Gloria poemario

La ‘Gloria’ poética de Julio Martínez Mesanza

A lo largo de su escritura, Julio Martínez Mesanza ha conseguido elaborar una definición de la humanidad, justificada a través de su particular visión de la historia. Su último poemario, Gloria, fue reconocido con el Premio Nacional de Poesía 2017 “por insuflar un aire nuevo a la tradición clásica, avanzando en profundidad en esta nueva entrega poética, plena de belleza formal y sentido de la rebeldía ante el pensamiento único vigente”, según el acta del Jurado. Gloria completa una obra que comenzó en 1983 con la edición de Europa, la obra-símbolo que representa su poesía, cuyas ediciones se alargaron hasta 1997 con un libro, Fragmentos de Europa, que incluyó nuevos poemas y revisiones de los anteriores. En medio, Las trincheras (1996) y Entre el muro y el foso (2007)

La poesía de Martínez Mesanza tiene, entre otras virtudes, la capacidad de convertir la contradicción en una propuesta lúcida. Es cierto que el poeta escribe desde una perspectiva épica, pues recurre en sus poemas a los valores clásicos y a elementos como las espadas, los caballos, las batallas y otros atributos de aquel lenguaje. Pero al mismo tiempo se lamenta de que aquellos valores no tengan espacio en la sociedad actual “porque ya no forman parte de las prioridades del hombre moderno”. Así explica la condición de su poesía, a la que quiere alejar de la categoría épica. Y es que no se presenta como un canto heroico, sino que prefiere prestar atención al drama de personajes solitarios, tristes o marginados. En definitiva, Martínez Mesanza es un defensor de ideales caballerescos que, a su vez, reniega de la sangre y la violencia: “Estoy harto de espadas y caballos”, reza uno de los endecasílabos de Europa.

La solapa de Gloria anuncia un “cambio de registro” en la poesía de Mesanza, que “canta a la manifestación de Dios en la creación” y se presenta como una “defensa de la naturaleza humana y a la exaltación de valores como la fidelidad y la fe”. A pesar de que el fervor religioso ha estado siempre presente en su obra, lo cierto es que Gloria es, desde el propio título, un libro con un alto contenido religioso por su condición intimista y reflexiva. Este sentimiento suele ir acompañado en los poemas de alguna imagen o símbolo —vírgenes, alusiones disfrazadas al Génesis, etc.—, a los que a menudo recurre para expresar sus cuestiones existenciales.

Por ejemplo, la “gloria” es definida en el poema “San Esteban” como la “ausencia de orgullo en la hermosura”, y en “Jan Sobieski”, el poema dedicado al rey polaco que lucha contra “la carga de los húsares alados”, se infiltra en la piel del ejército de “soldados de Cristo”. Cabe decir aquí que este poema comienza con una reflexión devastadora, crítica y directa sobre el viejo continente —“Aunque a la muchedumbre no le importe / que Europa valga poco y crea en nada”— y una comparación muy luminosa sobre “las ciudades que arden en la noche / como estrellas en medio de la nada” que dan cuenta de la habilidad del poeta para crear sugerentes imágenes a través de sus versos.

Otra de las paradojas de la poesía de Martínez Mesanza es la poca trascendencia que tiene la música en el contenido de sus versos. Por ser un poeta de condición clásica, su propia personalidad privilegia a la imagen sobre el sonido y, sin embargo, su poesía está dotada de una majestuosa musicalidad. Sus versos presentan un cuidado minucioso del lenguaje, que se imbrica en la sonoridad del endecasílabo blanco, aunque repleto de colores heredados de su experiencia visual con el arte pictórico. La Madonna de Van Eyck complementa a la de Bellini, a la que dedica el primer poema del libro, y poemas como el de “Pamplona” bien podrían servir como descripción de un cuadro clásico por su poder expresivo y visual.

Formas de preguntar.

Destaca en su obra anterior la ausencia de preguntas y metáforas en sus poemas. No obstante, toda su poesía es un continuo cuestionamiento sobre la realidad, el origen del ser, de dónde venimos y hacia dónde vamos, y una metáfora del mundo concentrada en el comportamiento de la humanidad a lo largo de la historia. “La poesía plantea más preguntas de las que responde”, dijo en la lectura de poemas de la Casa de América el 21 diciembre de 2017. Allí dialogó con Alfredo Félix-Díaz sobre la influencia de los clásicos en la literatura contemporánea.

Algunos poemas de Gloria sí contiene preguntas. Uno es “En los ríos de niebla”, un poema dialogado que representa la búsqueda interior y del amor (al que llama “Ella”), donde el poeta pregunta y responde al mismo tiempo “¿quién se esconde?”. En el poema religioso “El mar de las galeras” pregunta al alma “¿por qué vuelan las galeras?”, una bella personificación que se repite como recurso en más ocasiones.

Gloria es un libro clásico y complejo que sienta sus bases en un proceso meditativo, religioso y filosófico, más allá de los elementos militares —como “la carga irracional” de Balaclava— o la multitud de ambientes casi siempre desoladores —menciona a la “estepa” o “la landa indiferente y sola”—. Resulta curioso cómo la ansiedad se manifiesta a lo largo del poemario en un contexto espacial extenso —“las estepas / que aumentan la ansiedad y la distancia”—, casi representando un sentimiento de agorafobia.

El simbolismo es otro de los atributos que maneja con mayor habilidad Julio Martínez Mesanza en Gloria. Los carros de Kipur simbolizan la contradicción —“Los carros de Kipur que son tu gloria, / que son también tu gloria incomprensible”— y “Los símbolos cansados” es el poema que mejor representa sus inquietudes: las personales y las que son derivadas de sus lecturas. El “futuro” es el término simbólico que brilla en este poema. Si hay un tiempo, a priori, que no podría ser efímero, ese es el futuro, pero el poeta desmonta este precepto en un solo y poderosísimo verso: “El futuro que falta con rozarlo”. Este poeta paradójico, el de la desolación y la esperanza, el clásico y el contemporáneo, se preocupa de que su poesía se entienda convirtiendo en grandes las cosas más sencillas y cotidianas. “Este poeta sólo quiere ser menos, porque sabe que ese es el único camino para que la Palabra a la que él sirve, sea más”, dice Enrique Andrés Ruiz en el prólogo de la antología que acaba de editar Renacimiento, Soy en mayo.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares.

La ilustración que encabeza la nota muestra una de las imágenes de la Madonna pintadas por Bellini

 

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