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Las encantadas reúne obras de Darwin y Melville sobre el archipiélago de las Galápagos

Dos miradas iluminan con luces casi opuestas un mismo espacio. Pero no cualquiera: las islas Galápagos han estado históricamente rodeadas de misterio, han guardado para sí sus secretos durante años, y al revelarlos han pasado a formar parte de las grandes respuestas de la humanidad; una clave para el entendimiento de nosotros mismos.

Charles Darwin y Herman Melville encontraron, cada uno por su lado, algo muy valioso en aquellas islas. Y estas visiones son las que enfrenta Círculo de Tiza en su título Las Encantadas, derivas por Galápagos, que integra dos perspectivas del viaje por el archipiélago que queda a casi mil kilómetros de la costa de Ecuador. Una es la que expresa el padre de la teoría de la evolución en el cuaderno bitácora que escribió durante su visita; la otra, el relato del autor de Moby Dick. La suma conforma en parte un libro de viaje; en parte, un tratado sobre la imaginación humana y sus múltiples manifestaciones.

El ojo del naturalista inglés era todavía joven cuando escribió su diario El archipiélago de las Galápagos, y aún faltarían muchos años para que llegara a elaborar su teoría sobre la evolución de las especies; pero su mirada ya es fina, cargada de la atención de quien busca algo y al no saber exactamente qué, cree digno de estudio cada ser, cada situación, cada pequeña cosa. Y entonces sucede la magia: así como de la atención apasionada sobre los otros puede surgir el amor, el resultado es que un diario de observación científica se convierte en un canto a la naturaleza. La distinción de las diferencias entre las especies no es más que una celebración de la diversidad. El asombro ante sus comportamientos se convierte en nostalgia de un mundo en el que animales y hombres aún no eran enemigos.

“El día en el que visité los pequeños cráteres hacía un calor asfixiante, y me era difícil y fatigoso abrirme paso por la superficie áspera y rugosa, y entre la maraña de matojos, pero me di por bien pagado al contemplar una escena ciclópea: en mi camino hallé dos tortugas gigantes (…). Estos reptiles gigantescos rodeados de la lava negra, de los desnudos matorrales y los enormes cactus, tomaron en mi imaginación la forma de algún animal antediluviano”

Todo lo que Darwin observa con la inocencia de la interrogación sincera, Melville lo juzga previamente con la sospecha que su ojo literario ya ha echado encima del escenario. El novelista norteamericano vive su expedición como una aventura, y como resultado, Las Encantadas pasan a tener una atmósfera de misterio, las tortugas se convierten en monstruos, los visitantes son ahora piratas, y sobrevivir en las islas es una hazaña de héroes solitarios y a la vez siniestros. El ritmo es ferozmente distinto, como no podría ser de otra manera, y la pausa que encontramos en el primer relato de las islas se convierte, en el segundo, en la adrenalina que hace que los lectores queramos al mismo tiempo abandonar el archipiélago, y seguir haciendo paradas en cada uno de sus islotes.

“A menudo ha habido hombres que se han convertido en ermitaños de las islas como consecuencia de accidentes sufridos durante la caza de tortugas. El interior de la mayoría de las islas es laberíntico y atravesarlo resulta de una dificultad indescriptible. El aire es bochornoso y sofocante: causa una sed insoportable que ningún arroyo sacia. ¡Ay del que se extravía en Las Encantadas!”

La literatura fluye sin pausa en esta segunda parte del libro y parece demostrar que la libertad de la escritura que se mueve al pulso de la imaginación viaja más lejos, mucho más que los apuntes certeros de un recién licenciado. Pero la historia nos ha demostrado que la imaginación tiene muchas caras. Y la mente que se posó con detenimiento sobre las señales que mandaban pájaros, reptiles y crustáceos fue la que, después de acumular conocimiento a lo largo de su vida, voló más lejos, y el trabajo disciplinado acabó dando un salto de fe: una teoría original de las que cambian el rumbo del pensamiento humano.

La otra imaginación, la de Melville, aunque parece ser menos trascendente que la de Darwin trabaja como hormiga, y no ha dejado indiferente a quien ha tocado en su urgencia. Para demostrarlo el libro cierra con unos poemas de Francisco Ferrer Lerín que han sido inspirados por Las Encantadas. Y así como en el primer caso, la imaginación se despliega para comprobar que todas las especies estamos relacionadas, en el segundo caso, tiende un lazo entre las creaciones, confiriendo a cada obra la responsabilidad de cultivar e inspirar a la siguiente. Y esos libros de Charles Darwin y Herman Melville que inicialmente parecen enfrentados, se hermanan, formando una línea eterna que une las islas de la imaginación. Una línea que hacia atrás nos une con todos los seres que éramos, y que se mueve hacia adelante, con la evolución continua e infinita de la creatividad.

 

Liliana Zambrano (@Lelezam) Narradora, publicista y profesora de escritura creativa. Trabaja en Leo Burnett Iberia y en la Escuela Contemporánea de Humanidades de Madrid, tres relatos suyos han sido publicados y es coautora del libro El diablo apuesta a todo (Editorial Lengua de Trapo, 2011).

 

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