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leer es un riesgo

En Leer es un riesgo, Alfonso Berardinelli evalúa el estado de la literatura actual

Si la bella edición que hace Círculo de Tiza de la colección de ensayos literarios de Alfonso Berardinelli titulada Leer es un riesgo hubiera terminado en la página 199 yo no tuviera nada bueno que decir a cerca de las reflexiones de quien más de veinte años después de renunciar a la cátedra de Literatura Moderna de la Universidad de Venecia se supone que es el intelectual italiano vivo con más reputación. Hasta llegar a esa página lo había leído como un agitador cultural cuyo sólo propósito es criticar, por molestar, a los demás. Sin embargo, la lúcida reivindicación que hace de la obra de la filósofa francesa Simone Weil me hizo mirar con otros ojos sus reflexiones. 

“Simone Weil también es la mayor, o la mejor, o la más honesta teólogo del siglo XX, una teólogo existencial y doctrinal; que es una de las ensayistas en estado puro más grandes, es decir, sin estar especializado en ninguna disciplina, parangonable a muy pocos (pienso en Karl Krauss); y que es, junto a [George] Orwell, una de los pocos escritores políticos que tienen verdadero valor”, escribe el crítico literario nacido en 1943. Luego se refiere a la autora de Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social como una escritora minoritaria, característica que no considera mala en sí misma, al contrario: “es una de las pocas cosas naturales y equilibradas que tienen lugar en esa feria de las falsificaciones y de las exageraciones que es la cultura contemporánea. Hay autores de gran valor injustamente ignorados, otros que tienen mucho éxito porque son mediocres, y otros que tienen merecida su fama pero a los que en realidad nadie lee. A Simone Weil, al menos, parece que sólo la leen quienes están dispuestos a comprenderla”. Como en la mayoría del trabajo crítico, el ensayo dice más de quien compone los argumentos para hablar de los libros que del sujeto de estudio o las publicaciones consideradas. Las reflexiones que hace Berardinelli sobre Weil y su obra tienen la particularidad de definir el paisaje literario contemporáneo en términos de clásicos que dejaron de tomarse en cuenta, modas editoriales y buenos autores a los cuales sólo les lee un público minoritario.

En “Francia ya no sabe escribir novelas” hay otro ejemplo de su lucidez como crítico. Se lamenta de que desde hace décadas la cultura francesa agotó su oferta para el mundo. Después del dadaísmo, el surrealismo, el nihilismo y los “ismos” más distinguidos del siglo XX, el país de Victor Hugo y de Jean Paul Sartre ofrece muy poco al panorama internacional de la novela. Y eso es el resultado de la misma dialéctica entre la razón y el sueño –a la que identifica como “Academicismo y Revuelta”– que constituye la fibra de la cultura letrada francesa. Explica la postura en este párrafo, que no tiene desperdicio: “[La crítica cultural francesa] primero se dice que la novela es un género literario para señoritas, criadas y pobres de espíritu. Después se descubre que los ingleses y los americanos siempre han invadido el mundo –y continúan invadiéndolo– con sus narraciones indefectiblemente bien hechas: algo que, a la larga, ha arrinconado y humillado en el plano comercial a una literatura como la francesa, la cual, en cambio, a fuerza de teorizar sobre la impostura de la comunicación y de los géneros acabados, ha perdido el arte de narrar y de hacer versos”. Lo que el escritor italiano pondera aquí es la noción de valor en la literatura, el flaco servicio que la misma crítica hace al acto de leer, que es, simplemente, el placer de sentirse acompañado por las ideas.

Y es ese giro en donde toma protagonismo el placer de la abstracción frente al libro abierto el que explica el título del volumen Leer es un riesgo. Se trata de un “riesgo” propio de la Modernidad, con su cultura de independencia individual, libertad de consciencia e igualdad ante la ley. Como puede leerse en este extracto del libro, el riesgo de leer es que a uno le guste, porque entonces está condenado a desarrollar pensamiento crítico, a humanizarse. Si bien no comparto la animadversión de Berardinelli por la obra de Umberto Eco, su pesimismo ante la edición digital ni su decreto de que la poesía se ha terminado, no puedo más que darle la razón cuando habla de las incertidumbres que despiertan los libros y asumir que hay escritores que no son para todo público, así como también que la obsesión que cierta crítica tiene con atribuir valor a las lecturas las destruye, pues la única función de la lectura de obras literarias es “escándalo, conocimiento, evasión e identificación”.

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

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