principal lamecánica del agua

Sobre las heridas, el agua: La mecánica del agua de Silvana Vogt

“Una imagen y dos preguntas.

“El buzón con un libro y una dedicatoria. El río de la Plata. Un pescado destripado colgando de una bolsa, en sus manos. Un féretro con los restos mortales de un amigo. Cinco mil dólares dentro de un paquete de arroz.”

Así sintetiza la voz narradora en las primeras páginas dela novela La mecánica del agua de Silvana Vogt la imagen de la protagonista a punto de convertirse en una argentina que traiciona, alguien que se ahoga en el aire corrupto de un país quebrado, alguien que decide traicionar para sobrevivir mientras el río la empuja hacia el viejo mundo.

“¿Eres argentina?”

“—No, soy autista”, responde la protagonista de La mecánica del agua en uno de los primeros diálogos que sostiene apenas llega a Barcelona. La ironía de la respuesta subraya el sentimiento apátrida hacia un país que, en el 2001 estaba quebrándose en lo económico, en lo social, en lo político y en lo cultural. Apartarse de los argentinos, apartarse de la traición que suponen, desligarse del cliché y los modismos de su lugar de origen es lo que intentará hacer el personaje mientras ensaya respuestas a la segunda pregunta obligatoria: ¿Por qué te fuiste?. “Me fui, dice Vera, porque no podía comprar un libro. Así, no podemos esperar como lectores, la nostalgia del país ni el deseo de volver”.

La mecánica del agua desanda los caminos de la literatura del exilio y construye un relato de migración en el que las heridas de un país hechas cicatrices en la protagonista intentan curarse en el tránsito de la memoria y el olvido.

Y viceversa.

El agua y la protagonista.

Un motivo que ejerce de epicentro en la narración de Vogt es el fluir del agua, el vaivén repetido del mar que es paisaje, espacio narrativo pero, a la vez, movimiento pendular del personaje, estructura del relato, alejamiento y acercamiento de un país y de una lengua.

Vera, una joven argentina que después del corralito  ¡huye de Buenos Aires hacia Barcelona, con poco equipaje, un perro salchicha y una brújula, será la que siga esa “mecánica del agua”, para sanar, unas veces, para no volver, otras. Frente a ese corralito, tan real y tan simbólico, la huida y la libertad.

La metáfora del agua abre y cierra el relato. En ambas orillas, el agua se hace presente en el río de la Plata y en el Mediterráneo en las costas de Barcelona. El agua disuelve, desintegra, arrastra y rompe. Objeto análogo al deseo de la protagonista, quien quiere desaparecer, perderse, no dejar rastros, invisibilizarse. También, como el agua y su mecánica, Vera lleva a cuestas y, no sin esfuerzo, un pasado doloroso, un país del que no es posible tener orgullo, una traición en un territorio de traidores.

La literatura en ese mundo líquido.

La protagonista es lectora voraz, lee casi sin aliento, casi con miedo a la última página, como sintiendo la muerte en la palabra “fin”. La literatura es en la novela alimento y sanación, único modo de sobrevivencia de Vera. Desde esta perspectiva, la literatura asoma en todos los bordes posibles y surge dentro y fuera del agua. En ese mundo anfibio en el que se mueve Vera aparecen personajes del mundo literario: lector, escritor, editor, crítico literario, columnista. Pero también, aparecen referencias a lo que no tiene movimiento, a lo estancado, al terreno pantanoso de la contraliteratura: el efecto Cortázar y La Maga y los espectros de la literatura nacional. Como modo de contrarrestar lo nacional como parámetro literario, la autora propone la presencia enmascarada de los escritores Rodrigo Fresán, Jorge Carrión y Roberto Bolaño. ¿Por qué ellos?, nos podríamos preguntar. Porque ellos demuestran que la literatura de un país no se acaba en su tierra, que el agua extiende los límites geográficos, y simbólicos, porque son escritores del afuera, tan de afuera como Vogt.

 

Lorena Pacheco es licenciada en Letras de la Universidad Nacional del Comahue (Patagonia, Argentina) e investigadora sobre poéticas migrantes en el tránsito Latinoamérica y España.

 

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