foto edith pearlman

La ‘Visón binocular’ de Edith Pearlman: ¿Cuánto tiene que esperar una escritora para que la reconozcan?

Cynthia Ozick. Lucía Berlín. Edith Pearlman. La obra de ellas tres y de otras autoras estadounidenses ha encontrado el reconocimiento en sus senectud. Berlín (1936-2004) pudo disfrutarlo poco, después de una vida miserable entre las tragedias personales y los estragos del alcohol, su obra (monumental) apenas le dio mérito para un puesto de Escritora en Residencia con la Universidad de Colorado y una antología, Manual para las mujeres de la limpieza, que no llegó a ver publicada. Pero Ozick (1928) y Pearlman (1936) son referencias fundamentales en las letras de Estados Unidos. Los casos son interesantes por el país donde ocurren. Me refiero a uno de los pocos lugares en el mundo donde la literatura es un oficio rentable, incluso para los escritores, y cuyo estamento cultural ha colonizado al mundo entero. ¿Qué se puede esperar de otras sociedades? Por ejemplo, de aquellas donde todavía debe explicarse que el acoso sexual es un abuso de poder y que la obra de una escritora puede ir más allá de los estantes que designan su género en las librerías.

FormulariosResulta cuando menos extraño que la narrativa breve de Pearlman, sus 34 mejores relatos, se publicaran en un solo volumen tan tarde como el año 2011 con el título Visión binocular. Es cierto que su primer libro de relatos, Vaquita and other stories, salió en 1996, pero entonces ella no era desconocida en la literatura. Desde los años 80 colaboraba con The Atlantic Monthly y el Smithonian Magazine, además de las secciones de viajes y opinión de The New York Times, un medio de comunicación fundamental para la opinión pública en Estados Unidos. Sus relatos reciben galardones desde 1978, cuando ganó el prestigioso PEN/O. Henry que otorgan en alianza el PEN American Center y la fundación que promueve la obra del cuentista estadounidense muerto en 1910. Hasta la fecha ha publicado más de 250 relatos breves. Visión binocular cuenta además con el prestigioso National Book Critics Award y la elección como libro de ficción del año 2011 por el Sunday Times y la revista Forword. Es decir: no es una escritoras fuera de su tradición, una prestada a la literatura que comenzó a escribir tardíamente. No. Su cuarto propio, como hubiera dicho Virginia Woolf, estaba formado de letras.

 

En castellano.

Pero no solo se trata de su fama tardía, sino de la tardía proyección de su obra fuera de Estados Unidos. Si eso pasa con una colaboradora de The New York Times, ¿qué queda para las demás?, ¿qué queda para quienes no son ni siquiera estadounidenses? Hoy en las librerías de la comarca de la Ñ pueden encontrarse solo dos ejemplos de su obra Miel del desierto publicada en 2017 por Alianza Editorial en una traducción de Ramón Buenaventura y la antología Visión binocular a la que me refería antes, en la minuciosa traducción de Amado Diéguez Rodríguez editada por Anagrama. Este volumen es el mejor para acceder al característico mundo de la autora de Providence (Rhode Island).

“Este libro nos permite observar a una artista en la cúspide de sus facultades creativas”

Ann Patchet

La antología establece el temario y los registros estilísticos de su obra. La mayoría de sus relatos exploran la diáspora judía resultante del viraje totalitario de Europa en la primera mitad del siglo XX. Pero no se quedan allí. Y esa es su diferencia fundamental con la prosa de Ozick, de quien toma personajes sofisticados y cultos para trasplantarlos a lugares más allá de Estados Unidos, como Latinoamérica y Europa. Los cuentos de Visón binocular son ejemplos de esta particularidad. La vida de una mujer de la Costa Este que debe enfrentase al cáncer en “Independencia”, la pareja que no es lo que parece en el relato que da nombre a la colección y el enfermo que presencia el final de la Segunda Guerra Mundial con su familia en “El no combatiente” contrastan con los personajes del huérfano de un país Centroamericano y sus guardianes hebreos en “Día de temor” y con el grupo de checos que durante la década de los años setenta estudia la Torá en “Azar”. La multiplicidad de escenarios y caracteres humanos que sus ambientes construyen introducen en su obra los conflictos de expatriación y desarraigo, así como las complejidades de las herencias religiosa, lingüísticas y culturales.

“Los relatos de este volumen constituyen un ejercicio de imaginación y compasión, un viaje alrededor del mundo, un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando el talento se conjuga con la disciplina y una inteligencia brillante”, escribe Ann Patchet, la autora de la celebrada novela Belle Canto: “Este libro nos permite observar a una artista en la cúspide de sus facultades creativas”. Pocas veces una antología resulta tan reveladora del talento de una escritora como Visión binocular. Y solo cabe esperar que abra la puerta para dar a conocer fuera de su país más obras de la autora, así como de otras de su generación.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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