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Leonardo Padura: Del aislamiento a la proyección internacional

No se puede decir que el escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) no sea profeta en su tierra. Asentado aún en la misma casa que construyó su padre hace más de 60 años en el barrio de Mantilla, él mismo reconoce ser el resultado de una “cultura rica, creativa y polémica”. No obstante, denuncia sin tapujos el ostracismo al que se ve sometido a nivel mediático por haber sido crítico con el régimen castrista a lo largo de su trayectoria. Los medios de comunicación no atienden como lo suficiente a un escritor que, paradójicamente, fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Cuba en 2012, un reconocimiento designado por el propio gobierno.

Siempre ha sido consciente de que ningún artista cubano tiene un sistema de promoción organizado, por lo que, además de escribir libros en su tierra, Padura tuvo que salir de la isla buscando relaciones, sobre todo editoriales, a través de conferencias y otros actos que le proporcionaran la visibilidad de la que ahora disfruta. El mayor castigo en su tierra ha sido la censura y, ni así, quiso marcharse. Ahora es una de las voces iberoamericanas más representativas en el mundo y aboga por la unión de la isla, una contradicción histórica que sólo podría solucionarse si remaran en la misma dirección los exiliados que se marcharon y los que, como él, decidieron quedarse.

“A veces creemos que por ser cubanos nos lo merecemos todo”, protesta el escritor, y explica que “esto tiene que ver con muchas deformaciones históricas de la isla”. Consciente de que en el trabajo artístico hay mucho oficio de por medio, Padura asume que la personalidad literaria que a día de hoy mantiene no pasa por ser el escritor más talentoso de su generación, “pero sin duda soy el más trabajador”. El autor cubano pertenece a un grupo generacional muy peculiar, en tanto que experimentaron la Revolución sin ser quienes la llevaron a cabo ni quienes se la encontraron hecha. “Éramos adultos, ni jóvenes ni viejos, con el hambre por delante”, cuenta.

“A veces creemos que por ser cubanos nos lo merecemos todo”

Toda esa experiencia ha sido alimento de cada uno de los libros que ha escrito. Influenciado por Chejov, Carver o Hemingway, destacó desde el principio por ser un gran cuentista, tarea que no ha abandonado hasta la actualidad. Precisamente su último libro, Aquello estaba deseando ocurrir (Tusquets, 2015), es un compendio de relatos que viajan hasta Madrid, Italia, Miami o Angola, aunque todos guardan una relación con Cuba. El autor recrea la decadencia y la corrupción moral, económica y política de la isla desde un punto de vista no del todo amargo, aunque con pocas concesiones. El personaje que vive, sufre, disfruta y, al fin y al cabo, encarna la realidad cubana en distintas épocas es Mario Conde, un detective solitario, desencantado y bebedor de ron Santiago con carácter de antihéroe que nunca ha sido descrito físicamente por el autor.

Tan cercano se ha vuelto el personaje para el propio Padura que hasta confunde sus recuerdos con los suyos. Desde que protagonizara la tetralogía Las cuatro estaciones, que incluye las novelas Pasado Perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997) y Paisaje de otoño (1998), Mario Conde se ha convertido en un habitual de las novelas del autor cubano, en las que aparece casi siempre. A través de él, Padura expresa muchas de sus reflexiones sobre la realidad cubana, aunque no es su álter ego, como siempre ha querido aclarar. Igual como decía Gabriel García Márquez de sí mismo, el cubano reconoce ser un escritor sin una imaginación demasiado especial, aunque esa carencia es suplida por una enorme capacidad de observación.

La idea que resultó ser germen de su novela más aclamada, El hombre que amaba a los perros (2009), nace precisamente de esa curiosidad por lo que sucede a su alrededor. Lo que realmente interesó a Leonardo Padura de León Trotski, la figura histórica sobre la que versa la novela, fue que en Cuba nadie quería que se conociera su historia. A partir de aquí, consiguió que confluyeran sus dos mejores habilidades: el género negro y la documentación histórica, un tándem habitual en sus mejores libros. La historia del asesinato del revolucionario ruso fue sólo la punta del iceberg de una de las mejores novelas contemporáneas de la literatura hispanoamericana, decisiva para alzarse con reconocimientos tan importantes como el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015.

Por supuesto, el afán investigador de Padura tiene un origen y no es otro que el periodismo. Era la carrera que pretendía estudiar el ahora escritor pero fue eliminada de los programas universitarios el año en el que iba a matricularse. Con todo, y aunque estudiara Literatura finalmente, Padura se ha dedicado al periodismo durante largos periodos, viajando incluso a la guerra de Angola, de la que se trajo recuerdos inolvidables. En la actualidad, el escritor lamenta que la profesión haya perdido calidad por culpa de la revolución digital. “Tiene que ver con condiciones de carácter económico: algunos medios han preferido desprenderse de personal más preparado con un salario más alto. Con la literatura ha sucedido algo parecido”, asegura.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares.

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