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La guardia de Joydeep Roy-Bhattacharya reescribe Antígona en Afganistán

La guardia, novela del escritor indio radicado en Estados Unidos Joydeep Roy-Bhattacharya, forma parte de una trilogía en marcha sobre la guerra contemporánea abordada desde los referentes clásicos griegos. En el caso específico de esta novela, el punto de partida es Antígona, de Sófocles. ¿Es indispensable conocer la obra del autor griego para disfrutar o entender la del novelista actual? Por supuesto que no; La guardia se defiende sola, aunque el conocimiento de la obra de Sófocles otorga una mayor profundidad a la lectura.

La acción central de la novela trascurre durante un par de días. En el centro de la anécdota hay una batalla y sus efectos sobre un grupo de oficiales, suboficiales y soldados de una base norteamericana en Afganistán. Un grupo de guerreros de la etnia pastún ataca un fuerte norteamericano y son derrotados, no sin dejar de ocasionar bajas sensibles entre los defensores. Los atacantes no son talibanes sino gente que busca venganza por la muerte de sus familiares asesinados en un bombardeo, producto de un “error de inteligencia”. El fuerte está en una llanura al pie de unas montañas, un lugar que continuamente es comparado con un sueño y con la tierra de los muertos, lo que viene a ser aproximadamente lo mismo.

Pero el verdadero conflicto, más allá de cómo los soldados soportan el stress del combate, la muerte sus compañeros y el sinsentido de una guerra que no tienen nada clara, lo representa la figura de la hermana del comandante pastún. Una muchacha lisiada que es Antígona. Esta Antígona afgana, vestida con burka y sin pies, está más allá del dilema clásico entre las obligaciones familiares y las razones políticas, de Estado. “No atiendo al dolor; no atiendo a nada, salvo al hecho de que he llegado. Me digo que estoy aquí porque mi corazón es grande y mi ternura es verdadera. Estoy aquí para enterrar a mi hermano según los principios de mi fe. Y nada más.” Y en este “nada más” está la conmovedora grandeza de este personaje. Su petición no es razonable para la lógica de la guerra, para una zona de combate y sus normas de seguridad; su petición inflexible, obstinada, es humana y amorosa, y eso desestabiliza el orden psicológico y militar de los defensores, lo que los lleva a cuestionarse la muerte y la destrucción que su labor arrastra.

“Me digo que estoy aquí porque mi corazón es grande y mi ternura es verdadera. Estoy aquí para enterrar a mi hermano según los principios de mi fe. Y nada más.”

Los norteamericanos tienen a su alcance una variedad impresionante de armas y artilugios de guerra. Mientras, los pastunes pelean con AK47 de cincuenta años o armas aún más antiguas. Tal vez eso explique la habilidad norteamericana de empantanarse en guerras en países subdesarrollados. O tal vez no explique nada. Lo que sí es seguro es que, desde la perspectiva de Joydeep Roy-Bhattacharya, los guerreros pastunes se diferencian profundamente de los norteamericanos, no solo por la religión sino sobre todo por el carácter. La guerra, para ellos, está asociada al honor y a la venganza, y a la vergüenza. Para los norteamericanos es un trabajo; un trabajo alienante y desesperanzador, pero al fin y al cabo un trabajo, un paréntesis en la vida verdadera que espera en Nueva Inglaterra o Louisiana o en cualquier otro punto de la geografía de su país. La vida, para los pastunes, está en sus llanuras y montañas, entre sus ovejas.

Esta identificación de la gente y su tierra ancestral es lo que lleva a la muchacha a pensar: “Me vuelvo para contemplar las montañas como si fueran un amante. Las laderas son de un azul sereno, como si las hubiesen esculpido del mismo cielo. Las cumbres más altas resplandecen al sol, ahora plateadas, ahora doradas. Semejante belleza sólo existe en el paraíso.” Y, desde un sentimiento opuesto, el joven intérprete afgano (que es Ismene, la hermana pequeña), en su papel de colaborador del ejército norteamericano, piensa: “Una polvareda se levanta para recibirnos y tengo la impresión de que descendemos al infierno.”

“Una polvareda se levanta para recibirnos y tengo la impresión de que descendemos al infierno.”

En La guardia, Creonte, el Rey, ya no representa solamente la razón del Estado sino esencialmente el Poder en toda su irreflexiva arrogancia. Detrás del capitán (obvio candidato a Creonte) está en la lejana Kandahar el coronel, y más lejos los generales que pretenden dirigir una guerra, y luego las corporaciones que se benefician económicamente de esa guerra y su posguerra y sus planes de reconstrucción. Todos ellos también son Creonte pero sin el pathos trágico del personaje griego.

Joydeep Roy-Bhattacharya ha escrito una novela emocionante que actualiza un viejo mito y nos recuerda que los mismos conflictos y aflicciones corroen eternamente el corazón humano.

 

Rubi Guerra es narrador, editor, periodista y promotor cultural. Es fundador de la sala de arte y ensayo Ocho y Medio y asesor de la Casa Ramos Sucre en Cumaná, Venezuela. Ha publicado casi una decena de libros, entre los que se encuentra La tarea del testigo (Premio Rufino Blanco Fombona, 2007), Las formas del amor y otros cuentos (Premio Salvador Garmendia, 2010), El discreto enemigo, que editó en 2016 Madera Fina.

 

 

 

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