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Kamila Shamsie relata el destino de Los desterrados sin cuerpo ni nación

La manera como la identidad personal colisiona con la política es el tema de la actualísima novela Los desterrados de Kamila Shamsie. Ambientada entre Karachi, Londres y la ciudad estadounidense de Amherst, la quinta obra de la autora británica de ascendencia pakistaní —y única hasta ahora traducida la castellano— muestra el destino de una familia inglesa de religión musulmana confrontada con los dos grandes “-ismos” del mundo contemporáneo: el terrorismo y el nacionalismo. De los Pasha solo sobreviven los hijos: Isma y sus hermanos, los gemelos Aneeka y Parvaiz. Su madre murió cuando la mayor terminó la universidad y los otros tenían doce años. Crecieron sin padre: Adul Pasha murió cautivo en Guantánamo, acusado de crímenes de guerra.

La novela comienza cuando después de criar a sus hermanos, Isma por fin puede viajar a Massachusetts para hacer un doctorado de Sociología en la Universidad de Amhers. El momento no es el más indicado: su hermano Parvaiz ha decidido unirse al Estado Islámico. Ese, sin embargo, no es el detonante de la tragedia. Todo viene a complicarlo la amistad que Isma entabla con Eamonn, un atractivo musulmán británico y el privilegiado hijo del ambicioso Karamat Lone. El padre es político descendiente de pakistaníes cuyo más caro sueño es llegar a la más alta magistratura de su país: “Reino Unido había reducido los poderes de la monarquía, había acordado abandonar su Imperio, había instituido el sufragio universal; allí vería al nieto del colonizado ocupar su lugar como primer ministro”. La familia Lone no puede ser más diferente de la Pasha: solo los equipara, y de forma parcial, la marca indeleble dejada por cada padre en la fibra identitaria de los suyos, para bien o para mal.

“Reino Unido había reducido los poderes de la monarquía, había acordado abandonar su Imperio, había instituido el sufragio universal; allí vería al nieto del colonizado ocupar su lugar como primer ministro”

Un complejo plan para salvar a Parvaiz de la influencia de los yihadistas es el motivo que mueve todas las acciones de su hermana Aneeka, personaje cuya desobediencia, en contraste con la magnanimidad de Isma, revela la injusticia del mundo contemporáneo. Por otro lado, el entrecruzamiento de los destinos de los Pasha y los Lone evidencian la precaria situación de las minorías musulmanas que habitan el Reino Unido y que puede extrapolarse a otros países europeos. El título de la novela, Los desterrados, se refiere a los colectivos siempre a punto de perder su nacionalidad cada vez que ocurre un atentado terrorista y se necesita enchivo expiatorio. “Los terroristas del 7 de julio nunca fueron descritos por los medios de comunicación como ‘terroristas británicos’. Aún cuando la palabra británico efectivamente fue empleada, siempre se hizo en expresiones como ‘británico de ascendencia pakistaní’ o, mi favorita, ‘portadores de pasaporte británico’, interponiendo siempre otra cosa entre su britanidad y el terrorismo”, explica Isma refiriéndose a los sucesos del año 2005, cuando cuatro explosiones paralizaron el sistema de transporte público de Londres y mataron a 56 personas.

“Aún cuando la palabra británico efectivamente fue empleada, siempre se hizo en expresiones como ‘británico de ascendencia pakistaní’ o, mi favorita, ‘portadores de pasaporte británico’, interponiendo siempre otra cosa entre su britanidad y el terrorismo”

Vista a través de una alegoría de la tragedia clásica de Sófocles Antígona, el problema tratado en la novela ganadora del Women’s Prize for Fiction (2018) y finalista para el Man Booker Prize (2017) es la consideración sobre la justicia de las leyes hechas a la medida de los temores y no de las personas. Por eso, las palabras pronunciadas por Aneeka frente a los restos de su hermano sirven de epílogo a un drama dolorosamente presente: “En los relatos sobre malvados tiranos, se castiga con el exilio a hombres y mujeres, se quitan los cadáveres a sus familias, se los empala, se arrojan sus cuerpos en tumbas anónimas. Todas estas cosas ocurren de acuerdo con la ley, pero no de acuerdo con la justicia”. Porque las épocas pasan, pero las arbitrariedades siguen siendo las mismas.

 

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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