Female mouth neck and shoulders

La escritura y la carne en Clavícula, la última novela de Marta Sanz

No es el diario de una hipocondriaca, aunque a priori es como se presenta. Se trata de Clavícula, la obra más sincera de Marta Sanz en toda su carrera, publicada tras el éxito de Farándula, que ganó el Premio Herralde de Novela en 2015. En esta narración autobiográfica, La autora se desnuda como escritora, mujer, hija y esposa de un marido en paro. Una enfermedad sin nombre es el centro de esta peculiar obra, abordada con el sarcasmo de siempre.

Cuando vuela hacia San Juan de Puerto Rico siente un dolor en una costilla bajo el pecho izquierdo y cree que será su final. A partir de ese momento, tras contárselo entre lágrimas a su marido y después a su familia, comienza el calvario de la autora, que necesita que “alguien con bata blanca le ponga nombre a esta enfermedad”. Un dolor que se niega a atribuir a lo psicológico porque es un dolor real, que siente en sus entrañas. No obstante, reconoce que también le enferma el propio “miedo a enfermar”.

Con este relato Sanz reivindica el derecho al dolor y a estar enfermo, pero también aprovecha para hacer una radiografía de una sociedad llena de patologías, que profiere “mandatos” a los que ella no siempre se resiste. Por ejemplo, proclama un lamento honesto cuando reconoce aceptar cómo economía repercute en el estado de salud. “Miedo a que la enfermedad se relacione con la imposibilidad de pagar las facturas”, asume. El libro es fruto de la necesidad de narrar su situación emocional como intento de encontrar explicaciones para sí misma y establecer un orden. Tanto que en uno de los capítulos desvela sus ingresos mensuales para terminar convenciéndose de que no puede dejar de trabajar.

Clavícula denuncia la precariedad laboral (“somos el proletariado de la letra”) y la desigualdad de sexos, responsable según dice de enfermedades como la que ella padece. “Escribimos estas cosas porque nos duele, porque somos mujeres”, revela con el mismo orgullo femenino con el que reconoce que “pintarme los labios es mi forma de sobreponerme”. Pero el orgullo va y viene a lo largo del tránsito de esta “enfermedad mágica”, como la llama, aunque no tiene diagnóstico ni nombre. El dolor se encarniza, sí, pero llega también hasta la conciencia, y la retuerce hasta el sentimiento de culpabilidad cuando recuerda que Nietzsche denostaba una enfermedad como la suya: “demasiado burguesa”. El dolor es “un fallo que no puedo permitirme”, dice.

“Miedo a que la enfermedad se relacione con la imposibilidad de pagar las facturas”

Todo esto lo cuenta, como siempre, con una gran capacidad para el humor y el sarcasmo. “No podría depositar mi confianza en un psiquiatra que se llama Mariano”, reconoce ante la posibilidad de valorar su enfermedad desde una perspectiva mental. ¿Se referirá al poco aplomo que transmite “Mariano” o al nombre de pila del actual presidente del gobierno? El contraste del humor y la disposición de tratar temas como la masturbación o el feminismo hacen de este texto —comedia amarga, queja graciosa o amable— un lugar casi nuevo para una literatura que propone nuevos modelos que pasan por la transformación del relato.

Sanz arriesga, pero eso no es lo novedoso. Lo destacable es que se pone delante de todos, a pecho descubierto y a la cabeza de gremios y sesgos sociales —escritores, parados, jubilados— que representan a una sociedad precaria en casi todos los sentidos. El diario, género que mejor se presta para abordar una literatura de la enfermedad, es el vehículo elegido por la autora. Pero ese “yo” nada tiene que ver con el narcisismo; más bien es una posición “ética y estética”, tal como ella reconoce. Combina exposición y sentimiento para hablar de la escritura y la carne, de la verdad y el dolor, con un estilo en las antípodas de lo políticamente correcto.

“Escribimos estas cosas porque nos duele, porque somos mujeres”

Su estilo poético queda patente en la página 45 con una brillante descripción del dolor, al que se refiere como “ratoncito”, “jilguero” o “musgo”. Aunque el verdadero leitmotiv simbólico del dolor en Clavícula es la “garrapata”, tal como fuera la “polilla” en Y todos estábamos vivos, el poemario que le valió el Premio Nacional de Poesía a Olvido García Valdés en 2007. “Las ganas de hacerlo todo y el miedo a no poder hacerlo” es la frase que sintetiza el amargo significado de esta novela, que va en busca de una enfermedad que podría ser menopausia, fibromialgia o vaya usted a saber. “Una mujer de éxito llena de tristeza” ha escrito una obra contra la hipocresía y la sentimentalidad. Un libro que te crees, aunque no estés de acuerdo.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares.

 

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