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Las Diosas de Joseph Campbell nos traen a la tierra

Como productora de modelos de la vida diaria, la mitología está tan vigente hoy como en la antigüedad. Puede que Dios esté muerto, como decía el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, pero las diosas están más vivas que nunca. Así lo demuestra la reciente publicación de Diosas: El misterio de lo divino femenino, obra preparada en 2013 por la académica Safron Rossi a partir de una veintena de conferencias que dictó Joseph Campbell durante la década de los años ochenta en simposios a lo largo de Estados Unidos y que la editorial independiente Acantilado publicó hace unos meses en castellano con una traducción hecha por Cristina Serna. En esa publicación se descubre que al especialista en religiones comparadas no sólo le interesaban los hombres deificados que protagonizaban las aventuras de iluminación mística que aparecen en El héroe de las mil caras, sino también las manifestaciones simbólicas de lo femenino.

Uno de los logros del libro es que desentraña el motivo de la subyugación del numen femenino al masculino en ciertos sistemas religiosos de la antigüedad, a partir de la diferenciación de los dos órdenes principales de la mitología primitiva. En uno se encuentran los pueblos agrícolas, por eso se le asocia a la diosa de la naturaleza. Por el otro se encuentran el orden de los dioses masculinos que adoran los pueblos nómadas, patriarcales y, a veces, militarizados. “La tendencia general cuando los pueblos guerreros llegaban a un nuevo territorio era que sus dioses indoeuropeos se casaran con las deidades femeninas locales. Ésa es una de las razones por las que Zeus tuvo tantas aventuras”, escribe mitólogo nacido en 1904.

Como en sus otros libros, en Diosas se aprecia que el fundamento del interés académico de Campbell se encuentra en la noción de que el mito es una herramienta que busca ponernos en sintonía con nosotros mismos, nuestra comunidad y el entorno. En el caso de lo femenino, esa construcción de la empatía se realiza a partir de alegorías tanto del nacimiento material como del espiritual. Por eso, los mejores pasajes del libro son cuando formula problemas a partir del judaísmo y el cristianismo, religiones monoteístas que interpretaron de forma literal lo que eran alegorías de la energía para las culturas paganas, despreciando el valor simbólico de los mitos que es aquello que permite a la gente relacionarse metafísicamente con su entorno. “Si uno piensa que el centro del mundo es el centro de su mundo cultual particular, se pone a sí mismo en relación no con el misterio espiritual, sino tan solo con su propia tradición”, dice. Las religiones, parece decirnos Campbell, no han hecho más que validar culturas que sirven a intereses que nunca están claros para quienes las practican.

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

Nota: Una versión de esta reseña apareció en la revista española Buensalvaje de febrero-marzo de 2016. La fotografía que abre esta reseña es de una costurera en la puerta de su taller, que ha sido decorado por el artista de arte urbano español Malakkai. EL taller y la pinta están ubicados en la isla de Yerba, donde se desarrolla un tipo de arte urbano llamado «Djerbahood». Más fotos e información aquí  

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  1. Estelio Mario Pedreañez

    Excelente reseña. Lo único que quisiéramos es que fuera más larga, para leer y comprender más. El libro, tan bien reseñado, seguramente nos acercará más a comprender mejor las religiones como fenómenos antropológicos y el surgimiento y evolución de la mitología griega, tan importante en nuestra tradición cultural.
    Y como surgió Nietzsche en la reseña me atrevo a decir lo siguiente: Su importancia es mayor por las influencias enormes que generó en sus admiradores que por la originalidad de «sus tesis», ya que «El Eterno Retorno» lo tomó de los filósofos griegos de la Antigüedades y surgió allí como expresión de astrología, es decir, es una manifestación de una superstición aún existente en quienes leen «sus horóscopos»; Nietzsche no inventó el ateísmo, ya presente en muchas escuelas filosóficas de la Antigua Grecia, pero logró su popularidad en un mundo arrasado material e intelectualmente por la Gran Guerra Europea (después rebautizada «I Guerra Mundial»); el Existencialismo en versión de Nietzsche es una invitación al regreso a la irracionalidad y la barbarie, que unido a las tesis mal entendida de la evolución darwiniana y el racismo alemán, sirvió de base filosófica de ese crimen colectivo que fue el Nazismo, diabólicamente empeñado en sepultar toda caridad y compasión cristianas. Quizá una de las pocas cosas buenas del legado de Nietzsche es que sirvió de inspiración para casi todas las artes, en especial, la Literatura. Allí está el Ulises de James Joyce.

    1. Colofón Revista Literaria

      ¡Muchas gracias, Estelio por tu lectura! Saludos

  2. Estelio Mario Pedreañez

    Olvidaba acotar que el «súper hombre» de Nietzsche con su «moral de Señor» (no con la «moral de esclavos», es decir «moral cristiana») es un retroceso a la barbarie, a la violencia sobre la razón, a la fuerza sobre la justicia. Y no puede olvidarse que el Cristianismo (no hablo de instituciones humanas que lo desvirtúan y utilizan en provecho propio) encierra grandes valores morales: 1) La dignidad humana, por ser la Humanidad creación de Dios. 2) La igualdad humana, por ser todos, sin distinción de sexo, color o posición social, hijos de Dios con igualdad de dignidad y derechos. 3) La solidaridad, que nos llama como mandato divino a «amar a nuestro prójimo». Si tanto costó superar la esclavitud a pesar de la Doctrina Cristiana, con la Iglesia propietaria de esclavos, imagínense como estaríamos de imponerse «la moral del Señor» de Nietzsche: Totalirismos y genocidios a la enésima potencia!

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