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¿Cómo comenzó Juan Villoro a escribir?

Sus casi dos metros de estatura, su barba poblada, su manera rauda de moverse por los lugares y sus grandes manos no delatan el profundo deseo que tiene Juan Villoro de ser un niño otra vez. El autor de El testigo, la novela ganadora del Premio Herralde en 2004 dice que no tuvo una buena infancia y le gusta pensar que a través del juego de la literatura tiene la oportunidad de vivir una segunda niñez. “Creo que el gesto de escribir, como el de jugar o aficionarse a un deporte intentan aprisionar la infancia; o buscar otra, porque cuando decimos ‘la infancia’ generalmente le damos un tinte muy positivo y la infancia puede ser muy dolorosa, cruel y conflictiva», dice el autor de la colección de ensayos sobre literatura De eso se trata (Anagrama, 2008). Villoro cita a grandes autores con la facilidad con la que uno recuerda anécdotas familiares. Dice que Charles Baudelaire decía que tenemos de genios lo que conservamos de niños: “No creo tener nada de genio, pero sí me afano por tener algo de niño. Antoine de Saint-Exupéry le dedica El principito a un amigo y recuerda que todos los hombres alguna vez han sido niños, aunque la mayor parte de ellos lo ha olvidado; le dedica el libro no al amigo adulto sino al niño que él fue, recordando que ese niño todavía existe dentro de su amigo adulto”. Agrega que una de las grandes ventajas de la literatura es recordar lo que aun queda de la infancia en cada quien.

 

Comenzó a leer De Perfil.

Cada vez que se lo preguntan, Villoro señala que la novela De perfil (1966) de su compatriota José Agustín fue el primer libro que le emocionó profundamente. Aunque cueste creerlo a quien sepa de su erudición para la vida privada y pública de los autores, comenzó a leer a los 15 años de edad: “No tuve una infancia con libros. Aunque mis padres son universitarios no me daban libros para niños, ni me los leían. Es curioso, porque mi padre por necesidad económica tradujo El principito y no lo teníamos en la casa”. En esa época ni en su casa ni en el resto de México había una cultura de fomentar la lectura en los niños. Por eso fue instantánea su fascinación con la prosa de Agustín y su identificación con aquello que narraba: la novela transcurre en las vacaciones antes de bachillerato y Villoro lo leyó en el mismo período veraniego de decisión. Los padres del protagonista se estaban divorciando y los del autor de Los culpables ya lo habían hecho; además el muchacho vivía en una urbanización muy parecida a la donde habitaba el mismo Villoro. “Era como si me mirara en un espejo. Creo que el mejor lector que puede haber jamás es el que nunca ha leído por gusto y de pronto descubre el placer en el camino. El que entiende por primera vez que la lectura, algo que era importante, respetable, necesario o inevitable, se convierte en una forma de la felicidad”, argumenta. Viloro está convencido que la novela lo buscó a él: “Los libros no quieren ser leídos por cualquier persona, quieren ser leídos por las mejores personas, por eso buscan a los mejores lectores”, escribe en su obra para niños El libro salvaje. Allí cuenta cómo Juan, ante la separación de sus padres, pasa las vacaciones de verano con su tío Tito, que vive en una casa con una biblioteca enorme, y se entrega a la aventura de domar un “libro salvaje» que no se deja leer.

«Leí un libro por gusto y me convertí en el autor más inculto de la literatura latinoamericana porque ya quería escribir uno»

Desde los 15 años de edad, Villoro leyó con tesón y desorden y luego hizo un taller de cuentos con el ecuatoriano Miguel Donoso Pareja y pronto se encontró una “cofradía de locos” que deseaban lo mismo que él: leer libros. Y escribirlos, porque para Villoro escribir y leer se habían convertido en el mismo ejercicio intelectual. “Como lector me tardé en llegar, pero como autor de inmediato sentí que leer y escribir eran la misma cosa, porque este libro de José Agustín estaba muy próximo a mi experiencia. En mí, el hecho de leer fue muy tardío, pero el de escribir muy precoz. Leí un libro por gusto y me convertí en el autor más inculto de la literatura latinoamericana porque ya quería escribir un libro”, señala risueño el autor de Llamadas de Ámsterdam. Su vida, que hasta los 15 años le había parecido absurda y sin importancia se transformó por la lectura. Villoro, que tenía una visión muy devaluada de lo que había vivido, de pronto descubrió que todos esos problemas no sólo podían ser más significativos, sino que incluso se podían escribir: así empezó a narrar.

Y, por suerte para sus lectores, no ha parado.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

Las declaraciones de Juan Villoro utilizadas aquí pertenecen a varias entrevistas hechas entre 2009 y el presente a lo largo de varios viajes a la FIL Guadalajara y a México. También se toman pensamientos suyos de los ensayos personales contenidos en sus libros.

 

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