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Llega la negra crecida o la vejez según Margaret Drabble

Si alguien llega a este libro por un interés en la temática de la vejez y espera una historia áspera o teñida de amargura, está a tiempo de renunciar a él y empezar con otra cosa. En su novela más reciente, Llega la negra crecida, la escritora inglesa Margaret Drabble renuncia al tono descorazonador para construir un sutil retrato del final de una vida. O mejor: de todas las vidas, porque algunas son cruelmente interrumpidas antes de tiempo. Precisamente la muerte prematura es protagonista en las primeras páginas. Drabble enumera algunos de los episodios mortales más excéntricos para dar cuenta de la proximidad de la muerte, con la que convivimos día a día. La protagonista de la novela, Francesca Stubbs, tiene algo más de setenta años y es perfectamente consciente de que la plenitud quedó atrás. No teme tanto a la muerte como a la posibilidad de sentirse inútil, por lo que se niega a aceptar lo que socialmente está estandarizado: que una mujer anciana haya de ser relegada a la postración.

Fran vive sola y trabaja en una institución benéfica que colabora con los ancianos. El cargo que desempeña consiste en inspeccionar viviendas asistidas para mejorar las condiciones de alojamiento de las personas mayores. “No puede evitar ver la vida como un viaje”, según una cita del libro, pero el verdadero planteamiento que la autora propone en cuanto a la actitud de la protagonista ante la vejez es si verdaderamente se trata de un tránsito o de una huida. Quizás su inquietud permanente responde a una forma de escapar de “la negra crecida”, la metáfora del poeta D. H. Lawrence que utiliza Drabble como título de la obra para referirse a la muerte, representada por una marea oscura. En realidad, Fran no sólo se detiene a reflexionar sobre la muerte que vendrá —la negra crecida—, sino en otra circunstancia ineluctable de la vejez: la contemplación de la muerte de los otros.

La novela de Margaret Drabble es una historia de solidaridad en la que todos los personajes hacen algo por alguien. La personalidad de todos ellos, que resultan estar interrelacionados en la mayoría de los casos, va articulándose a lo largo del relato. La caracterización psicológica toma forma paulatinamente, entre escena y escena, y así van calando en el lector. Se trata de una técnica pergeñada por Drabble que consiste en esbozar el personaje antes de proceder a su desarrollo, posponiendo incluso la mención de su nombre para las páginas posteriores. La autora consigue completar descripciones formidables acerca del carácter de cada uno de ellos: personajes fuertes, a pesar de todas las dificultades, que luchan hasta el final paralelamente a su destino.

“No puede evitar ver la vida como un viaje”

La enfermedad y la muerte —natural o repentina— todo lo invaden en Llega la negra crecida. Tienen una presencia constante en el pensamiento que acompaña a los personajes y suponen, por supuesto, una interrupción, una grieta en la historia de sus vidas que condiciona su modo de afrontar el mundo. No obstante, Drabble aborda esta temática desde un punto de vista muy estoico. La propia protagonista, Fran, a veces destila vitalidad y optimismo. Aunque siempre a la sombra de la resignación, Drabble acierta en escoger un tono contenido —incluso se acerca a lo naíf o lo deliberadamente banal, por momentos (“un puñado de clichés de vez en cuando resultan tranquilizadores”)— para la interpretación de los asuntos más profundos.

Drabble no ha pretendido ser complaciente con su relato. La vejez, que podría ser tratada desde una perspectiva melodramática y condescendiente, adquiere la crudeza de las mejores historias. No por ello resultará ser una escritura hosca o doliente; es más, se trata de una narrativa que no pierde la cara al sentido del humor más elegante. “La propia vejez sí es un tema para el heroísmo”, dice Drabble. Sin embargo, la autora no vacila al tratar la enfermedad mental o al desmitificar la figura del anciano como alguien siempre entrañable: “Conforme nos hacemos mayores, nos volvemos cada vez más egoístas”, dice. Tampoco tiene reparos en retratar la moral de toda una sociedad. Así, pone contra el espejo a la solidaridad y a la supuesta ética que de ella se deriva para emitir una reflexión kantiana a la hora de referirse a la propia protagonista: “No trabaja por el interés público, sino porque le gusta, porque así se siente importante y con la sartén por el mango”.

“Conforme nos hacemos mayores, nos volvemos cada vez más egoístas”

Otra de sus críticas tiene que ver con el drama de la inmigración y los refugiados, que coincide con la más candente actualidad, y apunta en una dirección: Europa. “Cuanta más gente se ahogue, espera Europa, más inmigrantes se sentirán disuadidos, y menos bocas habrá que alimentar en el continente”, dice.

La sociedad del espectáculo tampoco sobrevive a su juicio. El personaje de Christopher, el hijo de la protagonista que trabaja en una cadena de televisión, sirve a Drabble para emitir, levemente, una ácida crítica sobre la moral de Occidente. “Fran ya es demasiado vieja para morir joven” —una frase que funciona como leitmotiv a lo largo de la novela—, y también para callarse ciertas cosas. Huelga decir que la figura de Fran es un pretexto literario que utiliza la narradora para difundir una posición ante el mundo. También se acerca, por momentos, al feminismo desde la visión menos demagógica.

“Fran ya es demasiado vieja para morir joven”

Comparada por la crítica inglesa con autoras como Virginia Woolf, Angela Carter o Doris Lessing, la literatura de Drabble se presta a la irreverencia y a la demolición de ciertos convencionalismos, se adscriban al ámbito que se adscriban. En Llega la negra crecida resuenan ecos de Simone de Beauvoir —con su obra La vejez de 1970— y el casi protagonista en la sombra Samuel Beckett. También se percibe la influencia de los poetas que más interesan a la autora, como el mencionado D. H. Lawrence o W. B. Yeats. La novela se impregna de literatura casi en cada página. La autora incluye a escritores o miembros del mundo editorial entre sus personajes, e introduce fragmentos de obras, citas de autores y poemas completos a lo largo de la obra, que es también un homenaje a la propia literatura.

No sucede nada trascendental en la novela de Drabble. Sólo la vida pasa, y a veces la muerte la interrumpe. No son grandes historias ni tienen lugar acontecimientos especialmente reseñables, pero Llega la negra crecida es una evocadora historia sobre el instante y la vulnerabilidad de la vida: las enfermedades, las catástrofes naturales… y la casualidad. Una reflexión sugestiva y nada pretenciosa sobre la ética y la culpa en el ser humano, el individuo que avanza hacia su único destino: la muerte.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares

 

 

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