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Mercedes Monmany: El genocidio exterminó a quienes hubieran sido protagonistas de lo mejor del pensamiento del siglo XX

La noción del genocidio literario es el núcleo del libro Ya sabes que volveré. Tres grandes escritoras en Auschwitz: Irène Nemirovsky, Gertrud Kolmar y Etty Hillesum. Allí, Mercedes Monmany se propone demostrar a través del ejemplo de esas mujeres que insignes filósofos y autores de su época, así como también escritores en ciernes perecieron en ese enorme exterminio europeo del que aún no se conocen las consecuencias en su totalidad. Fueron talento que el futuro perdió para siempre. “No sabemos qué hubiera sido de los diccionarios de literatura si aquellos genios, aquellos talentos en ciernes, hubieran podido llegar a ser incluidos en la historia de la literatura”, reflexiona la crítica literaria nacida en Barcelona durante una conversación con Colofón Revista Literaria.

“En mi libro no hay un intento de reivindicación, pero sí un comportamiento que se repetía: los especialistas que trabajaban el tema que me interesaba (…) siempre hablan de las mismas personas cuando se refieren a las víctimas intelectuales del Holocausto”

Monmany es investigadora especializada en literatura europea contemporánea y entre los múltiples galardones que le han sido otorgados se encuentra la Medalla de Oro al Mérito de Serbia. Además, es Chevalier des Arts et des Lettres de la República Francesa y Cavaliere dell’Ordine della Stella d’Italia. En su libro Por las fronteras de Europa: Un viaje por la narrativa de los siglos XIX y XX analiza la creación literaria en todos los países y las lenguas que conformar la multiculturalidad del continente europeo. Allí tomó en cuenta las literaturas más conocidas como las escritas en lengua inglesa, francesa, alemana, portuguesa, italiana, rusa y holandesa; sin olvidar la turca, la nórdica o el mosaico centroeuropeo y de los Bacanes. Sin embargo, en ese extenso recorrido que la llevó a concretar aquella obra de 1472 páginas publicada en el año 2015 por Galaxia Gutenberg (el mismo sello de Ya sabes que volveré) había un enorme vacío: el que dejó el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Allí fallecieron artistas e intelectuales que no llegaron a desarrollar su talento, como la escritora de diarios Etty Hillesum o que vieron truncada una interesante carrera de éxitos, como la novelista Irène Nemirovsky. A ese vacío se unía el producido por los críticos literarios que cuando hablan de los intelectuales victimizados por el nazismo se refieren siempre a los mismos: el escritor italiano Primo Levy, el poeta rumano Paul Celan o el premio Nobel húngaro Imre Kertész. Rara vez se refieren a una mujer, a no ser Hannah Arendt, intelectual judía que no sufrió la experiencia de los campos de concentración por emigrar a tiempo a Estados Unidos. El ensayo de Monmany viene a enderezar ese entuerto.

—En la historia de la infamia que fue el Holocausto hubo algún horror específico al género femenino o a las mujeres escritoras?

—Nunca he tenido una reivindicación específicamente feminista, ni como crítica literaria ni como persona. Creo que los derechos humanos están especificados en la Declaración General de Derechos Humanos de la Unión Europea y todas las reivindicaciones de las mujeres están contenidas allí. En mi libro no hay un intento de reivindicación, pero sí un comportamiento que se repetía: los especialistas que trabajaban el tema que me interesaba, como el italiano Enzo Traverso, siempre hablan de las mismas personas cuando se refieren a las víctimas intelectuales del Holocausto. Eso me producía curiosidad. Desde adolescente me interesan los temas de la Segunda Guerra Mundial y sentí que un libro como este era un compromiso como lectora, como crítica literaria y como ser humano democrático: mostrar cómo se puede demonizar a una parte de la población, designándola como distinta, para luego eliminarla. Tomé como ejemplo simbólico a esas tres mujeres que murieron en el campo de Auschwitz porque ese lugar es uno que todo el mundo conoce como símbolo del horror y la perversión.

—¿Hay algo común en ellas que las distinga del resto de los intelectuales asesinados en los campos de exterminio?

—Hay algo emocionante sobre estas mujeres: a todas ellas les fue ofrecido, en algún momento, alguna escapatoria del horror. Etty Hillesum escoge quedarse para proteger a su hermano que estaba enfermo; Gertrud Kolmar es la única de su familia que se queda con su anciano padre hasta e último momento, por lo que corre la misma suerte que él, e Irène Némirovsky estaba obsesionada con poner a salvo a sus hijas. Era el sentido de la familia que tenían los judíos y, en especial, sus mujeres.

—En el libro también se refiere a la incapacidad de Némirovsky de juzgar con claridad su situación durante la guerra porque pensaba que ser una autora conocida iba a prevenirla de correr con la misma suerte de los otros judíos.

—A ella llegaron a acusarla de colaboracionista porque publicaba en revistas conocidas por su antisemitismo. Como Hillsum y Kolmar, ella era laica y estaba asimilada.

—¿A qué escritora le hubiera gustado añadir en el ensayo?

A Ida Fink; ella fue una escritora judía nacida en Polonia y que sobrevivió al Holocausto. Murió en 2011. Sus relatos son estremecedores; está al nivel de Primo Levy o de Imre Kertész. Pero yo había escogido hablar de las víctimas del Holocausto y del genocidio literario y por eso no entró en el libro. Un ensayo hablando solo de su obra me parece exagerado, aunque creo que su obra es fascinante; su perfección en lo formal la convierte en una Antón Chéjov femenina.

—¿Y sobre qué sí le interesa escribir ahora?

—Ya le anuncié a mis editores que estoy trabajando con un tema que desde hace años me obsesiona: la literatura de los perseguidos y los exiliados.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

El retrato que encabeza esta entrevista fuer tomado por Adrián Vázquez.

Si te gustó esta entrevista, te invitamos a que leas la reseña del libro Ya sabes que volveré. Además, seguro te interesará las que escribimos de: El libro tachado de Patricio Pron (ensayo) y Kanada de Juan Gómez Bárcena (novela).

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