José Balza,10-03-2008, Caracas

José Balza: «Aunque parezca dirigida al presente, la literatura sólo existe en el futuro»

Narrador y ensayista de amplia trayectoria, José Balza ha sido una presencia constante y fundamental en la literatura venezolana desde la época de las vanguardias. Una prueba reciente de esto es la reedición en e-book de su novela del año 1962, Largo. Allí la trama resulta de la conjunción entre las apreciaciones personales de un joven enamoradizo y la lucha guerrillera, el interior contra el exterior, dicotomía que crea una atmósfera que va desde las profundidades de la emotividad hasta las cimas del refinamiento.

“La naturaleza está constituida por vegetaciones, agua, seres. Para la literatura la naturaleza son los libros. Que estos tengan cuerpo de papel o virtual, es lo mismo para la escritura, sobre todo si puedes trasladarla de un sitio a otro, hasta de un continente a otro”, explica Balza sobre la oportunidad que le abre la edición digital de su obra. Añade que esta noticia coincide con la impresión en la revista madrileña Cuadernos hispanoamericanos de un dossier dedicado a su trabajo. Pero la proyección de su obra no acaba allí. También se publicó este año en su país Trampas, un libro de “ejercicios” narrativos y Ensayos simultáneos, que apareció en México. En 2015 vio luz una faceta menos conocida de su obra: sus incursiones en la crítica musical, Ensayo y sonido. Y en 2017 tocará a las artes plásticas.

La apuesta de la editorial digital española Musa a las 9 es uno de los muchos reconocimientos que ha recibido el autor nacido en el Delta del Orinoco en 1939. Desde 2013, Balza ocupa la letra “M” de la Academia Venezolana de la Lengua. Uno de los homenajes más importantes lo recibió en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en el 2011, donde Adolfo Castañón, Silvia Eugenia Castillero y Hernán Lara Zavala se reunieron en torno a su obra, a la cual calificaron de “elegante y oceánica”. Un año después, en el marco del congreso El Canon del Boom, organizado por la Cátedra Vargas Llosa, el autor de La casa verde lo contó entre los autores del boom que han pasado desapercibidos. Y así se abrió una puerta para la mayor proyección de una tradición literaria casi desconocida en Hispanoamérica, la venezolana.

– ¿Qué perspectiva le añade a la lectura de Largo los 48 años transcurridos entre su primera publicación y esta?

– Quizá no le añada sino que le reste: desnuda lo secundario y, aunque el texto sea el mismo, deja ante el lector un mundo sintético. Siempre sospeché que aunque parezca dirigida al presente, la literatura solo existe en el futuro. Se engaña el autor cuando cree que al redactar está tocando lo inmediato. Claro que esto es cierto, pero en una mínima porción –cuando está creando, cuando alguien  compra el libro o alguien lo reseña. Todo lo demás, con la literatura, ocurre en el futuro. Prueba mortal que desvanece a tantos libros. Nunca leí un relato de Platon, un poema de Donne o de Gracilaso, algún Montaigne, sin sentir que su único interlocutor era yo. He leído para asombrarme al re/conocer así emociones, pensamientos, vida. Esa frescura siempre naciente de la literatura, creo que descansa en la colocación de sílabas y palabras, en su sentido siempre apto para lo novedoso.

“Para la literatura la naturaleza son los libros. Que estos tengan cuerpo de papel o virtual, es lo mismo para la escritura, sobre todo si puedes trasladarla de un sitio a otro, hasta de un continente a otro”

– ¿De qué manera Largo, apenas su segunda novela, determinó el resto de sus “ejercicios” en la narración?

– El estilo precede al autor; es una manera de pensar y hablar, por lo tanto, de escribir. Esa corriente expresiva, me parece, va a confrontarse, compararse y adaptarse a la del habla en personas próximas o determinantes (familiares, amigos, maestros) y, sin duda, a la de escritores predilectos o que te disgustan. En mi caso, nací rodeado de músicos naturales (abuelo, tíos, mi hermano: cuatro, violín, guitarra, acordeón: todo en el Delta remoto) y de idiomas (el Warao indígena, el inglés de Trinidad, nuestro español variante). Tal vez desde todo eso haya emergido mi tono, del cual no me siento responsable.

– Julio Miranda decía que un protagonista central de las letras venezolanas era el observador de la realidad desde el ensueño, un poco como el protagonista de Largo ¿Cómo ha visto este personaje reflejado en la narrativa venezolana o en su propia obra?

– Permíteme disentir del admirado Miranda. Hemos tenido poco insomnio y poco ensueño. Nuestra literatura se apega todavía en exceso al realismo. Lo que ocurre es que nuestras realidades son tan extremadas (pobreza, injusticia, sexualidad, poder, riquezas), que al mostrarlas, los escritores terminan por parecer soñadores o pesadillescos. Este afán anecdótico se mantiene hasta hoy, especialmente con los gobiernos chaveantes. En Largo intenté mostrar una conciencia ajena a lo que la cotidianidad nos impone (política, amor, etc): tanto que su desnudez puede llevar al suicidio. Todos hemos sentido o abordado ese límite, aun dentro de los actos más simples, pero retrocedemos y nos dedicamos a otra cosa.

Michelle Roche Rodríguez

@michiroche

Foto: Silda Cordoliani

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