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Las formas del desafío en Nueve semanas de P.L. Salvador

Nueve semanas (justas justitas) de P.L Salvador no es un diario, aunque a cada entrada la encabeza una fecha. No es una memoria aunque recuenta episodios de la vida de sus protagonistas, que como la vida, tiene episodios de inverosimilitud y otros de cruda realidad. No es propiamente una novela aunque su portada lo atestigüe y los sucesos que relata son territorio exclusivo de la ficción. Es todo eso y más.

Constantino Bértolo, el fundador de la mítica editorial Caballo de Troya, la considera un buen ejemplo de “la estética del disparate”, a la cual interpreta como un “movimiento extremo de ruptura con lo esperado, como un desorden contra la lógica narrativa con que lo esperado usualmente se produce”. Porque Nueve semanas (justas justitas) narra la historia de Bloss Ñejer, un pillo bendito por el interés de las mujeres, jóvenes o mayores de las cuales ha vivido durante toda su vida. Y es justamente la perspectiva única de una chica joven la que lo convierte en personaje, a pesar de que él hable de sí mismo en primera persona. “Empezaré poniéndome un nombre. Uno especial. Fortuito. Bloss. No está mal. (…) Un nombre inconfundible para un hombre aún intangible. ¿Qué le gusta a nuestra peculiar creación? (…) El alcohol, las drogas blanditas (de todo tipo), el cine (de culto), la música canalla, las mujeres provocativas, dormir, ducharse con agua muy caliente (al principio) y muy fría (al final), las putas felices (de todo tipo), los paseos por la playa, las tapas picantes y armar camorra si lleva las de ganar”, se lee en el libro como presentación de su protagonista. Por cierto que la estrategia de enumeración para completar las descripciones de los personajes es una de las marcas estilísticas de la obra.

¿Qué le gusta a nuestra peculiar creación? (…) El alcohol, las drogas blanditas (de todo tipo), el cine (de culto), la música canalla, las mujeres provocativas, dormir, ducharse con agua muy caliente (al principio) y muy fría (al final), las putas felices (de todo tipo), los paseos por la playa, las tapas picantes y armar camorra si lleva las de ganar”

Se trata de una obra hecha para desafiar al lector y al estamento literario en castellano, por su poco convencional uso de la gramática y de los signos de puntuación; pero también por lo que Bértolo llama las reglas del decoro: “No tiene miedo a lo grosero, a lo vulgar, a lo escatológico a lo incorrecto desde el punto de vista del género —el machismo ambiental se deja ver sin cortapisas— o de lo político.”

La historia, que a ratos se enreda por el cambio de voces en la narración de los hechos, es la de las peripecias de Bloss Ñejer con las mujeres y, en especial con una jovencita a quien se le ha metido entre ceja y ceja convertirse en escritora. Y al lector no le queda muy claro cuándo Bloss es un hombre de verdad o una ficción que se ha inventado la chica. Por esa noción de la literatura dentro de la literatura, la quinta obra del guitarrista del grupo Prolymux es interesante. P.L. Salvador ha publicado, entre otros, los libros Egregios y ¿No es un día seductor?, el primero se llevó el premio al Primer Certamen Literario Imprimátur y, el segundo, el de Relato Breve Ciudad de Amedo en el año 2010.

 

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