Principal bitácora de la recuperación

Sobre las presencias múltiples y afectuosas en Bitácora de recuperación, de Ihovan Pineda

En el libro de poemas Bitácora de recuperación, el joven poeta mexicano Ihovan Pineda, (o la voz poética, para decirlo con un tecnicismo) da cuenta de la experiencia del extrañamiento, esa curiosa afección del ánimo que nos hace sentir “otro”, sin que tampoco podamos reconocernos en ese “otro”. Es una forma de extravío del ser, en el que la identidad (aquello que nos conforma) resulta irreconocible, insuficiente para dotarnos de un rostro, de un pasado, de una vida verdadera. En su lugar, queda una ausencia a la que ni siquiera una mirada ajena (y que podríamos imaginar amorosa) logra dar entidad: “Te veo y no te encuentro, / me ves / y no soy yo, / algo de nosotros se extravió / mientras nos buscaba”.

La mirada propia que nos devuelve el espejo, ese lugar misterioso donde desde siempre nos aguarda nuestro rostro, también nos conduce al vacío (“Me veo en el espejo / y veo nada (…) / es como si el agua se viese en el espejo”).

La reiteración de las imágenes de la sombra y el espejo (la figura que habita en el espejo) remiten al tema más profundo de la identidad. En efecto, nuestra sombra es lo que siempre nos acompaña, y no hay nada que se parezca tanto a nosotros mismos como nuestra imagen reflejada en un espejo o en el agua. Cuando estas presencias familiares y cotidianas desaparecen o se nos hacen extrañas, nuestra identidad, la conciencia que tenemos de nosotros mismos, se siente amenazada y nos sentimos perdidos en un sentido hondamente metafísico. Se produce un desgarramiento: nuestra vida no es nuestra vida; ni siquiera soy otro, soy Nadie. En palabras de Ihovan Pineda: “Veo a mis espaldas la sombra / y el eco de los pasos ajenos / de un hombre que no reconozco”.

Sin embargo, este extrañamiento tampoco es absoluto; en otros poemas, Pineda parece alcanzar una vía de escape de este destierro de sí mismo: no en el Otro, sino en los Otros: “pero no soy yo, / yo solo no soy, / no me soy, / no me basto / me disipo, / me pierdo. / No soy yo, / sin ustedes no soy / y mis libros, / sin sus voces y cariño, tampoco”. En este “ustedes” que se expresa a través de sus “voces y cariños”, la identidad parece reencontrarse, aunque sea de manera relativa: “sin ustedes no soy” equivale a decir “soy con ustedes”; y a pesar de que no sepamos exactamente a quién se refiere con “ustedes”, nos atrevemos a imaginar una presencia múltiple y afectuosa: la familia, los amigos, los amores… Todos aquellos en quienes nuestra vida encuentra sentido y, a veces, justificación.

Esta experiencia de extrañamiento radical cruza todo el libro, alternando con otros temas o entremezclándose con ellos, como, por ejemplo, el amoroso, que ocupa un espacio significativo.

Veo a mis espaldas la sombra

y el eco de los pasos ajenos

de un hombre que no reconozco”

La experiencia del tiempo se presenta en los poemas de este libro como memoria familiar o amorosa (“porque dicen que/ uno es lo que recuerda, / o lo que recuerdan de uno, / o vaya usted a saber, / porque yo a usted la recuerdo…”; “detrás de esa pared, / hay un recuerdo / que todos los días se asoma, / con su irónica sonrisa, /para vernos separados”). Memoria que es, casi siempre, la del desgaste del amor o, cuando menos, de la relación que sostuvo el amor. Habría que acotar que Pineda no es un cantor de la plenitud del amor, sino, más bien, de su fugacidad. Memoria y olvido pudieran ser los polos en los que se sustenta esta poética. Pasado, presente y futuro se anudan en algunos poemas de tono reflexivo en los que el tiempo mismo parece ser la esencia del poema.

Bitácora de recuperación es un libro de variado registro, lo que por momentos desconcierta a este comentarista. De una página a otra pasa del tono filosófico al registro coloquial, del humor a la recuperación melancólica de las relaciones familiares. Esto, por supuesto, no constituye un defecto de construcción; lo anoto como característica de un texto altamente recomendable al que hay que volver varias veces.

 

Rubi Guerra es narrador, editor, periodista y promotor cultural. Es fundador de la sala de arte y ensayo Ocho y Medio y asesor de la Casa Ramos Sucre en Cumaná, Venezuela. Ha publicado casi una decena de libros, entre los que se encuentra La tarea del testigo (Premio Rufino Blanco Fombona, 2007), Las formas del amor y otros cuentos (Premio Salvador Garmendia, 2010), El discreto enemigo, que editó en 2016 Madera Fina.

 

Tags:
0 shares
  1. 19 septiembre, 2017

    Rubi Guerra, en verdad, muchas gracias por esta reseña, y sí, lo repito, no hay palabras para agradecer tanto apoyo y tanta amistad, tanto que nos da la poesía. Por favor recibe un caluroso abrazo desde Colima, México.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *