Helen Garner (Ponch Hawkes)

Las Historias reales de Helen Garner: un decir para conversar con otros

Mirecea Cartarescu, en Solenoide (2010), evoca la imagen de un diario en el que albergaba las consideraciones más reales de su vida: una fotografía, un diente de le leche, recuerdos de su antigua esposa. Eran estas entradas las que ejercían una protección frente a las mujeres que asaltaban su realidad con experiencias atrayentes, las cuales tenían que ser dirimidas con una suerte de muralla. En esos diarios habitaba una cierta verdad y no una ficción, porque allí estaba la vida en su contenido fundamental, acaso verosímil, acaso insoportable.

Sea preciso, entonces, dialogar con Helen Garner (1942), escritora australiana, quien no solo ha practicado la novela como experiencia literaria, sino, también, el cuento y el periodismo. Este último como aventura y felicidad de la escritura, en tanto más cercano a los hechos, nítido como un lente que observa la realidad, ha sido el pretexto para que las palabras sean la memoria de otras vidas. Cuando el vivir se disgrega y se fragmenta, es ahí donde aparecen las palabras para señalar otro camino, tal vez otros vértices. Cartarescu atina, en este punto, al considerar que esos diarios, que esas historias contaban una realidad donde se conjugaba el noble misterio de estar vivo en un tiempo histórico a ratos lóbrego, a ratos asombroso.

Historias reales, en la traducción de Cruz Rodríguez Juiz que publica Libros del Asteroide, es un punto de llegada en una prolífica obra narrativa. En Monkey Grip o Honour & Other People´s Children, Garner desglosa una apuesta vital por la literatura en tanto diálogo consigo misma a partir de la ficción. Sin embargo, es en Historias reales donde su rol como escritora, en las vertientes del periodismo, recobra otros sentidos, tal vez, otras responsabilidades con las palabras. Escribe Garner que “El periodismo […] te saca de casa: literalmente, pero también en el sentido de que te expulsa de tu situación personal e inmediata y te empuja al contacto directo con desconocidos”. Alude esta afirmación, también, con ese certero texto de Elias Canetti sobre la profesión del escritor, donde menciona que es una experiencia que tiene lugar con todo tipo de seres humanos, especialmente con los que han recibido menos atención, esos que han sido empujados a las orillas del mundo por los sistemas dominantes.

Ese estar en contacto con la carnalidad de la vida, con esas formas de la existencia en que lo real cobra, a veces, la forma tangible del amor, la desdicha, la perplejidad, es el territorio donde palpitan esas historias que relata Garner. Historias reales la componen cuatro partes. En cada una hay un peso narrativo específico: lo que se cuenta según su mirada; perspectivas, a ratos en la línea de la crónica, sobre la vida íntima de otros; aconteceres singulares, yuxtapuestos en una visión crítica sobre la realidad; relatos que vuelven a pasar por las manos de la escritora, como un acto donde los hechos son tomados como polifonías donde voces múltiples se entretejen con una cierta noción del estar vivo.

“El periodismo […] te saca de casa: literalmente, pero también en el sentido de que te expulsa de tu situación personal e inmediata y te empuja al contacto directo con desconocidos”

Garner invita a una lectura del mundo que no se torna agobiante por ser feliz, tenue o acomodada. Más bien, participa del diálogo con la vida, intentando capturar las voces de personajes que la transitan sin otra excepcionalidad que la de ser ellos mismos. La misma autora hace parte de esos personajes que flotan en la realidad, con sus penas, sus miserias cotidianas, con sus migajas de soledad y con el apremio de que la felicidad es a la vez un logro y una derrota.

Ahí está la profesora, el señor Tiarapu, un álbum de fotografías, un artista entre los bullicios y las palabras, la muerte, la soledad, un viaje a Nueva York. ¿Qué puede hacer el lector frente a estas historias reales? Dejarse decir por una escritora que no busca acomodamientos, sino que intenta socavar en la memoria para abrir puertas hacia otras estancias de la vida. Acá, el periodista se reviste, se metamorfosea con las cosas. Hacer parte de lo que se cuenta es un decir que linda con lo cercano más no con lo intimista. Cercano, porque habla con la exterioridad, porque ingenia un modo del salirse de sí para hablar, estar y permanecer con otros.

 

Wilson Pérez Uribe (@WilsonP_U). Escribe poesía y ensayo. Algunos de sus poemas y ensayos han sido publicados en Colombia, España y México en revistas como La TaguaAurora BorealSuma CulturalOtro PáramoPeriódico de poesía UNAM, Literariedad, Desván y Cronopio, periodismo cultural, entre otros. entre sus poemarios destacan El amor y la eterna sinfonía del mar (Hombre Nuevo Editores, 2011) y  Movimientos (Universidad de Antioquia, 2018).

El retrato que encabeza este artículo es de Ponch Hawkes y lo tomamos de la página de la editorial de Helen Garner, Pan Macmillan Australia.

Tags:
0 shares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *