el estar. De ahí la frescura de estas páginas que suman a la idea de una filosofía que atiende a lo próximo y a los afectos, en tanto hay una apertura humana a lo desconocido o, en otras palabras, a lo otro como llegada y como reconocimiento.

 

Wilson Pérez Uribe (@WilsonP_U)Escribe poesía y ensayo. Algunos de sus poemas y ensayos han sido publicados en Colombia, España y México en revistas como La Tagua, Aurora Boreal, Suma Cultural, Otro Páramo, Periódico de poesía UNAM, Literariedad, Desván yCronopio, periodismo cultural. Entre sus poemarios destacan El amor y la eterna sinfonía del mar(2011) y Movimientos (2018).

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