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En La flecha (sin blanco) de la historia Manuel Cruz desmitifica el pasado y la memoria

No se trata, como aseguraba a finales del siglo pasado el politólogo estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama, de que la historia ha llegado a su fin, sino de que el pasado, el presente y el futuro perdieron significación como categorías de conocimiento. El propósito de Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, en su ensayo La flecha (sin blanco) de la historia pasa por la desmitificación de nuestras nociones sobre la importancia de la memoria colectiva. Parte del cuestionamiento sobre las causas de fracaso del proyecto moderno para preguntarse sobre el futuro como “ese espacio imaginario en el que confiábamos en que terminara por hacerse real lo que en el pasado había sido mero anhelo” y se pregunta si frente a la pérdida de solidez semántica de las estructuras cognitivas del pasado y el presente que ha traído la crisis del proyecto moderno, ese mismo futuro no “habrá acabado por revelarse precisamente como el más desmesurado de los sueños”.

En ese sentido, el título del libro, y más precisamente las palabras entre paréntesis “sin blanco”, sintetizan a cabalidad la intención del autor en esta obra ganadora de la decimoséptima edición del Premio de Ensayo Miguel de Unamuno. Aquí Cruz se pregunta sobre cuál es el rumbo que tiene la historia e, incluso, si debería de tener un rumbo o para quién resultan convenientes las ficciones construidas sobre la necesidad del rumbo de la historia.

“No hay (…) resquicio alguno para que la memoria pueda desempeñar un papel meramente auxiliar en el reforzamiento de lo existente, como si lo que ahora hay fuera la desembocadura inevitable de lo que hubo”

Donde el libro parece más aleccionador es en su comentario sobre el pasado y el uso político que hacemos de los recuerdos, principalmente en los mitos creados por las personas sobre las supuestas capacidades pedagógicas, legitimadoras, reparadoras y curadoras de la memoria, que siempre se refuerzan en función de los intereses de quienes detentan el poder. El también portavoz del PSOE en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados de España defiende que la identidad no es armónica, ni la colectiva ni la individual, y por eso no puede pensarse en términos homogéneos. “No hay, pues, desde este punto de vista, resquicio alguno para que la memoria pueda desempeñar un papel meramente auxiliar en el reforzamiento de lo existente, como si lo que ahora hay fuera la desembocadura inevitable de lo que hubo”. Lo que Cruz quiere decir con estas palabras es que, visto que no puede considerarse homogénea la identidad de un pueblo, por más colectiva que sea, la memoria no sirve para mucho, y que si se la ha usado como validación del presente es porque hay fuerzas poderosas que dan explicación a su poder, y por ende legitimidad, manipulando los rasgos distintivos que construyen la identidad como consecuencia de la memoria y la primacía de lo político en los pueblos.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

 

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